sábado, 18 de mayo de 2013

Mis libros -4-


Este libro recoge una recopilación de la teoría del análisis de Entrada Salida, usada para estudiar la composición de los entramados industriales y como estos impactan en la economía e incluso en el medio ambiente     

Mis libros -3-


Este libro parte de una compilación de parte del material que utilicé en mi tesis de maestría y donde analizo la estructura, funcionamiento y resultados de la universidad argentina en relación a la producción de tecnología y contribución al desarrollo nacional.

Mis libros -2-


Este libro contiene el desarrollo de un modelo de computación para aplicarse al estudio de las relaciones inter-industriales. Esta es una manera las simple de evaluar políticas tecnológicas o de desarrollo industrial.

Mis Libros -1-


Este libro trata el tema de la seguridad desde la óptica del funcionamiento de las instituciones tratando de definir muchas cosas que no se dicen cuando se habla de seguridad y proponiendo una metodología de trabajo e incluso dando un ejemplo de como se implementa un sistemas de atención de emergencias.

viernes, 17 de mayo de 2013

Capuletos, Mostescos y Polichinelas



El país se dividió entre los que están a favor, los que están en contra y los que no tienen idea donde están, se armó un drama de Capuletos y Motescos, con la participación cómica e  innecesaria de varios Polichinelas. Ni Sheakesperare, ni Moliere pudieron imaginar semejante “melange”, los kirchneristas cual Capuletos no pueden ni ver a los anti K, cofradía Montesca integrada por parte del PJ, partidos de izquierda, corporaciones agrarias, periodísticas y judiciales, que retribuyen igual antipatía. La nota de color la dan quienes desde ambos espacios ensayan posturas grotescas, los Polichinelas, que atacando o defendiendo, solo causan risa a cualquier analista desapasionado.
Los Capuletos, perdón los kirchneristas, consideran que la legitimación electoral del ejercicio de la administración del poder ejecutivo, sumada a la mayoría parlamentaria también obtenida por vía del voto legitiman cualquier proyecto, esté o no previsto en el orden institucional vigente. Orden institucional que se altera por agrupar a dos poderes del estado, el ejecutivo y el legislativo, forzando a que el poder judicial cuya función es arbitrar entre ambos poderes para garantizar el orden constitucional. Este orden pensado para equilibrar las fuerzas progresistas que se encarnan en el poder ejecutivo con las fuerzas más conservadoras representadas en el poder legislativo, quedando el poder judicial como árbitro de esta confrontación. El sistema pensado para una representación parlamentaria diversa donde a lo sumo algún partido político acumulaba la primera minoría, esta minoría forzaba a la negociación de las iniciativas sobre algún proyecto, esto generalmente obligaba a la reformulación de partes del proyecto que debía cumplir el requisito final de constitucionalidad.
La oposición Montesca es un variopinto de partidos o agrupaciones políticas y grupos de poder que al no tener cabida en la discusión que debería canalizarse en un debate legislativo que conduzca a una regulación de las iniciativas de gobierno, recurre a debatir frente a la opinión pública e iniciar la vía judicial del reclamo.
Debemos establecer dos cosas frente a esto, la aspiración del kirchnerismo o de cualquier partido político, a ocupar todos los espacios que prevé la constitución por medios democráticos es lícita, como también el reclamo del resto de los partidos políticos a ejercer la regulación del poder del partido gobernante. Esta regulación permite que los grupos de poder estén representados por ciertos partidos políticos afines y ellos canalicen la regulación legislativa de las iniciativas de gobierno que afecte intereses sectoriales.
En este orden de cosas el actual desequilibrio de poderes tiene como causas la falta de representación de la dirigencia de muchos partidos políticos que no les permite obtener una representación parlamentaria significativa, con lo que los grupos de poder pierden la intermediación política y deben asumir la representación de sus intereses utilizando los medios a su alcance y confrontando fuera de las instituciones constitucionales.
El traslado de las pujas de poder entre estos grupos y el gobierno, genera distintos tipos de conflictos y lleva a que se traslade la disputa a los medios de comunicación, a sectores económicos, a disputas judiciales, etc. Como esta disputa cae fuera del ámbito legislativo, los partidos opositores son solo espectadores privilegiados, o peor aún el coro que apoya a alguno de los sectores en disputa.
El grave problema es que esta disputa no se encuentra enmarcada en los códigos de convivencia que poseen los órganos legislativos y así se generan pasiones que han divido al país en posiciones irreductibles, que incluso van más allá de toda racionalidad esperable. También debe establecerse la legitimidad de la disputa, solo que al no estar regulada, tampoco lo están los límites de las mismas. Existen razones en nuestra historia reciente que suprimió el debate como forma de construcción de los apoyos que requiere cualquier proyecto político.
Dentro de este escenario existen personas de ambos bandos que se extralimitan o trasgreden los límites éticos o legales en la disputa. La dinámica que finalmente adoptó la disputa proporciona apoyo a estas personas, que deberían ser juzgadas social o legalmente y recibir su correspondiente castigo. Estas personas gozan de una impunidad inaudita, solo justificable por el nivel alcanzado en el conflicto de las partes.
Pero en este indeseable escenario, la nota de color la ponen los desubicados, aquellos para los cuales el kirchnerismo es la quintaesencia del mal, la reencarnación del tercer Reich,  el “Faccio” italiano de Mussolini, la Cuba de Castro, la Venezuela de Chavez, etc. etc. no dudan en elaborar teorías más dignas de haber nacido fruto del ácido lisérgico que de una investigación o un análisis serio. En contraposición, cualquiera que no coincida o aún apoye a las iniciativas oficiales es un representante del mal, el enemigo público, el eje de todos los males. Este es los territorios de los Polichinelas, cómicos sin vocación, ridículos a uno y otro lado de las posiciones políticas, irreflexivos, inimputables y desubicados. La única lástima es que ya no dan ni risa ni pena, solo nos dejan una honda sensación de decepción.

domingo, 21 de abril de 2013

Democracia, reglas de juego y crisis de poder (Nota 2)





Establecimos en la anterior nota que los cambios en las relaciones de poder institucional producían cambios en las normas “formales” que regían dichas relaciones de poder y que actualmente existe una crisis de representatividad o resuelta que cuestiona tanto las normas actuales como su reforma.
Es entonces en las causas y consecuencias de la crisis de representatividad que surgió en 2001, desde donde se puede comenzar el análisis de los actuales cambios que alteran el equilibrio de las relaciones de poder institucional. Antes de iniciar dicho análisis debe establecerse que en un contexto internacional, la actual forma de expresión del orden  capitalista ha atravesado, y repite cíclicamente, varias etapas: creación (tecnológica o de demanda), apropiación (de la plusvalía de la creación), acumulación (prolongación en el tiempo de la apropiación), agotamiento (utilización de la tecnología y la demanda residual) y crisis (destrucción de la creación frente a la aparición de una nueva tecnología a el cambio de la demanda). Esta descripción Schumpeteriana puede condimentarse con la fabricación de “burbujas en la fase de agotamiento, cuya función el maximizar la ganancia de los capitalistas financieros (que actúan como carroñeros de la pitanza capitalista) y que agudizan las crisis posteriores (para quienes creen que las burbujas son un invento de Wall Street en la reciente crisis global, les recomiendo leer sobre la crisis europeas de 1890).
Una última consideración sobre estos ciclos económicos del capitalismo es la relación entre política y economía, ya que muchos suponen que la política determina el funcionamiento de la economía (lo cual sería cierto en un sistema no capitalista). Como postulado del marco teórico del análisis que propongo, la política actúa como catalizador o inhibidor de las fases del ciclo descripto (quizás de profundizarse esta consideración podrían hacerse coincidir los ciclos de Kondratiev y la teoría de Schumpeter).
Volviendo al análisis de la crisis argentina, los golpes militares que se instalaron desde la caída de Perón hasta 1983 crearon condiciones de creación, apropiación y acumulación (la creación de una actividad económica no necesariamente responde a procesos productivos que generan riqueza distribuible, sino al inicio de actividades económicas que beneficien a algunos grupos de poder económico). En particular el último gobierno militar puso en crisis a vastos sectores del sistema productivo nacional y creó las condiciones de un sistema importador-financiero, cuya crisis se intentó disimular con la guerra de Malvinas, siendo esta crisis la causa fundamental de la salida de la dictadura militar.
Quedaron establecidos varios actores que participaban de la puja por una cuota de poder: los sectores económicos nacionales, los sectores económicos trasnacionales, la representación política de la sociedad, los sectores sociales (donde debe incluirse al sindicalismo, sectores religiosos y organizaciones de distinto tipo: ecologistas, humanitarias, etc.) y los sectores culturales (estos de mínima representación pero de gran visibilidad pública que debe incluir a la educación pública y privada). Aquí los medios de comunicación hacen visible la lucha de cada sector por sus cuotas de poder.         
El inicio del mayor período con vigencia del sistema democrático se inicia en 1983, donde el retorno a la vida democrática establece un tácito acuerdo sobre las nuevas relaciones de poder, la debilidad de la representación política frente a sectores sociales y económicos va planteando un nuevo desequilibrio dentro de un ciclo de baja creación que se proyecta sobre los ciclos siguientes y la crisis desatada por la falta de incentivos a la creación de actividades económicas provoca la salida anticipada de Alfonsín, sin que se quiebre el orden institucional.
El inicio del gobierno de Menem fue errático, hasta la instauración de la convertibilidad y el privatización de las empresas del estado, lo que generó una fuerte fase de creación, apropiación y acumulación sin el ciclo de agotamiento en el horizonte cercano. Esto le permite a Menem consolidar su proyecto de reelección, reforma de la Constitución mediante. Aquí el desequilibrio de poder a favor de la representación política con el apoyo de los sectores económicos trasnacionales, permite consagrar constitucionalmente, una nueva relación de poder entre los sectores institucionales.
El deterioro de las condiciones de acumulación, por efecto de los desajustes de las variables macroeconómicas en la etapa final del gobierno de Menem (altas tasas de interés, desajuste de la balanza de pagos, déficit fiscal y aumento del endeudamiento público), genera una crisis que explota en el gobierno de De la Rua, debido al mantenimiento de las condiciones macroeconómicas del gobierno de Menem.
Esta crisis provocada por la falta de capacidad de la representación política para superar los ciclos de crisis y el perjuicio que sobre vastos sectores sociales se provocó en los ciclos de apropiación y acumulación, explota en diciembre de 2001. En esta crisis, los sectores sociales plantean una nueva distribución de poder mediante el recambio de quienes detentan la representación política y una nueva recomposición institucional que otorgue mayor participación directa de los sectores sociales (las asambleas barriales y populares, fueron la expresión más representativa de este reclamo).
El nuevo ciclo iniciado en los gobiernos de Duhalde, Néstor y Cristina Kirchner volvió a generar un ciclo de creación mediante el mecanismo de sustitución de importaciones forzado mediante el tipo de cambio. Este nuevo período sostuvo el ciclo de acumulación mediante el estímulo de una demanda sostenida, pero las condiciones de comercialización internacional de los commodities argentinos, el aumento del déficit fiscal y el desequilibrio de la balanza energética, sumado a las obligaciones de pago de la deuda externa, comenzaron a afectar los recursos destinados a sostener la demanda. La presión de los sectores sociales y de ciertos sectores económicos provocan el inicio del ciclo de  agotamiento previo a la crisis, lo que obliga al poder ejecutivo a acumular poder institucional para enfrentar el inminente ciclo de crisis, para ello su estratega es la acumulación de poder institucional y el control de la visibilidad de otros sectores mediante la injerencia en los medios de comunicación.
El planteo de un reordenamiento de las relaciones de poder institucional, la inminencia de un ciclo de crisis económico, el reclamo insatisfecho de los sectores sociales y las tensiones por el control de los medios de comunicación, establecen el contexto bajo el cual deben inscribirse los planteos de nuevas relaciones de poder institucional y las crisis que dan origen a este reordenamiento. 

sábado, 13 de abril de 2013

Democracia, reglas de juego y crisis de poder (Nota 1)



Los proyectos de ley presentados por el FPV en el congreso ¿Qué representan? Las opiniones se dividen entre considerarlas una democratización del poder judicial, y un avance de un poder sobre otro; pero en esencia ¿las relaciones de poder institucionales son la expresión de del contexto histórico, social, económico y político o un marco desde donde se regula en funcionamiento de una sociedad?
Esta última pregunta me parece más interesante de responder en la marco de una construcción ideológica de la política, pues la primer pregunta solo tiene carácter coyuntural, cualquiera sea su trascendencia. Los recientes proyectos de ley representan un intento de cambio de las relaciones de los poderes institucionales, que puede establecerse, cambiarse o anularse ahora, o en años futuros; pero los principios a que estos obedecen son la raíz de una dinámica histórica que imperó en nuestro país desde la organización nacional.
No cabe duda que el marco de referencia fundacional de las relaciones de poder institucional fundamentales (Poder Ejecutivo, Legislativo y Judicial) es la Constitución, la cual admite que puede ser cambiada y de este modo reformular la relaciones de poder existentes en cualquier momento. La condición es el acuerdo mayoritario de las representaciones políticas de la ciudadanía, por lo tanto la Constitución no impide que se alteren las relaciones de poder, sino que fija como se debe proceder para cambiarlas.
Partiendo de la premisa que la ley fundacional fija las relaciones de poder y como deben cambiarse, tenemos que analizar el rol que cumplen las instituciones en el proceso histórico y que actores son necesarios para ello. En este análisis de actores necesarios, surgen los partidos políticos, como representantes de las ideas e intereses de la sociedad, los cuales son los intermediarios imprescindibles, ya que según la propia Constitución, “el pueblo no gobierna ni delibera sino a través de sus representantes”. Estas facultades delegadas a los partidos políticos se refieren al poder ejecutivo (gobierna) y al poder legislativo (delibera), pero nada dice del poder judicial. Por lo tanto la independencia del poder judicial no incluye ni excluye a los partidos políticos, dejando una zona gris por donde el proceso de designación y destitución por parte del consejo de la magistratura, de miembros del poder judicial permite la participación de los partidos políticos.
Estos elementos formales no aclaran la evolución histórica de las relaciones de poder institucional. El poder ejecutivo lo ejerce en forma temporal un partido político que desarrolla su acción de gobierno bajo dos controles: el control del interés general representado por el poder legislativo y el control de los acuerdos de poder preexistentes expresados por el poder judicial. Así el poder judicial representa una tendencia  conservadora frente a la tendencia progresista que debería tener el poder ejecutivo, siendo el rol del poder legislativo la regulación de estas tendencias.
Estos supuestos configuran lo que llamamos “la vida republicana”, que en esencia es el desarrollo sin alteraciones de las relaciones de poder institucional. Por lo tanto, las alteraciones suponen desequilibrios en las relaciones de poder existentes, esto sucede cuando el devenir del proceso histórico requiere avanzar sobre el “status quo” que obstaculiza un cambio hacia una nueva relación de poderes equilibrada, si este nuevo equilibrio genera mediante una adecuación consensuada, los cambios se llevan mediante los mecanismos previstos por la propia constitución. Si en cambio, la alteración de las relaciones de poder surge por una facción que no cuenta con el consenso necesario, forzosamente debe romperse el orden constitucional.
Surge así un nuevo actor, la facción, o grupo de poder que ejerce alguna representación de los poderes políticos, económicos o sociales (el religioso, si bien no debiera ser considerado, interviene por razones históricas, como parte de la expresión social), tengan estos representación institucional o no. La facción para poder provocar una alteración en las relaciones de poder institucional debe asumir unilateralmente, mediante la ruptura de del orden constitucional, el rol de decisor de la nueva relación de poder. Así, los golpes militares asumieron los roles de poder ejecutivo, legislativo e incluso judicial (el forma no directa, pero si indirecta) mediante el uso de la fuerza en representación de facciones económicas y sociales (como fueron en 1956 los grupos agroexportadores,  los representantes de corporaciones extranjeras, una burguesía medio alta y sectores religiosos). El quiebre institucional de 1989 (entrega anticipada de la representación del poder ejecutivo) mediante una crisis generada por una facción económica y otra política.
En 2001 se planteó la falta de representación de quienes integraban los partidos políticos, esa crisis, fue expresada por amplios sectores sociales frente a la falta de solución a distintos problemas económico y de administración del estado, los gobiernos surgidos a partir de esa crisis solucionaron en parte los problemas, pero no se solucionó la causa que los generaba, principalmente porque los representantes de los partidos políticos siguen siendo los mismos que generaron la crisis de 2001. La raíz de la crisis económica y social de 2001, sigue presente y la actual crisis institucional que algunos plantean por el intento de cambiar las relaciones de poder existentes, es solo la manifestación de la necesidad de una facción de contar con más poder para responder a los requerimientos de la evolución histórica de una crisis económica y social.