domingo, 18 de enero de 2015

A confesión de parte …



El gobierno de la ciudad de Bahía Blanca ha distribuido un tríptico con consejos para la prevención del delito, iniciativa que mas que contribuir a mejorar las condiciones de seguridad constituyen una declaración de la propia ineptitud del estado para garantizar la seguridad de los ciudadanos.
Si bien como contribución al esclarecimiento de los problemas de seguridad el tríptico no aporta demasiado, si expresa claramente las falencias en materia de seguridad pública y la intensión de trasladar el problema a la gente (si alguien es víctima de un delito es por su culpa, nosotros le dijimos como evitarlo). El folleto contienen consejos que se dividen en cuatro temas: consejos para obtener mejor seguridad en el auto, en la calle, en la casa y en el trasporte público; analicemos cada uno de estos temas en base a los consejos que da.
Los consejos que se dan en el primer tema parten de cosas obvias como ser tener el coche en condiciones y con combustible suficiente (¿que tiene que ver eso con la seguridad?), luego reconoce que hay zonas donde el estado no puede garantizar la seguridad de quienes transitan por calles o rutas, ya que aconseja averiguar cuales son los caminos seguros, reconociendo implícitamente que existen parte de un territorio donde el esto no garantiza la seguridad de quienes viajan en un vehículo. Aconseja, después tener cuidado de quien se acerque al vehículo (esto me parece que es medio paranoico y no contribuye a llevar tranquilidad a la gente) y tener la llaves a mano para huir mas rápido en caso de detectar algún peligro (¿como sabe la persona que cosa o que personas pueden representar un riesgo?, insisto en que esto fomenta mas la paranoia, que la seguridad de las personas). El folleto aconseja evitar detenerse en la luz roja de un semáforo (de ahí a decir que pase en rojo si la zona no le gusta hay un paso). También aconseja no detenerse en cualquier lugar en caso de falla mecánica o pinchadura; como se hace esto no lo aclara, pero refuerza la idea de que uno puede ser victima de un delito en cualquier parte, ya que la garantía de seguridad no existe. Aconseja también, no tener objetos de valor a la vista y no dejarlos en el vehículo cuando desciende de este, algo mas que obvio, cuando yo era chico (en la década del 60) recuerdo que incluso la gente dejaba los vehículos con la llave puesta. El último consejo es no discutir no responder a provocaciones al circular, le falta solo decir: “hay cada loco por ahí”.
Los consejos que se dan para tener las seguridad al circular caminado por al calle mantienen la tendencia de fomentar la paranoia en las personas que se dirigen a sus quehaceres caminando. Recomienda no llevar objetos de valor expuestos al arrebato de delincuentes que circulan en moto, reconociendo que policías y agentes de tránsito no son capaces de detectarlos o de perseguirlos y detenerlos, a pesar del masivo nombramiento de agentes de tránsito y la incorporación de nuevos policías. Aconseja circular por calles transitadas e iluminadas, reconociendo que el ABL que pagamos no alcanza para iluminar calles y que si la gente no transita por una calle esta se vuelve insegura (aquí aplica nuevamente lo de falta de presencia policial para garantizar la seguridad). Advierte también sobre la presencia de estafadores en la vía pública sin que sean detectados por cámaras de seguridad, policías o personal de la guardia urbana. Otros consejos también contribuyen a que la gente se sienta “perseguida”, y camine pensado que alguien pueda robarle y asaltarlo.
Sobre la seguridad en la casa, el folleto reitera todas las obviedades existentes pero no señala dos elementos que debería aconsejar: el primero es instalar un pasador de puerta, de modo que cuando se abre la puerta esta queda trabaja y si intentan forzar la entrada no podrán (esto es recomendable para gente mayor) y el segundo es instalar una alarma con aviso a celular y botón de pánico , que avisa en el momento ante una intrusión en el domicilio. Además, la mayoría de las “triquiñuelas” sugeridas en el folleto son demasiado conocidas por los delincuentes. En el caso de asaltos en el momento de entrada y salida de la casa, este se da por falta de vigilancia policial y de condiciones ambientales como iluminación, obstáculos que facilitan a un delincuente esconderse y otros elementos no controlados por la municipalidad. Por último aconseja recurrir a vecinos y amigos ¿la policía que papel juega? ¿no vigila y protege?
Sobre la seguridad en el transporte público, reconoce que no hay vigilancia policial en las paradas, que el colectivo es un ámbito propicio para ser victima de un robo (mas que fomentar el uso del trasporte público, parecería desalentarlo), también reconoce que las paradas no brindan ciertos elementos mínimos que la municipalidad debería garantizar con es el alumbrado y las condiciones de de seguridad de una parada de trasporte público.
En resumen, el folleto pone en evidencia que cosas no se hacen para garantizar la seguridad de las personas, y lo que es mas grave, pretende que sean los ciudadanos quienes se hagan cargo de su seguridad, obligación que tiene el estado y que el folleto pone en evidencia que no cumple.





domingo, 11 de enero de 2015

Terrorismo, Religión, Política y Negocios



Uno duda en escribir un análisis crítico cuando hechos trágicos han sensibilizado a la gente, sería como hacer una crítica a la intervención norteamericana en medio oriente después del atentado a las torres gemelas. Pero si queremos ser honestos debemos expresar nuestra opinión aunque moleste o sea inoportuno, sino caeríamos en una deshonestidad intelectual cercana a la hipocresía. En mi caso terminaba de redactar una artículo sobre la violencia, cuando ocurrió el atentado terrorista en París contra un grupo de periodistas.
El primer hecho a señalar es que la vida es lo mas importante, ya sea por cuestiones religiosas, morales o éticas; y cualquier hecho que cercene una vida es condenable, ya sea producto de un acto terrorista, de una guerra o del abandono de una persona. Pero cada muerte violenta, como consecuencia de un acto irracional ocurre en un contexto, que nos permite explicar el porqué, nos guste o no. Como señalé en mi anterior artículo, existe la violencia producto de un conflicto, donde quienes se enfrentan adoptan posturas a favor o en contra. Los grupos terroristas actúan planteando un conflicto que pretenden resolver por la eliminación de su opositor. Aquí es donde el contexto del atentado de París adquiere una dimensión relevante, los grupos terroristas adoptan como razón del conflicto el fundamentalismo religioso, justificándose en parte por el accionar de los países occidentales en la región de medio oriente.
Es importante este punto porque marca la diferencia con otros grupos terroristas que existen o existieron. En primer lugar este terrorismo, no reclama territorio, no invoca ninguna reivindicación política, social o económica (aunque estas existen, no forman parte de su doctrina), solo invoca un motivo religioso interpretado de modo parcial e irracional. Lo que origina y define la fundamentación del conflicto, es el motivo religioso y pretende abarcar a todo el Islam como parte del conflicto, así como el terrorismo que se fundamenta en reivindicaciones territoriales pretende abarcar a todo el territorio (la ETA es un ejemplo de esto). La diferencia es que el conflicto religioso no reconoce fronteras, así un enfrentamiento en una cueva de Afganistán, un atentado en un bazar de Iraq, un secuestro en África o el asesinato de periodistas en París, son parte de la misma forma violenta de llevar a cabo el conflicto; y prefiero no usar la palabra “guerra”, ya que esta supone una serie de consideraciones sobre la forma de su desarrollo que no se aplican en estos casos.
En segundo lugar, existe en todo grupo terrorista, la necesidad de justificarse e incorporar a quienes se mantienen al margen del conflicto, y aquí nuevamente existe una diferencia con otras formas de terrorismo dado que la naturaleza de la reivindicación que se plantea en el conflicto limita la incorporación de los que no intervienen, como ocurre en la reivindicación territorial (nadie imaginaría a un filipino adhiriendo a la ETA). Cualquiera puede convertirse al Islam, y por lo tanto nadie quedaría excluido. Lo mismo ocurre con su justificación, el hambre de un niño perteneciente a un grupo islamita africano es un motivo, la muerte de un inocente árabe por el ataque de un dron, las condiciones sociales de inmigrantes árabes en Europa, las intervenciones armadas en países de Medio Oriente (mas que nada por motivos económicos), y el reguero de pequeñas acciones de exclusión, racismo y desprecio que sufren personas que están vinculadas al Islam. Aquí podemos extendernos en dos aspectos: la reacción buscada y la causa del acto terrorista; ya que ambos se vinculan a su justificación. En cuanto a la reacción buscada puede ilustrarnos el libro de Fanon, “Los condenados de la Tierra”, donde plantea que la reacción a un acto de provocación generará la adhesión de quienes sufran dicha reacción injustamente (así los árabes atacados por grupos de extrema derecha en Francia, como respuesta a los atentados de París, se acerarían a los grupos fundamentalistas). También debe diferenciarse esto con la teoría el foco, ya que no se busca desencadenar un conflicto latente, sino ampliar un conflicto reducido. La causa del acto terrorista puede relacionarse con la anterior, ya que se busca generar una reacción desmedida o amedrentar a quienes pueden, potencialmente, generar una amenaza real o supuesta.
La tercer gran diferencia es la persona (el terrorista). Quien se incorpora a un grupo de este tipo mantiene una supuesta “racionalidad” sostenida por la interpretación de un conflicto y la reivindicación pretendida, eso mismo limita, en la mayoría de los casos, a quienes se incorporan. Pero, como señalamos, a naturaleza religiosa del conflicto solo limita quienes no están convertidos al Islam, y dado que cualquiera puede convertirse, nadie queda excluido. En cualquier otro grupo terrorista, el sacrificio de la propia vida suele ser una límite que la mayoría no cruza. En este conflicto, el terrorista acepta la propia inmolación como parte de su proceso de “conversión”, esto deja fuera de previsión muchas conductas racionales en los actos que estos terroristas cometan.
Se plantea así, un escenario donde pueden multiplicarse los actos terroristas, que pueden ser llevados a cabo por cualquier tipo de persona (algunas decapitaciones las realizaron ingleses de clase media convertidos al funamentalismo islámico), pretendiendo el amedrentamiento de algunos sectores (sobre todo intelectuales, humanistas, o religiosos que son quienes mas riesgo representan para sus posiciones radicales) y buscando reacciones que los justifiquen y generen adhesiones. También deberá tenerse presente que cualquier lugar del mundo podrá ser el escenario de una acto terrorista de este tipo.
El problema de este conflicto, e insisto nuevamente en no llamarlo “guerra”, ya que si así lo hiciera sería una victoria que pretende este fundamentalismo al reconocerse su status de combatiente; está en la dificultad que hallar una solución, ya que está en la propia naturaleza de un orden político y económico mundial que deshumaniza a las personas, profundiza las desigualdades, recurriendo a cualquier método para mantener un “status quo” donde el 20% de la población mundial consume el 50% de los recursos existentes. A ello contribuye la intransigencia de sectores religiosos que justifican reacciones desmedidas basadas en la intolerancia a creencias distintas.
A pesar de todo esto, la única solución posible al conflicto debe darse en un marco de tolerancia religiosa y respeto por los derechos humanos, sino solo justificaremos nuevos y peores conflictos.



jueves, 8 de enero de 2015

La Violencia en la Argentina de hoy



La violencia siempre existió en Argentina, hasta se podría decir que es fundacional. Existen pocos hechos históricos no relacionados con la violencia, la violencia ejercida en la conquista, la violencia del control virreynal y la violencia de las reacciones libertarias, la violencia de las guerras de la independencia, la violencia de las guerras civiles, la violencia en al imposición del orden constitucional y las violencias surgidas por las alteraciones e intentos de alterar el orden constitucional. Se creyó que el terrorismo de estado instaurado en el último golpe militar de 1976 era la peor expresión de la violencia que había ocurrido en el país.
Creo que estas formas de violencia nada tienen que ver con la actual forma de la violencia que existe en nuestra sociedad. Las anteriores formas de violencia eran focalizadas y causales, era la violencia de un grupo, partido o sector social que se enfrentaba con otro, había una sola causa que desataba la violencia y los grupos que ejercían la violencia se identificaban con distintas posiciones. La violencia era explicable, las causas (justas o no) obedecían a conflictos que desembocaban en actos violentos (atentados, guerras, represión, etc.), los protagonistas asumían una posición frente al conflicto y tanto victimas como victimarios se restringían a los bandos en conflicto (salvo ocasionales “daños colaterales”).
La actual forma de la violencia está instalada en distintos sectores sociales y no responden a las anteriores formas de violencia. Entre estas nuevas formas de violencia, la asociada al delito es la que recibe mas atención en los medios y es descrita como “falta de códigos” (incluso por delincuentes tradicionales), donde el comportamiento pasivo de la victima no lo exime de ser golpeado, herido e incluso asesinado; la violencia de género es otra manifestación de la violencia instalada en forma transversal en la sociedad, puesta de manifiesto por la necesidad de crear comisarías de la mujer para enfrentar estas conductas que llegan al delito; la violencia en los espectáculos deportivos que llega a límites impensables en el supuesto colectivo de fanatismo deportivo, contradiciendo el mismo espíritu mafioso que se ha instalado en las “barras bravas” de los clubes de fútbol, donde la violencia se ejerce como forma de ejercer u obtener el control, y no de agresión injustificada; la violencia en grupos adolescentes expresada por peleas frente a locales de diversión, “bulling” en redes sociales, adhesión a grupos que utilizan la violencia como forma de expresión, etc.; la violencia en las relaciones interpersonales expresada en el aumento de delitos entre particulares (agresión, lesiones e incluso homicidio), por causas de disputas menores como problemas de tránsito, disputas vecinales, disputas amorosas, etc.; podríamos señalar otras de menor impacto mediático, pero como muestra sobran estos botones.
Aparte de la dimensión delictiva de la violencia, existen formas de convivencia que se tornaron violentas sin llegar a niveles de repercusión mediática salvo casos muy puntuales. Entre estas formas de relaciones violentas podemos citar las conductas empresariales respecto al empleo, donde se despide a un empleado con una causa supuestamente justa a los efectos que reclame judicialmente para negociar mejor su indemnización, los concursos con candidatos previamente seleccionados que solo justifican una decisión tomada y son apelados, recusados o cuestionados, los exámenes con objeto de seleccionar determinados perfiles de personas (un colegio privado tomando un examen a un chico con vestimenta “dark” o “punk”, es el mejor ejemplo), las colas a que se someten a los afiliados de PAMI para que se les receten los medicamentos que necesitan, los controles abusivos de funcionarios públicos que mas de una vez solo justifican el pedido de coima, la burocracia de organismos de asistencia social que condiciona la ayuda a personas con necesidades urgentes al cumplimiento de trámites casi absurdos, y así se podría seguir con innumerables ejemplos.
Debería esclarecerse el origen de esta espiral de violencia cotidiana que atraviesa la sociedad argentina, ya que una sociedad que ha logrado vivir mas de 30 años en democracia por primera ves en su historia reciente debería haber desarrollado hábitos de convivencia que redujeran la violencia como forma de resolución de sus conflictos.
Una primera aproximación es buscar en la conducta del actor social responsable de establecer mecanismos de regulación social hechos u omisiones que exacerben conductas violentas y que no se establezcan mecanismos de regulación individual y colectivas de conflictos que se encausen en conductas violentas. Para ello debemos analizar el rol de uno de los poderes fundamentales del estado: el poder de policía. Este no es el poder de represión, sino es el instrumento de regulación de los conflictos sociales, es el uso de la autoridad (no el autoritarismo) delegada por la sociedad para su propia defensa. Así, la legítima fuerza (no la violencia) actúa como elemento disuasorio del no acatamiento del orden social establecido. Por supuesto que el uso de la fuerza implica racionalidad y adecuación a las circunstancias, ya que el uso de la fuerza en forma irracional es violencia no justificada, como se da en los casos de “gatillo fácil”. También es necesario que exista un orden social establecido legítimamente, ya que las dictaduras también establecen un orden social claramente ilegítimo. El orden social debe también ser justo, pues el uso de la fuerza como forma de represión de reclamos sociales y laborales desvirtúa a las instituciones policiales que actúan en defensa de intereses sectoriales y no como garantes del orden social. Así surge como principal responsable político: el estado que, por acciones contradictorias u omisiones en la generación de regulaciones sociales, está ausente en la regulación de la conducta de sus ciudadanos.