sábado, 10 de agosto de 2013

La propuesta que falta


En tiempo de elecciones, los actuales candidatos han tratado de demostrar capacidad de gestión, lo que en realidad, más que hablar bien de ellos, habla de la poca capacidad de hacer política. Si alguien tiene una responsabilidad de gobierno, lo que se debe hacer es política, no gestión, la gestión es algo subordinado a la política. La política decide que se debe hacer de forma realista, eficaz y con los recursos necesarios, la gestión lleva a adelante las decisiones  políticas. Quien se propone como administrador, como gestor dice que solo puede llevar adelante políticas de otros, es un mero subalterno de quien detenta el verdadero poder, el poder de decir que se hace.
Así, para gestionar o administrar, solo se necesita poseer conocimientos técnicos y algo de experiencia, pero para hacer política, o sea, para decidir qué hacer se necesita una ideología que permita la confluencia de las distintas medidas políticas para la construcción del modelo político deseado. Si tomamos este criterio para analizar las propuestas de los candidatos a estas próximas elecciones, no debemos tomar cada propuesta en forma individual, sino en su conjunto y ver si configuran un modelo político, o un conjunto de slogans “marketineros”  propuestos por asesores de imagen, sociólogos y publicistas.
El segundo paso para analizar las propuestas es ver como se propone implementar las decisiones políticas, así puede verse si se dispone de una estrategia que permita llevar a la práctica las políticas propuestas. Esto es lo que se llama estrategia y debe indicar tres cosas: como se utilizan los recursos, quien debe llevar adelante las medidas y cuáles son los resultados esperados en forma objetiva. Las propuestas “marquetineras” tiene dos formas de presentar su estrategia: en forma vaga (total nadie analiza y lo importante es el slogan o la foto) o en forma de propuesta detallada (los grupos técnicos tiene por objeto llevar muchas hojas con datos, estadísticas, propuestas similares o pero aún un “corte y pegue”; de forma que se cumpla con el viejo dicho de que la mejor manera de esconder un elefante es en una manada de elefantes y la mejor manera de presentar algo que no dice nada es hacer un “estudio detallado”).
Podemos hacer un contraejemplo, tomemos un tema caliente, la seguridad. Parece que recién ahora muchos políticos descubrieron que la seguridad tiene una dimensión mucho mayor que la prevención del delito, y su influencia es notable. Así que para plantear como sería una política de seguridad plantearemos una.
La política de seguridad debe incluir seis aspectos específicos y tres aspectos vinculares. Los aspectos específicos son: la seguridad de las personas y sus bienes, la seguridad vial, la seguridad sanitaria, la seguridad social y la seguridad ambiental. Los aspectos vinculares son: el marco normativo, el marco institucional y el marco instrumental.
La primera propuesta es definir a la seguridad como de competencia nacional, no puede haber distintos marcos normativos, ya que las víctimas y los victimarios de las mismas trasgresiones son independientes del contexto geográfico donde se cometa (en criollo, un robo debe ser prevenido, investigado, enjuiciado, condenado, cumplida la condena, asistida las víctimas y resguardados los derechos constitucionales del ladrón y la víctima, del mimo modo independientemente del territorio en donde se cometió el robo). Debe establecerse una separación entre violación a la seguridad pública y contravención. Por ejemplo, pude argumentarse que el robo es una violación a la seguridad pública, ya que implica violencia contra una persona o sus bienes; mientas que el hurto solo es una violación del derecho de propiedad sin ejercer violencia contra las personas o sus bienes. Estas categorías definirían el ámbito de la competencia nacional.    
En el marco instituciones tendríamos para cada aspecto de la seguridad tres instituciones intervinientes (o policías si se quiere) una de prevención, una de investigación y una de ejecución. La primera dependiente de autoridades territoriales, la segunda dependiente del ministerio público y la tercera dependiente del poder judicial. Un aspecto estratégico sobre estas instituciones es que su organización no debe ser jerárquica sino funcional y dependiente de órganos colegiados en varias instancias de su estructura vertical, estos órganos colegiados deben ser integrados por representantes de las fuerzas políticas con representación territorial y coordinados por miembros de las instituciones. La dependencia directa solo se reserva para aspectos operacionales. Estas tres instituciones en los seis aspectos de la seguridad llevan a dieciocho organizaciones de jurisdicción nacional y a distintas competencias para cada organización.  
El marco instrumental debe definir los ámbitos específicos de cada institución de seguridad, la formación de recurso humanos, la definición de sus organigramas ajustados a los principios estratégicos enunciados, sus mecanismos de control, los recursos de infraestructura necesarios y los cambios de infraestructura requeridos en función de la evolución de la tecnología y las necesidades de la sociedad.
Este es un esbozo de una política de seguridad, quizás un poco aburrida, no muy espectacular, pero dudo que pueda llevarse a cabo otra política eficaz, detalles habría muchísimos, pero hablaríamos de detalles de la implementación de la política y no de formulación de una política de seguridad.

jueves, 25 de julio de 2013

Propuesta 1





Hace tiempo que analizo diversos temas políticos, creo que para compensar tanta pálida se debería proponer algo, algo concreto que apunte a mejorar la situación existente en nuestro país, no espero cobrar derechos de autor, ni obtener reconocimiento público pues las ideas que compartimos ya no nos pertenecen y pueden ser usadas por quien las recoja. Lo éticamente deshonesto es atribuirse la autoría, y peor aún, es desvirtuar su sentido o cambiar su forma para afirmar la supuesta autoría, afectando a los resultados que podría obtenerse con la idea original.
Esta primera propuesta tiene que ver con la justicia, o más bien, con quienes desempeñan cargos en el poder judicial. Debo repetir lo que ya he expresado en varios artículos, la policía y la administración de justicia no hacen a la seguridad, ya que intervienen cuando el hecho que causa inseguridad (cualquier delito) ya fue cometido y solo pueden hallar al culpable y aplicarle la condena que las leyes establecen par ale delito cometido.
Mi propuesta se basa en la reiteración de hechos delictivos cometidos por personas que no deberían gozar de libertad en virtud de estar procesadas, gozando de privilegios de excarcelación o libertad condicional. El hecho que personas en esa situación cometan delitos no debiera afectar a los institutos establecidos para que una persona que cometió un delito se reintegre a la sociedad, pero sí, debe establecerse que responsabilidad tienen los magistrados, fiscales, auxiliares o peritos intervinientes en procesos judiciales de tipo penal. La propuesta no es crear una caza de brujas sobre funcionarios que aplican en la forma más benigna las potestades que le permite la ley. Pero que se sujete a la ley no implica que pueda cometer una mala praxis, y no en el sentido de incumplimiento de deberes de funcionario público, sino en el ejercicio de un acto profesional. Así como a un médico  a quien se le muere un paciente, no pude ser imputado de homicidio por el ejercicio de su profesión de médico, si puede ser imputado de mal praxis, cosa que ocurre en la mayoría de las profesiones. Así, si una persona liberada del cumplimiento de una condena que comete un delito, pude suponerse que quienes lo liberaron cometieron un error, que pude no ser punible legalmente, si podría haber cometido una mala praxis.
Hasta donde he investigado, no existe la mala praxis en el sistema de administración de justicia, la cual permitiría deslindar responsabilidades, ya que un juez que otorga una excarcelación lo hace en función de informes de auxiliares y peritos en los que debe confiar. Si quienes auxilian al juez incurren en una mala praxis (sin suponer la existencia de dolo), el juez debe responder por el liberado y es a él a quienes apunta la opinión pública. Esto otorga impunidad a quienes cometen la mala praxis, ya que el cumplimiento de los pasos procesales otorga legalidad al hecho, pero no garantiza el adecuado desempeño profesional de quienes intervienen.                 
Si, por ejemplo, la Corte Suprema podría habilitar una dependencia que inicie una investigación sobre el desempeño profesional de los magistrados auxiliares o peritos, en cada caso de delito cometido por un liberado. Así no solo se delimitarían responsabilidades profesionales, sino que existiría un historial de casos que podrían definir conductas de los participantes en el otorgamiento de beneficios para quienes cumplen una condena.

Al fin y al cabo sería un mecanismo similar al que ocurre en un hospital cada vez que fallece un paciente durante un procedimiento médico. Si los médicos, a quienes se les confía la vida y la salud de las personas se someten a examen de  su proceder profesional, por qué no deberían hacerlo los magistrados, funcionarios y peritos a quienes se les confía la libertad y guarda de personas que purgan condenas por delitos cometidos.

sábado, 20 de julio de 2013

La educación perdida


De todas las batallas que di en mi vida y perdí (que no fueron pocas), la que todavía me causa dolor haber perdido es la que se dio en el Congreso Pedagógico Nacional que se desarrolló entre 1984 y 1988, donde se presentaron y discutieron muchas cosas, la mayoría coyunturales, pero la fundamental, y que originó la constante pérdida de calidad educativa que hoy notamos, fue la definición sobre la importancia del contenido y el método  de la enseñanza. Quienes creíamos que el contenido decía ser más importante que el método perdimos, y cualquiera podría decir que es algo intrascendente y hasta que no teníamos razón. Las pruebas de que teníamos razón es la calidad actual del conocimiento de los alumnos que terminan el ciclo de educación obligatoria y su relación con lo anterior podemos analizarlo.
Quienes hemos transitado más de 30 años de trayectoria docente (cuesta arriba o cuesta abajo) podemos hacer algunas conclusiones, que con distintos matices, son más o menos las siguientes: el conocimiento no se trasmite, se adquiere; nadie puede enseñar más de lo que sabe; el ejercicio de la función docente esta inexorablemente ligado a la ejemplaridad; no puede haber una buena relación docente-alumno sin coherencia; las condiciones afectivas, ambientales, sociales y económicas son condicionantes del desempeño del alumno; el entorno de la comunidad educativa no puede reemplazar al aprendizaje familiar en todo aquello que no sea instrucción (el alumno no se educa en la escuela, se instruye o se forma, ya que el proceso educativo se lleva en una dimensión que supera a la escolaridad) y por último, que le proceso institucional educativo requiere de una articulación entre docentes, autoridades escolares, recursos, planificación y políticas educativas (admito que se podría agregar mucho más, pero estos elementos creo que son los menos controversiales y sobre los que cualquier docente más o menos coincidiría). A esta síntesis le puse el nombre de “el principio Petrona”, la recordada cocinera decía que de una olla no salía nada mejor que lo que se le ponía, curiosamente este principio es totalmente aplicable a la educación.
Analizando cada elemento de la síntesis propuesta veamos como influyó la política trazada en el congreso pedagógico de 1884-1888 en el aspecto conocimiento método. Si admitimos que el conocimiento se adquiere, el rol del docente es el de guía y no el de “implantador” del conocimiento, por lo tanto el método no puede ser más importante que el conocimiento pues lo fundamental es saber a dónde se lo debe conducir (conocimiento) y después como conducirlo (método). En el mismo sentido, el límite del conocimiento al que se puede guiar a un alumno es función del conocimiento del docente y no del método que emplee. La ejemplaridad consolida el proceso de enseñanza, ya que quien tenga faltas de ortografía o gramaticales, no puede enseñar escribir correctamente; quien no sepa realizar correctamente cálculos matemáticos no puede enseñar matemática. Este proceso de ejemplaridad se liga con el grado de conocimiento adquirido por el docente y que se refleja en el nivel educativo que este obtuvo. Esta ejemplaridad se relaciona también con la conducta del docente: corrección, aspecto puntualidad, asistencia, etc.
La coherencia del docente puede tener varias aristas, pero centrándonos en la transmisión de saberes, el grado de conocimiento que demuestre el docente frente a sus alumnos le permite tener autoridad para evaluar el grado de conocimiento que adquirió el alumno, el método es en este caso instrumental y no esencial.
La relación docente y entorno del alumno, está directamente vinculado a como la sociedad percibe el rol del docente, y el  “prestigio social” del docente. En ese plano en una sociedad donde el cambio tecnológico y el aumento del nivel general de conocimientos requeridos por la demanda de trabajo hacen que el título básico de la mayoría de los docentes de nivel inicial y medio (maestro o profesor) no tenga reconocimiento social.
A nivel institucional, la educación funcionó estos últimos años como campo de experimentación de diversos proyectos pedagógicos (se cambió la forma y contenidos de la educación inicial y media, varias veces), la descentralización educativa originó una disparidad geográfica en la conformación de los formatos y contenidos educativos, la eliminación de la educación técnica nacional y su reemplazo por orientaciones técnicas provinciales cambiaron sus perfiles educativos, la utilización de la escuela primaria como ámbito de contención social (como los comedores escolares) desvirtuaron la percepción social del rol de la escuela como generadora de conocimiento e igualadora de oportunidades, y la falta de mayor profesionalización de la carrera docente alteraron las relaciones jerárquicas en las instituciones educativas (muchas veces el personal directivo posee niveles de formación inferiores que muchos docentes).
Si se analiza el funcionamiento institucional de la educación inicial y media, podemos ver a través de sus normas de funcionamiento como se internalizó el resultado de priorizar el método sobre el contenido. En primer, existe una priorización de la formación pedagógico sobre la especialización del docente que hace que en la provincia de Buenos Aires, un docente con 3 años de formación terciaria con orientación sea preferido a un docente con formación universitaria de post grado sin formación pedagógica; tampoco se equipara la antigüedad docente en otros ámbitos con la formación pedagógica (un docente universitario con el máximo título de postgrado y antigüedad docente universitaria no califica para desempeñar cargos dentro del personal directivo de una institución educativa provincial). Para acreditación de formación docente no se discrimina entre un antecedente de un instituto privado no oficial y el realizado en el área de postgrado de una universidad. Esto conduce a algunos sinsentidos como el caso en el que una profesora de ciencias naturales tendría prioridad ante un medico sanitarista para enseñar higiene, o una profesora de matemáticas tendría prioridad frente a un doctor en matemáticas. Un hecho adicional es que los docentes de nivel inicial y medio, durante su carrera frente a alumnos no tienen ningún escalafón que distinga entre un docente en formación, un docente formado y un docente con antigüedad, lo que refleja que se le otorga la misma responsabilidad y funciones a un docente sin experiencia que otro con sobrada antigüedad. Podría seguirse argumentando sobre estos aspectos, pero un artículo debe resumir o presentar algunos aspectos significativos que ejemplifiquen y resuman el análisis.                      
Por último los, resultados de la pérdida de nivel educativo se pueden verificar con los resultados de las evaluaciones en los exámenes de ingreso a las universidades, en las dificultades que tienen muchas empresas en encontrar mano de obra calificada y en  pruebas internacionales de evaluación de la calidad educativa como son las evaluaciones PISA. Las dos primeras aportan información general del nivel de conocimientos con que se egresa de la educación media, pero la evaluación PISA es un indicador del nivel de quienes cursan el nivel medio y analiza tres áreas básicas del conocimiento: lectura, matemáticas y ciencias.  PISA se orienta a la evaluación del sistema educativo y no a medir el rendimiento de procesos educativos particulares, es decir, no apunta a proporcionar información individualizada sobre alumnos o centros educativos. De más esta decir que Argentina calificó en la evaluación 2012 en el lugar 58  de los 65 participantes. En un país progresista esto sería motivo más que suficiente para que todos los responsables del sistema educativo pusieran la renuncia a disposición de las autoridades y no intentaran disimular el fracaso de políticas basadas en el principio que se generó en el congreso pedagógico de 1884-1888.

La solución es simple y surge naturalmente de este análisis, jerarquizar la función docente priorizando el acceso de aquellos docente mejor formados, restringir el acceso a puestos directivos de quienes no cuenten con antecedentes y títulos mínimos (por ejemplo 15 años de docencia y un postgrado universitario). Asignar a la parte pedagógica el rol de instrumento en la implementación de estrategias docentes y no es de formador de políticas educativas. Esto quizás no sea suficiente, pero sin lugar a dudas es absolutamente necesario.

domingo, 7 de julio de 2013

Que el caballo tire del carro


Poner las ideas en su justo orden requiere un ordenamiento jerárquico de las ideas, cuales son las más importantes y a partir de ellas subordinar unas a otras, de modo que exista algo que llamamos coherencia y que pretendemos tener. Algunas ideas tienen más trascendencia cuando de ellas se derivan acciones, que no solo nos afectan a nosotros sino a otras personas. Las ideas políticas son, por ello, las que más trascendencia tienen.
En la política converge como como guía rectora de su pensamiento la ideología. Sin esto la formulación de una idea política carece de contenido, es una propuesta vacía. Por ejemplo, proponer el autoabastecimiento de alguna materia prima esencial para el desarrollo industrial sin una ideología que lo sustente  puede significar tanto el desarrollo de una actividad extractiva por parte del estado, como el subsidio a una empresa privada o la concesión de dicha área económica a una empresa extranjera. Esta disparidad instrumental sobre la misma formulación política, nos obliga a replantearnos la forma de pensar las ideas políticas. La regla de ordenamiento sería: ideología, política, estrategia e instrumentación, a partir de allí, desde el origen hasta su realización se podría decir que existe coherencia.              
La existencia de una coherencia de inherente a la instauración de una política en el gobierno de un país,  nos lleva a proponer usarla como un instrumento para medir el tiempo del proceso histórico de esa idea política. Recordemos a Hegel, quien planteaba un ciclo donde la idea dominante (tesis) era contrastada por una idea antagónica (antítesis) y cuando las contradicciones agotan la idea dominante surge una nueva idea dominante producto de las anteriores (síntesis). La coherencia, o la falta de ella es la medida en que se ponen de manifiesto las contradicciones que aceleran en fin de un proceso histórico (la idea dominante). El tiempo cronológico establecido institucionalmente para medir la duración de los gobiernos (expresión de una idea política dominante), no expresa este proceso, a lo sumo lo limita o condiciona (por ello la interrupción de estos ciclos condujo tarde o temprano a la vuelta de los mismos, pero ya desdibujados por la alteración cronológica de estos procesos). Si pensamos en nuestra propia historia la interrupción de los gobiernos de Irigoyen en el 30 y de Perón en el 55, son prueba de ello.
Es importante señalar que el criterio de ordenamiento establece una división entre un dominio metafísico u otro físico. La ideología supone una síntesis subjetiva de un conjunto de valores morales o éticos aplicados al devenir de la sociedad y de las personas, estos valores son esencialmente metafísicos; mientras que su formulación a aspectos específicos de la organización social institucional pertenece al dominio físico. Esta formulación lleva al planteamiento estratégico que viabilice su implementación en medidas concretas, esto supone aplicar ciertas restricciones que alineen la estrategia y la política. Por último, la instrumentación de la estrategia de una formulación política vincula las restricciones previas con las que plantea la realidad, esto obliga a una doble restricción: la planteada por la necesidad de coherencia ideología, política y estratégica; y la impuesta por la realidad de donde se aplicarán las medidas propuestas. Dado que lo expuesto, no es de cumplimiento obligatorio podemos tener una serie de combinaciones que es interesante analizar.    
En primer lugar podríamos tener una formulación política sin ideología que la sustente, en cuyo caso la falta de articulación acortará la duración cronológica del ciclo histórico, también la articulación estratégico e instrumental generarían una dispersión de la efectividad de una política general (en las empresas privadas esto se llama  falta de “empowerment” y por ello se desarrollan estrategias de comunicación y alineamiento con la política de la empresa).
En segundo lugar podríamos tener una política alineada con la ideología, pero no articulada con la estrategia e implementación, en cuyo caso la dispersión en los resultados que se pueden obtener, llegándose a producir resultados contrarios a los deseados. Un caso particular es la ausencia de contenido ideológico y político, muy común en propuestas basadas en el concepto de “buena administración” o “aspectos técnicos”, como conceptos que reemplazan la política, los resultados son los mismos.

Quedaría como ejercicio que se clasifiquen las actuales propuestas en este tiempo electoral y juzguemos que resultados pueden esperarse de ellos.

domingo, 30 de junio de 2013

Humor político en los años de la gripe A



Siempre hubo humor, creo que si se busca en estudios históricos, el humor estuvo desde el origen mismo del hombre. Quizás nació para hacer soportable el fracaso, para que un hecho desafortunado aportara algo gracioso. Pero el humor político no nace de hechos graciosos, sino de contradicciones grotescas.
El grotesco mostró siempre como se deformaba una creencia establecida en la sociedad, o en un sector de ella, hasta llegar a una contradicción tan flagrante que su sola enunciación causaba gracia. Hoy el grotesco se explota en la comercialización del humor como “stand up”, género underground resurgido con famoso Lenny Bruce (mas por la película que interpretara Dustin Hoffman y dirigiera Bob Fosse), o quizás fuera iniciado por el recordado (por los que estudiamos en un secundario que si bien no educaba, al menos enseñaba) “mester de juglaría”.
A quienes nos recitaron los monólogos de Parravichini, de “mordisquito” Discépolo (que internet ha resucitado, sin censuras), a quienes tuvimos el privilegio de haber visto (haciéndolos pasar por mayores) a Adolfo Stray, Marrone, Bores y tantos otros, quienes nos aventuramos en sótanos del “off Corrientes” y San Telmo viendo a Gasalla, Perciavalle, Pinti y otros que no vieron después la fama, sabemos que el humor tiene una dimensión política surgida del grotesco.
Como pareciera que es redundante hablar de grotesco político, se habla de humor político (creo que no hablar de grotesco político es una autocensura de quienes cultivan ese género) y tiene muchas vertientes. Está el humor político “neutro”, donde el humorista utiliza  características de personajes vinculados al quehacer político, el humor se basa en alguna característica física, de conducta,  o de personalidad; la neutralidad de este humos es que no va más allá del chiste, el espectador se ríe de un hecho más que del personaje y requiere solo prestar atención. El humor político “tendencioso” utiliza los mismos instrumentos que el anterior, pero persigue la finalidad de predisponer el humor social; el chiste humilla, denigra y predispone, al espectador se le envía un mensaje o meta mensaje donde reafirma su creencia o se la replantea. El verdadero humor político es el que surge del grotesco, tiene un alto contenido ideológico, suele utilizar al humor “neutro”, para amenizarlo, para hacerlo “más digerible” (ya que la crítica social que contiene suele molestar), y se cuida de utilizar el humor “tendencioso” ya que rebaja el nivel de la crítica que expone (quienes hacen un humor político ideologizado, no politizado o partidista, lo utilizan, pero en el mismo sentido que utilizan el humor “neutro”). Este humor requiere un espectador que pueda ver la realidad sin parcialidades, con cierto sentido autocrítico y muchas veces con un nivel de conocimientos que le permitan ver no solo el mensaje sino el meta mensaje del grotesco.
En nuestra realidad política, vemos todos los días el humor neutro de los que tienen que vivir del oficio de humorista y ocupan un lugar dentro de una estructura de medios que establece líneas editoriales oficialistas u opositoras. También vemos quienes se prestan a realizar un humor “tendencioso” para ocupar un lugar en cualquiera de dichos medios. Lo que está cada día más ausente es el verdadero humor político, aquel que expone el grotesco de las contradicciones y conlleva un contenido ideológico no partidista.
Estos humoristas, no nacieron de un repollo, sino de la miseria en que se ha sumergido a quienes profesan ideologías antes que consignas partidarias, personas que creyeron  y hasta militaron por esas ideas (creo que nunca lo hicieron por personajes), personas que fueron profundamente decepcionadas al ver el grotesco de las contradicciones en que han ido cayendo las diferentes expresiones políticas y rescataron el humor de esas contradicciones para poder expresar, en parte, su ideología (piensen desde este punto de vista los monólogos de Pinti en Salsa Criolla).

Así, que no es raro no ver verdadero humor político, ya que la desideologización de la política expone el grotesco de las contradicciones en una forma tan palmaria que la simple lectura de los diarios es un acto de humor político.

domingo, 23 de junio de 2013

¿Elecciones? Yo PASO


El pueblo no gobierna ni delibera sino a través de sus representantes, parece que las cúpulas políticas se lo toman muy a pecho, y cualquiera sea el futuro de las próximas reformas constitucionales esa parte del texto fundacional permanecerá intocable.
Aclarado esto, parece que la actual dirigencia política, fiel al principio constitucional deliberó y eligió quien representaría al pueblo, sin que el pueblo participe, ya que solo  puede ratificar o cambiar el orden de lo decidido por las cúpulas dirigenciales, esta es la finalidad de las PASO.
En este ciclo histórico la dirigencia política no surge a partir de una representación directa de la gente, el viejo lema político (al menos en los partidos de raíz popular) “el dirigente surge de la gente”, es reemplazado cada vez más por “el dirigente surge de los medios”, sino lean a Sartori y su “Homus Videns”. Pero los argentinos no podemos dejar de ser originales y le agregamos algunos condimentos, como ser, la dirigencia política elige a la dirigencia política, según estos criterios: a) Tiene que ser alguien muy allegado a los dirigentes (si es pariente mejor) b) Como puede ser que a) no sea suficiente para conseguir algunos votos más (y como hay lugar en las listas para los propios), tiene que tener buena imagen pública aunque no sepa nada de política (ideal para estos casos artistas, deportistas, mediáticos, etc.) y c) Si no se puede con a) ni con b) lograr una oferta electoral con posibilidades, se  busca a alguien de otro partido. Si alguien duda de este análisis, lo invito a leer en detalle las últimas listas de candidatos a las PASO.
Desde una militancia medianamente coherente y más comprometida con las ideas que con las personas, no puede dejar de verse el deterioro que tiene la calidad de la dirigencia política. Ni pensar que alguien podría pegarse un tiro porque se traicionaron los ideales que se representaba, como Alem, Ingenieros, Favaloro y otros. Tampoco podemos pensar en ejemplos de honestidad como Ramón Carrillo, Scalabrini Ortiz, Ilia y…. (o no son muy conocidos, o yo no los conozco, o habrá tan pocos?). Este deterioro es consistente con el surgimiento de una súper estructura de dirigencia política, que se reproduce a si misma mediante los criterios antes expuestos (se podría agregar algún capítulo argentino a las críticas de Sarte a algunas dirigencias políticas francesas).
El anterior mecanismo de elección de dirigentes, lejos de ser buenos, mas por las prácticas de los políticos que por sus mecanismos, permitía una construcción de abajo hacia arriba, donde la representación se escalaba en local, regional (o provincial) y nacional. Si tomamos el radicalismo o el peronismo, los comités barriales y las unidades básicas eran la base de una pirámide de dirigentes (que se eligieran por representación, por prestigio o a los tiros es otra cosa). Esa representación permitía al dirigente una capacidad de negociación (por representación, prestigio o tiros) sobre la que se construía una dirigencia política que se plebiscitaba electoralmente. De esta forma un dirigente surgía desde su propio ámbito geográfico y esa era su fuente de legitimidad (por representatividad, prestigio o fuerza).
Ese sistema, imperfecto, fue una superación del sistema de representación caudillista donde la construcción del poder era obtenida mediante la delegación del resto de la población por reconocimiento, ignorancia, admiración o sometimiento. Esto sin analizar a los caudillos en forma particular, ni cuestionar las circunstancias y el contexto histórico del que surgieron. Pero es cuanto menos cuestionable, que el actual sistema de surgimiento de los dirigentes políticos sea una evolución positiva respecto del anterior.
Actualmente el sistema de las PASO, es una alternativa que a primera vista parecería ser progresista en su enunciación pero no lo es en su implementación, ya que agrupa en las elecciones locales a las listas provinciales y nacionales, no las separa, siendo por lo tanto las listas con representación local en los grandes espacios políticos, las más perjudicadas sino logran el apoyo o la “bendición” de la dirigencia nacional que ocupa el mayor espacio y logra la mayor repercusión en los medios de comunicación (lo llaman “tracción”). Por otra parte requiere que los candidatos locales dispongan de fondos y medios (locales, espacios publicitarios, etc.), los cuales suelen estar en mayor disposición para los “bendecidos”. Con lo cual, la posibilidad de lograr una representación diversa, termina siendo una restricción para los candidatos, más que una oportunidad de lograr mayor nivel de presencia de postulaciones.    

Por ello no me siento representado por la actual clase dirigente política, porque surgió por la decisión de la misma dirigencia, mediante criterios que no respetan una legítima representación de origen (cualquiera sea) y una construcción piramidal basada en acuerdos (y no en intereses) que superen las disidencias naturales del espacio.

sábado, 18 de mayo de 2013

Mis libros -5-


Este libro reúne los elementos que permiten  formular un análisis de la influencia de la tecnología en el desarrollo económico. El enfoque se basa en la formulación de políticas y su evaluación previa, mediante la utilización de criterios Schumpeterianos.