sábado, 13 de abril de 2013

Democracia, reglas de juego y crisis de poder (Nota 1)



Los proyectos de ley presentados por el FPV en el congreso ¿Qué representan? Las opiniones se dividen entre considerarlas una democratización del poder judicial, y un avance de un poder sobre otro; pero en esencia ¿las relaciones de poder institucionales son la expresión de del contexto histórico, social, económico y político o un marco desde donde se regula en funcionamiento de una sociedad?
Esta última pregunta me parece más interesante de responder en la marco de una construcción ideológica de la política, pues la primer pregunta solo tiene carácter coyuntural, cualquiera sea su trascendencia. Los recientes proyectos de ley representan un intento de cambio de las relaciones de los poderes institucionales, que puede establecerse, cambiarse o anularse ahora, o en años futuros; pero los principios a que estos obedecen son la raíz de una dinámica histórica que imperó en nuestro país desde la organización nacional.
No cabe duda que el marco de referencia fundacional de las relaciones de poder institucional fundamentales (Poder Ejecutivo, Legislativo y Judicial) es la Constitución, la cual admite que puede ser cambiada y de este modo reformular la relaciones de poder existentes en cualquier momento. La condición es el acuerdo mayoritario de las representaciones políticas de la ciudadanía, por lo tanto la Constitución no impide que se alteren las relaciones de poder, sino que fija como se debe proceder para cambiarlas.
Partiendo de la premisa que la ley fundacional fija las relaciones de poder y como deben cambiarse, tenemos que analizar el rol que cumplen las instituciones en el proceso histórico y que actores son necesarios para ello. En este análisis de actores necesarios, surgen los partidos políticos, como representantes de las ideas e intereses de la sociedad, los cuales son los intermediarios imprescindibles, ya que según la propia Constitución, “el pueblo no gobierna ni delibera sino a través de sus representantes”. Estas facultades delegadas a los partidos políticos se refieren al poder ejecutivo (gobierna) y al poder legislativo (delibera), pero nada dice del poder judicial. Por lo tanto la independencia del poder judicial no incluye ni excluye a los partidos políticos, dejando una zona gris por donde el proceso de designación y destitución por parte del consejo de la magistratura, de miembros del poder judicial permite la participación de los partidos políticos.
Estos elementos formales no aclaran la evolución histórica de las relaciones de poder institucional. El poder ejecutivo lo ejerce en forma temporal un partido político que desarrolla su acción de gobierno bajo dos controles: el control del interés general representado por el poder legislativo y el control de los acuerdos de poder preexistentes expresados por el poder judicial. Así el poder judicial representa una tendencia  conservadora frente a la tendencia progresista que debería tener el poder ejecutivo, siendo el rol del poder legislativo la regulación de estas tendencias.
Estos supuestos configuran lo que llamamos “la vida republicana”, que en esencia es el desarrollo sin alteraciones de las relaciones de poder institucional. Por lo tanto, las alteraciones suponen desequilibrios en las relaciones de poder existentes, esto sucede cuando el devenir del proceso histórico requiere avanzar sobre el “status quo” que obstaculiza un cambio hacia una nueva relación de poderes equilibrada, si este nuevo equilibrio genera mediante una adecuación consensuada, los cambios se llevan mediante los mecanismos previstos por la propia constitución. Si en cambio, la alteración de las relaciones de poder surge por una facción que no cuenta con el consenso necesario, forzosamente debe romperse el orden constitucional.
Surge así un nuevo actor, la facción, o grupo de poder que ejerce alguna representación de los poderes políticos, económicos o sociales (el religioso, si bien no debiera ser considerado, interviene por razones históricas, como parte de la expresión social), tengan estos representación institucional o no. La facción para poder provocar una alteración en las relaciones de poder institucional debe asumir unilateralmente, mediante la ruptura de del orden constitucional, el rol de decisor de la nueva relación de poder. Así, los golpes militares asumieron los roles de poder ejecutivo, legislativo e incluso judicial (el forma no directa, pero si indirecta) mediante el uso de la fuerza en representación de facciones económicas y sociales (como fueron en 1956 los grupos agroexportadores,  los representantes de corporaciones extranjeras, una burguesía medio alta y sectores religiosos). El quiebre institucional de 1989 (entrega anticipada de la representación del poder ejecutivo) mediante una crisis generada por una facción económica y otra política.
En 2001 se planteó la falta de representación de quienes integraban los partidos políticos, esa crisis, fue expresada por amplios sectores sociales frente a la falta de solución a distintos problemas económico y de administración del estado, los gobiernos surgidos a partir de esa crisis solucionaron en parte los problemas, pero no se solucionó la causa que los generaba, principalmente porque los representantes de los partidos políticos siguen siendo los mismos que generaron la crisis de 2001. La raíz de la crisis económica y social de 2001, sigue presente y la actual crisis institucional que algunos plantean por el intento de cambiar las relaciones de poder existentes, es solo la manifestación de la necesidad de una facción de contar con más poder para responder a los requerimientos de la evolución histórica de una crisis económica y social.              

jueves, 4 de abril de 2013

La verdadera seguridad es “ex ante”





Cuando se habla de la seguridad en su amplio sentido, la dimensión de la prevención de catástrofes es un área de bajo impacto inmediato, a la que suele asignarse poca prioridad, y que, por sobre todo no da rédito político. El problema es cuando la catástrofe ocurre y la gente sufre las consecuencias de la faltad e previsión para mitigar los efectos de la catástrofe.
Algo debe dejarse bien establecido TODA CATÁSTROFE ES PREVISIBLE en cuanto a su dimensión y efecto, lo que varía es su probabilidad de ocurrencia y el momento en que esta ocurrirá. Los responsables de la seguridad pública dedican su tiempo a solucionar problemas de coyuntura y no dedican tiempo a prever las posibles contingencias y su dimensión. Solo esto explica la falta de una respuesta adecuada de las autoridades ante las recientes catástrofes ambientales ocurridas.
Se podría escribir muchísimas páginas sobre la evidencia de esta conducta, pero basta una lectura atenta a la crónica periodística para probar la falta de previsión y de planificación de una respuesta adecuada ante la ocurrencia de una catástrofe. En ese sentido se podría investigar que catástrofes están previstas en las distintas instancias de los organismos de Seguridad Pública, que dimensión se le asigna y que respuestas se prevén en cada caso.
Aunque sería muy fácil exponer y criticar las conductas actuales, creo que una contribución a la toma de conciencia es hacer una breve exposición de cómo se debería actuar en esta área de gobierno.
El primer paso es crear un órgano de emergencia ante catástrofes que nuclee a los principales actores que deben opinar e intervenir: representantes de las fuerzas políticas; de las instituciones gubernamentales y no gubernamentales que están involucradas en la prevención,  atención y consecuencias de una catástrofe;  expertos en las distintas áreas y redes de voluntarios.
El segundo paso es establecer las posibles catástrofes, su probabilidad de ocurrencia y las distintas dimensiones de los problemas que surjan en cada caso. Por ejemplo, en caso de un accidente de aviación, estimar la cantidad de afectados los tipos de lesiones que pueden presentar, los afectos concurrentes como afectación de instalaciones, transito, posible afectación de servicios públicos (en caso que el avión caiga sobre una sub estación de energía).
El tercer paso, a partir del mapa de posibilidades y sus consecuencias, se debe dimensionar la magnitud y características de los recursos que deben intervenir. En este caso lo que seguramente ocurra es que quede en evidencia la falta de recursos con que cuentan las instituciones públicas que deben intervenir en esos casos, por ello se debe coordinar con instituciones no gubernamentales, otras instancias de las instituciones públicas y redes de voluntarios.
El cuarto paso es establecer el plan de alistamiento y convocatoria ante la emergencia, realizar simulacros periódicos, comunicar adecuadamente y educar al resto de la población para que sepa cómo actuar.                
Creo que esta breve síntesis para recordarles a los responsables de la seguridad pública que debe hacerse es mejor que reprocharle aquello que no han hecho y que ha costado vidas, daños materiales excesivos y la desconfianza de la población. La seguridad no comienza cuando ocurre un hecho, comienza antes cuando se planifica como evitarlo o como minimizar daños y atender de la mejor forma posible a las víctimas.

lunes, 1 de abril de 2013

Que linda era la democracia cuando teníamos una dictadura





Esta frase parafrasea a la famosa “Que linda era la república cuando gobernaba el emperador”, pronunciada en Francia a finales del siglo XIX en oportunidad de la crisis económica que sufrió el capitalismo europeo en esa época (la actual es una de otras tantas que produjo el capitalismo).
Tanto se aplica a nuestro país que Alfonsín gana las elecciones de 1983 enarbolando la consigna “con democracia se come, se educa….”, lo que pasó después no desmerece el sentido de la democracia, ni justifica a la mentalidad retrógrada de quienes decían: “con los milicos estábamos mejor”, solo establece que se esperaba otra cosa de los gobiernos  democráticos. Lo mismo nos pasó a algunos peronistas con los gobiernos de Menem y de los Kirchner.
La democracia, para algunos peronistas como yo, supone una construcción de naturaleza vertical pero en sentido de abajo hacia arriba. No es que se niegue la historia propia del movimiento, sino que en las circunstancias históricas de su surgimiento y por la formación militar del propio Perón, la estructuración vertical de arriba hacia abajo era lógica en la conformación inicial de la organización política. Pero el golpe militar del 56 primero y la muerte de Perón después, dejo trunca la evolución hacia una organización vertical de abajo hacia arriba.       
       Este sentido de la organización supone que son las bases quienes eligen sus representantes sobre una base territorial, al contrario de la actual superestructura de nivel nacional que interviene en la elección (o produce la designación directa) de los representantes territoriales de base. Esta deformación de la democracia representativa de los partidos políticos (que no solo afecta al partido justicialista), se reproduce a niveles de organización territorial, así la superestructura nacional genera una superestructura provincial y esta una superestructura municipal, donde la designación de los dirigentes se realiza por designación o apoyo del “aparato” político vigente. Al producirse una dirigencia política no sustentada en la representación legítima de sus bases e impedir el surgimiento de nuevos representantes políticos se impide una renovación que permita la renovación de dicha dirigencia.
Hoy la clase dirigente parece cada vez más una caja de botones, con cada movimiento (las elecciones generales) se cambian de lugar los que están arriba o abajo, pero los botones son siempre los mismos. Así, quienes adhieren ideológicamente a un partido político, pero no coinciden con la línea interna imperante de la superestructura, se ven impedidos de llevar a delante su propuesta dentro de la estructura partidaria. El resultado es la fuga de militantes hacia otras fuerzas políticas o la creación de nuevas. En el peronismo, el caso de Chacho Álvarez con el FEPASO, durante el menemismo fue uno de los emblemáticos, la actual división del peronismo bonaerense que concurrió y piensa concurrir en varias listas. Este fenómeno también se dio en el radicalismo con Carrió y Stolbizer, que dieron origen al ARI y al GEN respectivamente.
Esta diáspora no solo diluyó una representación ideológicamente más amplia de los partidos políticos tradicionales, sino que frenó la construcción de alternativas en el seno de estos partidos contribuyendo al sustento de la superestructura imperante. Adicionalmente la carencia de una estructura de base lleva, o más bien justifica, la poca participación de los jóvenes en la política y la designación de funcionarios entre amigos y conocidos de los actuales dirigentes, quienes se convierten en sustento político y relevo político de quienes los designaron. En esta dinámica la renovación es vía parentesco y amiguismo, lo que refuerza la desilusión del resto de la población respecto de la “clase política” dirigiendo los intereses de quienes quieren participar hacia organizaciones no gubernamentales donde canalizan sus inquietudes de participar en la “cosa pública”.
El riesgo actual es que la superestructura política tiene una capacidad limitada de lograr el apoyo, tanto por parte de la mayoría de la población como de instituciones no gubernamentales,  que compiten con las instituciones del estado (cooptadas por la superestructura oficial). Así se busca movilizar una “militancia rentada” mediante puestos de trabajo dentro del propio estado, mediante de subsidios sociales (planes, cooperativas de trabajo, etc.) o mediante puestos en empresas administradas por el estado. Aun así, se necesita mayor presencia institucional, lo que lleva a la cooptación o la lisa y llana apropiación de instituciones no gubernamentales, sindicales, periodísticas o intelectuales.
Así, tenemos un estado que funciona en base a una militancia rentada, instituciones que responden a los intereses de una superestructura política, decepción de quienes tienen un interés en participar y falta de renovación de una clase política que se mantiene incólume desde aquel “que se vayan todos”. Esta democracia no es la que deseábamos en la época del gobierno militar, quizás pensábamos en una democracia utópica donde podíamos comer, estudiar, trabajar, curarnos y tantas otras cosas que hoy añoramos.

domingo, 15 de julio de 2012

De nuevo estoy de vuelta





Como dice la zamba, retorno de mi olvido del blog ocupado en algunas otras cosas, como terminar mi tesis doctoral y publicar 3 libros: uno de seguridad, uno de análisis económico y otro de educación, temas que he estado estudiando durante estos últimos años.

Pero todo retorno, fuerza a un “racconto” de lo que sucedió para retomar el análisis cotidiano y no dejar un largo paréntesis entre notas del blog. Retomemos desde las últimas elecciones, pues parece que estamos en otro país, el bloque de candidatos del FPV, parece que ha entrado en una pelea interna que no pertenece a las clásicas disputas del peronismo (las peleas de gatos, como les decía el General). El realineamiento de aliados-enemigos que no excluye a nadie que tenga opinión propia disidente de las dos posiciones dominantes: la oficialista y “la otra”. El problema es que “la otra” no tiene identidad, incluso el coincidir en términos políticos no garantiza pertenecer al oficialismo, ya que parece que ser oficialista depende de manifestar en forma continua y por todos los medios posibles, que se coincide con lo que dice, hace o piensa el gobierno. Aún esta demostración de sumisión no garantiza ser oficialista, pues siempre habrá algún inquisidor ideológico y revisor de historiales que determine la expulsión del “nirvana” oficialista. Así se conforma un “ente” opositor más poblado de expulsados o alejados, que un agrupamiento de la coincidencia sobre un determinado proyecto político. A pesar de ello, los sectores opositores más belicosos son los que surgieron de las rupturas de las alianzas políticas del FPV, y generan los hechos opositores  más difundidos, ya sea porque existe un interés periodístico en difundirlos o porque los partidos opositores no generan los hechos políticos que atraigan el interés de la gente. Simultáneamente, otros sectores opositores agrupados en distintos frentes partidarios, asisten a los hechos políticos  (acertados o errados) como convidados de piedra                     

            El gobierno en lugar de legitimar su posición, emergente de una elección mayoritaria, genera hechos de corrupción, irrita con discursos que alimenta sus contradicciones y desarrolla una gestión a todas luces es ineficaz. En el gobierno se distinguen claramente cuatro grupos: algunos peronistas “verticalistas”, que poseen más voluntarismo que capacidad; algunos que adhieren al proyecto político, pero no poseen cualidades de gestión proactivas; algunos que adhieren por su propio interés, alimentando los hechos de corrupción más difundidos; y por últimos quienes no tienen ni coherencia política ni capacidad y que son quienes desgastan la gestión por su manifiesta ineficacia (debo reconocer que esta caracterización de los sectores internos del gobierno fue expresada por “el poronga” Moreno, y estos dichos me resultan más creíbles que los índices del INDEC).

            Para un peronista el gobierno debe hacer lo que el pueblo quiere (los institucionalistas hablarán del contrato social) y lo que el pueblo quiere, es por naturaleza, aquello que carece. Hoy el pueblo carece de certeza sobre su futuro económico, vive una constante falta de seguridad  personal por el aumento de la delincuencia, carece de una educación pública que nivele las oportunidades de todos, carece de un sistema de salud pública que garantice la atención y prevención de enfermedades y carece de un sistema de asistencia social que evite que la gente con problemas quede excluida del tejido social del país.

            Existen además hechos particulares que caen en la categoría de expresiones de los problemas que planteamos, y que les dedicaré las futuras notas. En síntesis, en el último año se acentuaron las contradicciones del gobierno, contradicciones que se empezaron aponer de manifiesto antes de las elecciones de 2007 y que con el trascurso del tiempo han ido en un constante aumento. El principio del fin de la era K empieza a ser percibido por todos, sus contradicciones son flagrantes, pero  no es predecible la fecha de vencimiento.


domingo, 27 de noviembre de 2011

La “res” técnica


Que no se confunda nadie, el término “res” viene del griego “cosa”(o sea que no es una vaca), con lo cual el título (con ínfulas académicas) sería algo así como “la cosa técnica”, entendiendo por “técnica” la acepción griega de “techne” que significa “el funcionamiento real de”. Si alguien cree que fumé algo raro o que estoy tratando de imitar a Grondona, nada más lejos de mi intención; pretendo nada menos que señalar algo que sistemáticamente ocurre desde la llegada de la democracia a estas tierras allá por 1983.
En realidad la cosa técnica es comprender como funcionan las cosas, de modo de poder actuar sobre ellas, en buen romance: si uno no sabe de mecánica ni pensar en intentar rectificar el motor de nuestro auto. Tratar de establecer esto, es hablar de una verdad de Perogrullo, o en lenguaje académico una “tautología” (me indigesté con el diccionario), pero existe un ámbito que escapa a esta “tautología “: la administración pública.
Desde la llegada de la democracia hemos elegido a quien nos gobierna, pero la persona que elegimos no puede decidir en forma directa sobre todos los temas del gobierno, por ello designa a ministros y secretarios, quienes en sus distintas áreas toman las decisiones en concordancia con quien ha sido ungido por el voto popular. Estos ministros y secretarios designan a su vez secretarios y subsecretarios, quienes deciden en concordancia con ministros y secretarios, pero estos también designan funcionarios políticos (para diferenciarlos de los funcionarios de planta permanente del personal del estado) para que lleven adelante las políticas públicas de gobierno, aquí aparece la “res” técnica.
En esta delegación del poder de tomar decisiones se llega al punto donde la decisión es de naturaleza operativa (este término no tiene ni connotaciones quirúrgicas o militares, sino que se refiere a realizar algo físicamente) y allí interviene la “res” técnica, pues esas decisiones deben realizarse armonizando los lineamientos políticos establecidos desde las altas esferas del gobierno y la realidad existente en el ámbito de acción específico del funcionario político. Aquí la “res” técnica es la capacidad de tomar una decisión que permita realizar operaciones, o actos de la administración pública, que sean la expresión de los lineamientos políticos de los distintos estamentos del gobierno y que sean de “realización efectiva”.
La armonía entre estos dos requisitos de la función pública requiere: primero que exista en el funcionario una ideología concordante y consistente con la de los niveles superiores de gobierno, y segundo que se tenga un conocimiento y experiencia suficiente en su área de desempeño, aquí se pone de manifiesto la “res” técnica. Atendiendo a los requisitos enunciados tenemos cuatro categorías de funcionarios: quienes tienen condiciones ideológicas y técnicas, quienes tienen condiciones ideológicas pero no técnicas, quienes tienen condiciones técnicas pero no ideológicas y quienes no tienen ni condiciones técnicas ni ideológicas.
De las anteriores  categorías, la primera constituye el grupo de los “rara avis” que logran un buen desempeño de su gestión, son como las brujas: no existen, pero que las hay ¡las hay! La segunda categoría se nutre principalmente de “cuadros políticos” alguno de los cuales suelen recurrir  a un adecuado asesoramiento técnico y logran cumplir su gestión en forma razonable; quienes creen que la ideología suple el conocimiento técnico suelen generar conflictos y arrastran su gestión a previsibles fracasos. Quienes pertenecen a la tercera categoría suelen llevar adelante gestiones “administrativas” prolijas, pero el resultado o bien es intrascendente (generalmente por no hacer nada significativo)  y entra en conflicto con otras áreas de gobierno o directamente con los lineamientos políticos del gobierno. En la cuarta categoría tenderíamos a pensar que no habría nadie, pero nada más errado,  ya que desde el advenimiento de la democracia no faltado nepotismo, amiguismo y pago de favores, me eximo de hacer referencia a los resultados de tales gestiones, ya que todos conocemos casos de ese tipo en delegaciones, entes o ignotas direcciones; solo podemos decir de los resultados que se obtienen que evidentemente, y salvo cuestiones fortuitas, son los peores.
Para no cansarlos con la demostración de este planteo, tomemos el  gobiernos de Alfonsín (para evitar cuestiones coyunturales) y pensemos en Dante Caputo, Enrique Nosiglia y Antonio Mucci como representantes de las tres primeras categorías, para buscar en la cuarta debemos ir hacia lugares de la función pública poco conocidos y cualquier nombre no sería compartido por todos, salvo quizás el de Ricardo Alfonsín (h). En el resto de los gobiernos que siguieron se pueden colocar nombres en las distintas categorías y ver los resultados de su gestión, lo interesante es que cuanto más se desciende en las jerarquías de la administración pública, más notorio se hacer la presencia de las tres últimas categorías.
En síntesis, los resultados de cualquier gestión de gobierno requieren que las designaciones de los funcionarios políticos de las últimas líneas sean en extremo minuciosas, porque no solo traerán conflictos en su gestión, sino que decepcionarán a muchos militantes que estando posición de ver quienes ocupan esos cargos, y teniendo más condiciones, observan el ascenso de  quienes carecen de ideología, militancia y una real capacidad técnica.

viernes, 19 de agosto de 2011

¿Por que Cristina?


Dice el refrán popular español que la cabra tira para el monte, y en mi caso, un animal político (mas animal que político) las elecciones tiran, sobre todo cuando un compañero se juega en una patriada de hacer oposición a quien sabe que tiene todos los ases en la manga. Así que junté todo mi tiempo disponible y me fui a militar para que Daniel Cuadrado fuera el candidato a intendente por el FPV de Bahía Blanca. También por eso no quise escribir ya que la militancia le resta a uno objetividad, y eso trato de poner en mis artículos.
Militamos una ves mas contra el aparato, y perdimos, una ves mas, pero esta ves el resultado nos ubicó en un nivel de votos que superaba a muchas fuerzas políticas que habían hecho campaña con mas tiempo y con mas recursos. Nos dimos cuenta que el aluvión de votos que sacó Cristina ayudó a la mayoría de los candidatos oficialistas (estuvieran ellos íntimamente dispuestos a apoyarla o no) y que el modesto resultado obtenido era un pasaporte a futuro si decidíamos continuar esta militancia con miras electorales. Así que ahora, a apoyar al FPV el 23 de octubre y después a seguir construyendo una fuerza política local identificada con el peronismo progresista que pueda disputar electoralmente su lugar entre las fuerzas políticas locales. Bien, mi historia no suele ser el objeto de mis artículos y esta breve introducción solo justifica la falta de artículos en los últimos tiempos.

Ahora si, el 14 de agosto sin aviso previo del Servicio Meteorológico Nacional, de desató un diluvio de votos para la actual presidente: Cristina, así sin apellido, ya que Fernandez de Kirchner le quita la familiaridad con que la gente la nombra y los enemigos la insultan.

Es curioso, como los mayores odios de la gente pusilánime y tilinga se dirijan hacia la condición de mujer, como si una mujer no pudiera conducir el país, como si lo bueno no fuera su obra y lo malo su absoluta responsabilidad. No pretendo tampoco ignorar los errores, que lo hay, pero no puedo por ellos ponerme frente al pueblo, porque no sería peronista, sería un hipócrita. El 14 habló el pueblo y “vox populi, vox Dei”, después de la pronunciación popular, solo podemos reconocer que si se pensó que los errores cometidos desde el gobierno eran lo suficientemente importantes para la gente deseara que el gobierno de Cristina terminara, era una equivocación. La gente optó por la continuación de este gobierno, ya sea porque sus errores no fueron juzgados como importantes, o porque la oposición no presentó una alternativa creíble y se limitó a proponerse solo como una alternativa de gobierno.

Tampoco se debe subestimar el rol de los participantes de la interna del FPV, que garantizaron que la traición política de muchos caudillos territoriales del conurbano bonaerense no se enseñoreara como en otras elecciones. Estos representantes de la vieja política territorial, no pudieron “ir a menos” sin poner en riesgo su propio liderazgo; y tampoco podían obtener una derrota aplastante frente a sus opositores de la interna, sin que Cristina tuviera esos votos, ya que desnudarían su traición.

Pero los votos de Cristina fueron mas, mas que los que obtuvo Scioli, mas que los que obtuvieron gran cantidad de intendentes, la gente no les dio ni la oportunidad de erigirse en “traccionadores” de la candidatura de la presidenta.

Si sumamos, los intereses internos que forzaron a los caudillos territoriales a apoyar al gobierno, la oposición que tampoco presentó una alternativa creíble obtendríamos menos votos que los obtenidos en la elección, esta es la gran lección de este acto electoral: Cristina arrasó, pensemos lo que pensemos, no hay otra verdad que la realidad.

domingo, 10 de julio de 2011

Nos robaron al trovador de la vida


Quizás deba decir el trovador de su vida, ya que Facundo Cabral era sus canciones, o sus canciones eran la vida de Facundo, como le había dicho Sara. Lo cierto es que nadie hubiera imaginado ese final para la vida que llevó, o quizás si, latinoamérica no paga bien a sus juglares populares, cárcel destierro y muerte es el común denominador de la mayoría de ellos. A pesar de ello, me sorprendió la noticia de muerte, o mas precisamente, las circunstancias de su muerte, pero comprendí que a Facundo no le robaron la vida, nos robaron su presencia,  a todos nosotros, los que compartíamos sus trovas, los que mirábamos sorprendidos, admirados y un poco envidiosos la vida que nos cantaba Facundo , su vida, una vida distinta a que llevamos la mayoría que lo escuchábamos.

No le robaron la vida, porque como Diógenes sabía que no le pertenecía, su asesinato sirvió para que la devolviera y finalizara su canción, que como ocurre siempre con los cantantes populares, no se calla, se multiplica y vive en el corazón del pueblo. Somo nosotros quienes extrañaremos ver su figura medio hippie, gurú, cantante de protesta, pacifista, poeta, juglar, testigo de intimidades con grandes personajes y cultor de una vida, su vida que exponía como canción en cada actuación.

Lo conocí por primera vez en la Cueva de Monte Hermoso, a esa hora donde se respiraba un olor ácido y dulzón en el ambiente, apareció, con unos vaqueros gastados, sandalias y una musculosa, era una mezcla de hippie, que nos hablaba de Jesús, Borges, Whitman, Cafrune, Ghandi y tocaba la guitarra con tonos de milonga. Lo seguí viendo en los viernes de Universitario, donde sus recitales terminaban cuando el se iba, mucho después que terminara su actuación. Lo seguí en casett, TV, CD y DVD, por casi toda la historia de la tecnología de los medios. Por eso, ahora que comparte el gran misterio con Sara, Teresa, su hija, Borges , La madre Teresa, Whitman. Cafrune y todos esos grandes personajes con los que que compartió pedazos de su vida y que compartió con nosotros; solo nos queda su recuerdo y sus trovas.

Este brutal asesinato no le quitó la vida, su vida no era de él, nos quitó a todos nosotros su presencia para contarnos y cantarnos su vida, que era una manera de vernos en un espejo en el que todos desearíamos vernos reflejados.