viernes, 23 de octubre de 2009

Las falsas opciones


No suelo escribir mucho sobre mi pago chico: Bahía Blanca, pero en esta ocasión creo que es una obligación moral fijar una posición. El problema es la falta de agua que sufre la ciudad y no por carencia de recursos, sino por una mala planificación y peor previsión de contingencias.
Bahía Blanca, como toda ciudad del suroeste bonaerense tiene un régimen hídrico semiárido, que se conocía en los viejos manuales escolares (cuando todavía se usaban para aprender y pasaban de generación en generación de hermanos) como la pampa seca. Esta región tiene un régimen hídrico variable, cuyas precipitaciones dependen actualmente del “fenómeno del niño” y que tienen variaciones periódicas, como lo son períodos de lluvias abundantes y períodos de sequía.
Actualmente la región atraviesa un período de sequía, ya previsto por estudios de climatología. Esta sequía está afectando el régimen hídrico del embalse Paso Piedra, que provee de agua potable a la ciudad y por lo tanto la ciudad se enfrenta a la carencia del suministro de agua potable, al ser esta su principal fuente de provisión.
Este embalse comenzó a funcionar en la década del setenta, reemplazando al anterior sistema de provisión de agua que utilizaba perforaciones, las cuales todavía persisten, pero no están vinculadas a los sistemas de tratamiento que requieren, los cuales ya no están y no existen ductos que permitan transportar el agua hacia algún sistema de tratamiento, para reinyectarlo en la actual red de distribución de agua.
En la década del 90, en plena privatización del servicio por parte de empresa la prestadora Azurix, se realizaron estudios tendientes a disponer de un suministro alternativo, los cuales dieron como resultado la factibilidad de utilizar una reserva subterránea existente en el pie de monte de la región serrana, en la vecindad de la localidad de Cabildo.
Así las cosas, se instaló un sistema de provisión de agua que se pensaba inagotable, no se preservaron las anteriores instalaciones como fuente alternativa o de reserva, ni se crearon nuevas fuentes alternativas de provisión, a pesar que el recurso, provenía de un embalse cuyos aportes dependían de lluvias estacionales. La actual sequía era previsible, quizás no en su dimensión actual, pero si en las características generales y las autoridades, en lugar de planificar la emergencia, “hicieron la plancha”.
Hoy, la realidad nos enfrenta a la carencia de agua potable en la ciudad, y nuestra dirigencia en lugar de actuar racionalmente y en forma efectiva, actúa por espasmos (a la zaga de cualquier comentario mediático) y condicionada por fuertes intereses políticos y económicos.
Ante la crisis se plantean varios problemas, el primero es que dentro de la actual demanda de agua potable, un 30% es destinado a proveer a las empresas del Polo Petroquímico, las cuales ofrecieron realizar una planta potabilizadora sobre el arroyo Napostá a la altura del Campus de la Universidad del Sur. Este razonamiento suena muy extraño, ya que si el costo de instalar y potabilizar el agua del Napostá, fuera menor que el costo que actualmente paga el Polo Petroquímico por el suministro de agua, sería negocio para el polo obtener y tratar el agua que consume. Si el costo de potabilizar el agua del Napostá es mayor que el actual costo del suministro que genera el dique Paso Piedras, la pérdida la absorbe la empresa Aguas Bonaerenses o se absorberá por parte de los usuarios. En síntesis, la crisis no afectará a las empresas que usan agua apta para consumo humano como agua de proceso, y el costo lo pagará el usuario particular o el estado, que en definitiva es lo mismo.
Un párrafo aparte merece el planteo del uso del Napostá como solución, ya que esta contaminado y contiene algunos metales que lo hacen no apto para su uso industrial. La primer pregunta es, si el régimen del Napostá depende del mismo régimen hídrico que abastece al dique Paso Piedras ¿no debería una solución de abastecimiento tener un régimen diferente al que esta causando el problema? Una segunda pregunta se plantea ya que el Napostá está contaminado y el tratamiento de esta contaminación genera residuos que también estarán contaminados ¿Qué riesgos planteará esas instalaciones para vecinos del barrio Palihue y para los estudiantes de la universidad? Si se plantea que el contenido de minerales impide el uso industrial del agua del Napostá ¿Cuál será su efecto el la población que consume esa agua?
Ahora bien, si las empresas del polo petroquímico quieren contribuir a generar el mismo volumen de agua que consumen, ¿no existen otras alternativas? como serían la utilización de las antiguas perforaciones o la utilización de los depósitos del pie de monte cercano a Cabildo.
También uno se pregunta si se han realizado estudios sobre los reservorios subterráneos existentes, si se han realizado los estudios de impacto ambiental sobre las distintas opciones que se están manejando para solucionar la crisis, si las tareas de perforación que se están realizando en las cercanías del dique permiten superar la crisis.
Todo esto genera, en quienes tenemos un permanente interés por la cosa pública, una profunda preocupación. La falta de agua no solo deteriora la calida de vida de las personas, sino que pone el riesgo la vida de los más desposeídos, pues al presentarse problemas de potabilidad, surgen enfermedades por falta de higiene y por consumo de agua no potable. Ante esto, las autoridades se preocupan por dar la imagen de que hacen algo, pero quienes tenemos capacidad de ver la realidad, vemos que las soluciones no se generan.
En síntesis, no se previeron soluciones, no se previeron contingencias y no existe una capacidad de realizar acciones eficaces contra esta crisis, ya que la falta de agua no será una molestia, sino que pondrá a muchas personas en riesgo de vida. La política requiere de capacidad para evitar las crisis generando las soluciones que impidan que ellas ocurran y la capacidad de solucionar las crisis imprevistas en forma eficaz, cuando ello no ocurre nos damos cuenta que en lugar de dirigencia política, tenemos administradores de la cosa pública, o peor aún, burócratas incapaces.

domingo, 11 de octubre de 2009

Educación, la primera escuela


Una vieja frase, perdida en la doctrina peronista sobre educación, decía: “la primera escuela es el hogar y la escuela es el segundo hogar”. Para retomar el valor que tienen las palabras, remarco que no se habla de casa o familia, sino de hogar. Buscando en el diccionario vemos que hogar se define como: “La palabra hogar se usa para designar el lugar donde una persona vive, donde siente seguridad y calma”. La mayoría de los chicos que concurren hoy en día a las distintas escuelas, públicas o privadas, difícilmente vivan en un hogar, al menos si nos atenemos a la definición.

Si dejamos de lado los problemas socioeconómicos de exclusión social y las deficiencias estructurales del sistema educativo, y nos concentramos en sectores medios de la sociedad, o sea sectores “incluidos” con acceso a la educación como fuente de educación y no de alimentación, nos encontramos con un fenómeno ampliamente reflejado por los medios: las crecientes trasgresiones a todo tipo de normas de convivencia, morales e incluso conductas delictivas.

Lo que se aprecia en el comportamiento de estos jóvenes y adolescentes, es que su conducta es el reflejo de la educación en el seno del hogar y no es fruto de la educación dada por la institución a la que asisten, por ende los hechos que producen, deben analizarse como fruto de carencias de la educación recibida en el seno del hogar. Los hechos que se dan a publicidad podemos agruparlos en tres categorías: de naturaleza sexual, de naturaleza disciplinaria (con familiares interviniendo) y de violencia.

Si bien estos hechos deben analizarse desde disciplinas como la psicología y la sociología, surgen algunas preguntas cuyas respuestas podría ayudarnos como sociedad a buscar causas y a partir de allí tratar de encontrar soluciones, que dado la naturaleza del problema que enfrentamos no tendrán solución inmediata.

Comencemos con los casos de adolescentes embarazadas, la filmación de escenas de sexo entre adolescentes mostradas en Internet y la violación de menores por otros menores. Parecería que el común denominador es la educación sexual, pero no la impartida por el sistema educativo, sino la que se enseña en el hogar, la que proviene de la conducta de los padres, los abuelos y los tíos o adultos que conforman el núcleo familiar. La primer pregunta que me surge es: ¿que valor transmite a sus hijos una pareja que se formó por un embarazo?, no hablo de una pareja que existía no formalizada (largos noviazgos, convivencia, etc.), sino la que se forma a partir de un embarazo no deseado que se lleva adelante como forma de brindar al niño un mejor ámbito de crecimiento y que condiciona a dos personas a convivir como pareja sin ser este su proyecto de vida. Ese ejemplo, ¿no puede interpretarse por parte del joven adolescente como una forma de “retener o comprometer” a otra persona por la que se siente atraída y con la desea establecer una relación duradera, aunque esta no sea la intención de aquel ?. Cuando un padre alaba escenas de sexo implícito en programas de TV que comparte con sus hijas, ¿no despierta el interés en ellas de comportarse como las mujeres que su padre admira por TV y de avanzar aún más para lograr de ese modo la admiración o la atención de su padre ?. Cuando un padre usa al sexo como forma de dominación sobre otra persona o manifiesta un comportamiento violento ante un objeto de su deseo sexual (la expresión típica de “romperle el c..”) ¿no induce al joven a asociar la violencia y hasta posesión violenta de su objeto de deseo sexual?

Las faltas de acatamiento a las normas de convivencia, desconocimiento de las autoridades y los incumplimientos de obligaciones, también hacen que nos preguntemos si esas conductas no reflejan la educación recibida en los hogares de los jóvenes. Sería interesante ver como es la relación de estos jóvenes con sus padres y sobre todo, como es la relación de estos padres con los suyos. ¿Puede un joven que ve a su padre denigrar a su abuelo, respetarlo? Si un joven ve en su hogar el abandono de sus abuelos (no hablemos de aquellos que por razones de enfermedad requieren algún tipo de atención que se da en algunas instituciones), ¿no es posible que asocie la pérdida de autoridad del padre del padre a que de su propio padre? Si en una casa no se cumplen normas de conducta básicas ¿es posible que en el colegio se acate esas mismas normas? Si la autoridad de un padre o madre se reemplaza por “compañerismo”, “amigismo” o “compincherismo” ¿puede ejercerse en ese joven otra autoridad como la de un docente? Si un padre se refiere en forma despectiva respecto al docente de sus hijos ya sea por su posición económica o por su nivel de instrucción relativo ¿puede este joven reconocerle al docente la autoridad que tiene frente a un curso? Si los padres cometen trasgresiones cotidianas a las normas (pasar semáforos en rojo, llevarse algo escondido de un supermercado, o cambiarle el precio a un producto o muchas transgresiones que realizan cotidianamente a la vista de sus hijos) ¿pueden considerar los jóvenes que cometer trasgresiones está mal? Si un padre comenta una “avivada” con la que obtuvo algún beneficio y se vanagloria de ello ¿Qué respeto por una convivencia bajo un conjunto de normas le enseña a sus hijos?

La violencia es quizás la peor de todas las manifestaciones de la conducta de los jóvenes, ya que suele llevar a situaciones trágicas. Creo que se puede distinguir la violencia contra los más débiles (abuso), la violencia como forma de conducta (peleas) y las reacciones fuera de todo contexto (casos de ataques con armas en forma indiscriminada). En este caso la violencia en los hogares suele tener características cotidianas. No es raro que se alabe el solucionar los problemas por medios violentos (“si no te respetan los agarras a las piñas”) ¿puede un joven que crece en ese contexto buscar soluciones a sus problemas en formas no agresivas? Si la conducta de los mayores a los menores es violenta (golpes, gritos, castigos corporales, etc.) ¿puede un joven relacionarse con otros mas débiles de manera no agresiva? Si un joven recibe permanentemente mensajes de sus padres y mayores sobre respuestas violentas a la violencia (“Si me toca, lo mato”, “para esos paredón”, “si eso me paso a mí agarro un revolver y lo mato”, etc.) ¿puede ese joven, victima de violencia, reaccionar de la manera apropiada?

Como ven cada conducta presenta preguntas que pueden contribuir a buscar causas de esas conductas que nos muestran los medios, con un afán más alarmista o amarillista que reflexivo, buscando más, el impacto de la noticia que poner una señal de alarma en una sociedad que tiene que empezar a pensar en su propia conducta como causa de muchos de los males que nos aquejan. Porque en definitiva somos los actores de estos dramas, son nuestros hijos, quienes tienen casa, cama, comida, salud y educación, y un montón de cosas más. Esos mismos chicos que tienen conductas sexuales de riesgo para ellos mismos, que no acatan las normas por las que todos nos regimos y que se manifiestan en formas más violentas. No son chicos carenciados, ni excluidos, ni parte de algún extraño clan urbano, son nuestros hijos y nos están mostrando con sus conductas que algo les pasa, y que en eso que les pasa, nosotros no somos ajenos.

Debemos escuchar a nuestros hijos y ver como influyen en ellos nuestras conductas, no decirles que tienen que hacer, sino escucharlos y ver como los influimos. Es curioso que esa frase la haya oído de labios de Marilyn Manson, cuando fue entrevistado por Michael Moore en su film “Bowling for Columbine”. Moore le preguntó que les hubiera dicho a los chicos autores de la masacre de Columbine y Manson le respondió que no les hubiera dicho nada, los hubiera escuchado que era lo que evidentemente nadie había hecho. No esperemos la próxima masacre entre adolescentes, preguntémosle hoy, todavía estamos a tiempo.

lunes, 28 de septiembre de 2009

Otra de Michael Moore


Miedo a los Blancos. por Michael Moore
No sé lo que me pasa pero cada vez que veo a un blanco caminando hacia mí, me pongo tenso. Mi corazón empieza a latir más rápido e inmediatamente empiezo a buscar una vía de escape y medios para defenderme. Me critico a mí mismo incluso por estar en esta parte de la ciudad por la noche. ¿Es que no vi esos grupos sospechosos de blancos en cada esquina, bebiendo Starbucks y vistiendo los colores de sus respectivas bandas, sea el turquesa de Gap o el burdeos de J Crew? ¡Qué idiota soy! Ahora el blanco está cada vez más cerca, más cerca y entonces, ufff, pasa de largo sin hacerme daño y respiro aliviado.
La gente blanca me da un miedo que te cagas. Puede ser difícil de entender, teniendo en cuenta que soy blanco pero, claro, mi color me da cierta perspectiva. Por ejemplo, encuentro que doy bastante miedo muchas veces, así que sé de qué estoy hablando. Créeme: si te encuentras rodeado de blancos de golpe, vete con cuidado. Puede ocurrir cualquier cosa. Como blancos, se nos ha hecho creer que es seguro estar junto a otros blancos. Se nos ha enseñado desde la cuna que es la gente de otro color a la que debemos temer. ¡Son los que te cortarán el cuello!
Sin embargo, cuando examino mi vida, veo emerger un patrón extraño pero inconfundible. Cualquier persona que me ha hecho daño en toda mi vida, el jefe que me despidió, el profesor que me cateó, el director de la escuela que me castigó, el chico que me dio en un ojo con una piedra, el ejecutivo que decidió no renovar TV Nation [N. Del T. programa de televisión de gran éxito que dirigía y presentaba Michael Moore], el tipo que estuvo persiguiéndome durante tres años, el contable que pagó mis impuestos dos veces, el borracho que me embistió con su coche, el ladrón que me robó la cadena de alta fidelidad, el contratista que me estafó, la novia que me dejó, la siguiente novia que me dejó aún más rápido, la persona de la oficina que me robaba cheques de mi talonario y los rellenaba con su propio nombre hasta un total de $16.000, cada uno de estos individuos era blanco. ¿Coincidencia? No lo creo.
Nunca me ha atacado un negro, nunca me ha echado de mi casa un negro, nunca me ha estafado mi depósito del alquiler un casero negro, nunca he tenido un casero negro, nunca he tenido una reunión en un estudio de Hollywood con un ejecutivo negro al mando, nunca una persona negra le ha negado a mi hija poder escoger la universidad que quería, nunca me ha vomitado encima un chico negro en un concierto de Motley Crue, nunca me ha parado un policía negro, nunca un vendedor de coches negro me ha vendido un trasto, nunca he visto un vendedor de coches negro, nunca me ha negado un crédito un negro, y nunca he oído decir a un negro "Vamos a eliminar 10.000 puestos de trabajo aquí, tengan un buen día"!
No creo que sea el único blanco que pueda hacer estas afirmaciones. Cada palabra dura, cada acto cruel, cada momento de dolor y sufrimiento en mi vida han tenido una cara caucasiana pegada. Así que, ummm, ¿por qué era exactamente que tenía que temer a los negros?
Pego una mirada al mundo en que vivimos y, no me gusta ser un chivato, pero no son los afro-americanos los que han hecho de este planeta un lugar tan lamentable y peligroso. Recientemente un titular en la sección de Ciencia del The New York Times preguntaba ¿Quién construyó la bomba H? El artículo continuaba con la discusión de la disputa entre los hombres que proclamaban el mérito de hacer la primera bomba. Francamente, no podía importarme menos, porque ya sabía la respuesta pertinente: ¡Fue un hombre blanco! Ningún negro ha construido o usado jamás una bomba diseñada para exterminar vastas cantidades de gente inocente, sea en Oklahoma City, en Columbine o en Hiroshima. No, amigos, siempre son los blancos. Hagamos un repaso:
¿Quién nos trajo la peste negra? Un hombre blanco.
¿Quién inventó el PBC, el PVC, el PBB y tantos otros productos químicos que nos están matando? Hombres blancos.
¿Quién empezó cada guerra en la que han participado los EE.UU.? Hombres blancos.
¿Quién inventó la papeleta electoral con tarjeta perforada? Un hombre blanco [N. Del T. referencia al fraude electoral en Florida en las últimas elecciones presidenciales norteamericanas]
¿De quién fue la idea de contaminar el mundo con el motor de combustión interna? Del blanquito, ese fue.
¿El Holocausto? Ese tío sí que dio mala fama a los blancos.
¿El genocidio de los americanos nativos? El hombre blanco
¿La esclavitud? ¡Blanquitos!
Las empresas estadounidenses echaron a 700.000 personas en el 2001. ¿Quién ordenó los despidos? Los directivos blancos.
Mencionad cualquier problema, enfermedad, sufrimiento humano o la miseria abyecta que sufren millones y os apuesto 10 pavos a que puedo ponerle una cara blanca más rápido que vosotros podéis nombrar los miembros de 'NSync [N. Del T. grupo rapero negro]. Y sin embargo, cuando pongo las noticias cada noche, ¿qué es lo que veo una y otra vez? A negros supuestamente matando, violando, robando, acuchillando, en bandas, destrozando cosas, protagonizando disturbios, vendiendo drogas, haciendo de chulos, prostituyéndose, teniendo demasiados niños, sin padres, sin madres, sin Dios, sin dinero. "El sospechoso ha sido descrito como un hombre negro...el sospechoso ha sido descrito como un hombre negro...EL SOSPECHOSO HA SIDO DESCRITO COMO UN HOMBRE NEGRO...". No importa en qué ciudad esté, la noticia siempre es la misma, el sospechoso siempre el mismo hombre negro no identificado. Hoy estoy en Atlanta y os juro que el retrato-robot de la policía del sospechoso negro en la tele parece exactamente el mismo que vi en las noticias anoche en Denver y la noche anterior en Los Angeles. ¡En todos los retratos frunce el ceño, en todos es amenazador, en todos lleva el mismo gorro de punto! ¿Es posible que el mismo hombre negro esté cometiendo todos los crímenes de América?
Creo que nos hemos acostumbrado tanto a esta imagen del hombre negro como depredador que este lavado de cerebro nos ha arruinado para siempre. En mi primera película, Roger & Me [Roger y yo], una mujer blanca que cobraba de la beneficiencia mataba a un conejo a golpes para venderlo como "carne" en vez de como animal de compañía. Me gustaría tener un penique por cada vez que alguien, en estos diez años pasados, venía y me decía lo "horripilante" que había sido ver a ese "pobre conejito" golpeado en la cabeza. La escena, me decían, les ponía físicamente malos. La Asociación de Cinema Estadounidense le dio a Roger & Me la calificación de "Para mayores de 18 años" en respuesta a la muerte de ese conejo. Me escribían profesores para decirme que tenían que editar esa parte y sacarla de la película si querían mostrarla a sus alumnos.
Pero menos de dos minutos después de que la mujer del conejo realizara su hazaña, venía una escena, real, en que la policía de Flint, Michigan, mataba a un hombre negro que llevaba una capa de Superman y tenía en la mano una pistola de juguete. Nunca, ni una sola vez, me ha dicho nadie: "No puedo creer que mostraras cómo disparaban a un hombre negro en tu película! ¡Qué horrible! ¡Qué desagradable! No pude dormir durante semanas". Al fin y al cabo, sólo era un negro, no un conejito taaan bonito. El consejo de calificación no vio absolutamente nada malo en esa escena. ¿Por qué? Porque es normal, natural. Nos hemos acostumbrado tanto a ver matar a negros (en las películas y en las noticias) que lo aceptamos como procedimiento normal. ¡Ya ves! Eso es lo que hacen los negros, matar y morir. Vaya. Pásame la mantequilla.
Es extraño que, a pesar del hecho que la mayoría de los crímenes los cometen los blancos, siempre asociamos caras negras a lo que pensamos como "crimen". Pregunta a cualquier blanco quién temen que pueda entrar en su casa o hacerles daño en la calle y, si son honestos, admitirán que la persona que tienen en mente no se parece mucho a ellos. El criminal imaginario en su coco se parece a Mookie o Hakim o Kareem, no al pecoso Jimmy.
No importa cuántas veces sus congéneres blancos dejen claro que es el hombre blanco al que hay que temer, simplemente no acaba de penetrar en la conciencia. Cada vez que sale en la tele una noticia de otro tiroteo en una escuela, siempre es un chico blanco el que está haciendo la masacre. Cada vez que pillan a un asesino en serie, es un demente blanco. Cada vez que un terrorista pone una bomba en un edificio federal, o que un loco hace que 400 personas beban Kool-Aid [N. Del T. marca de refrescos norteamericana, que ofrece mil y un sabores diferentes], o que un letrista de los Beach Boys hace una arenga para que media docena de imberbes asesinen a "todos los cerdos" de Hollywood Hills, sabes que es un miembro de la raza blanca con sus viejos trucos.
Entonces, ¿por qué no huimos corriendo despavoridos cuando vemos a un blanco que se acerca? ¿Por qué no recibimos al candidato blanco que se presenta a un puesto de trabajo con "Vaya, mmm, lo siento, no hay ningún trabajo ahora mismo."? ¿Por qué no nos preocupa que nuestras hijas se casen con blancos? ¿Y por qué el Congreso no intenta prohibir las letras peligrosas y ofensivas de Johnny Cash ("Maté a un hombre en Reno/sólo para verlo morir), las Dixie Chicks ("Earl tenía que morir), o Bruce Springsteen ("Maté todo lo que se cruzó en mi camino/no puedo decir que me arrepienta de lo que he hecho)
¿Por qué ese interés en las letras de los raps? ¿Por qué los medios no sacan letras tales como las siguientes, y cuentan la verdad? "Vendí botellas de pena, luego escogí los poemas y novelas" (Wu-Tang Clan), "Gente, usad vuestros cerebros para ganar" (Ice Cube), "Una madre soltera viviendo de la beneficiencia...dime cómo lo hiciste" (Tupac Shakur), "Intento cambiar mi vida, lo ves, no quiero morir siendo un pecador" (Master P).
Los afro-americanos han estado en el peldaño más bajo de la escala económica desde el día en que los arrastraron aquí encadenados. Cualquier otro grupo inmigrante ha podido avanzar desde el fondo hasta niveles más altos de la sociedad. Incluso los americanos nativos, que están entre los más pobres de los pobres, tienen menos hijos viviendo en la pobreza que los afro-americanos.
Probablemente pensaras que las cosas habían mejorado para los negros en este país. Al fin y al cabo, teniendo en cuenta los avances que hemos hecho en eliminar el racismo en nuestra sociedad, uno pensaría que los ciudadanos negros habrían visto aumentar su nivel de vida. Una encuesta publicada en el Washington Post en julio de 2001 mostraba que entre el 40 y el 60% de la gente blanca pensaba que la persona negra media lo tenía igual o mejor que la persona blanca media.
Piénsalo mejor. Según un estudio de los economistas Richard Vedder, Lowell Gallaway y David C. Clingaman, los ingresos medios anuales de un norteamericano negro son 61% menores que los del blanco. Es la misma diferencia porcentual que en 1880. No ha cambiado absolutamente nada en más de 120 años.
¿Quieres más pruebas? Piensa en lo siguiente: - Los pacientes negros que sufren ataques al corazón tienen muchas menos posibilidades que los blancos de que les pongan un catéter cardíaco, independientemente de la raza de sus médicos. - Los blancos tienen cinco veces más posibilidades de recibir tratamiento anti-coagulante de emergencia después de sufrir un infarto - Las mujeres negras tienen cuatro veces más posibilidades de morir durante el parto que las blancas - Los niveles de desempleo negros han sido más o menos el doble que el de los blancos desde 1954.
Entonces, ¿cómo hemos podido los blancos salirnos con la nuestra ? ¡La ingenuidad caucásica! Resulta que éramos muy tontos. Llevábamos el racismo abiertamente, como idiotas. Hacíamos cosas realmente obvias como poner señales en los servicios que decían SOLO BLANCOS. Hacíamos que los negros se sentaran al fondo del autocar. Les prohibíamos ir a nuestras escuelas o vivir en nuestros barrios. Tenían los peores trabajos (anunciados como SOLO NEGROS) y dejábamos claro que, si no eras blanco, te íbamos a pagar un salario menor.
Bueno, esta segregación abierta, exagerada, nos metió en muchos problemas. Un grupo de abogados engreídos fue a los juzgados. Remarcaron que la decimocuarta enmienda no permitía tratar a nadie de forma diferente por su raza.
Al cabo del tiempo, después de una larga procesión de fracasos judiciales, manifestaciones y disturbios, captamos el mensaje: si queréis ser racistas con éxito, mejor encontrad una forma de hacerlo con una sonrisa en la boca. Incluso nos sentimos tan magnánimos como para decir "Claro que podéis vivir en nuestros barrios, que vuestros hijos pueden ir a nuestras escuelas. ¿Por qué no, demonios? Al fin y al cabo, ya nos íbamos". Sonreímos, les dimos una palmadita en la espalda y corrimos a refugiarnos en los suburbios.
En el trabajo aún tenemos los mejores trabajos, el doble de sueldo y un asiento delante del todo en el autobús hacia la felicidad y el éxito. Hemos hecho trampa en el sistema desde que nacimos, garantizando que los negros fueran a las peores escuelas, previniendo así que fueran a las mejores universidades, y preparándoles el terreno para realizarse sirviéndonos el café con leche, arreglando nuestros BMWs y recogiendo nuestra basura. Oh, sí, algunos se cuelan, pero pagan una tarifa extra por el privilegio: el médico negro que lleva un BMW es detenido continuamente por la policía; la actriz negra de Broadway no puede encontrar un taxi después de la estruendosa ovación; el analista financiero negro es el primero en ser despedido a causa de la "antigüedad".
Nosotros los blancos merecemos algún tipo de premio al genio por esto. Nos enrollamos con el rollo de la inclusión, celebramos el aniversario del Doctor King, nos molestan las bromas racistas. No olvidamos nunca mencionar a "mi amigo -que es negro-...". Nos aseguramos de poner a nuestro único empleado negro bien visible en la recepción para poder decir "Lo veis, nosotros no discriminamos, contratamos a gente de color".
Sí, somos una raza ingeniosa, astuta, ¡y vaya si no nos ha ido bien! Me pregunto cuánto tiempo tendremos que vivir con el legado de la esclavitud. Sí, correcto, he sacado el tema. ESCLAVITUD. Casi puedes oír los lamentos de la América blanca cuando sacas el tema de que aún sufrimos el impacto del sistema de esclavitud. Bueno, lo siento, pero las raíces de la mayoría de nuestros males sociales se pueden buscar directamente en este capítulo enfermizo de nuestra historia. Los afro-americanos nunca tuvieron la oportunidad de tener las mismas oportunidades que el resto de nosotros. Sus familias fueron destruidas con toda intención, se les extirpó su lenguaje, su cultura y su religión. Se institucionalizó su pobreza para que recogieran nuestro algodón, para que lucharan nuestras guerras, para que nuestras tiendas permanecieran abiertas toda la noche. EE.UU. tal como lo conocemos no habría llegado a ser nunca lo que es si no fuera por los millones de esclavos que la construyeron y que crearon su vibrante economía, y por los millones de sus descendientes que siguen haciendo el mismo trabajo sucio para los blancos hoy en día.
No es que estemos hablando de la antigua Roma. Mi abuelo nació justo tres años después de la Guerra Civil. Sí, mi abuelo. Mi tío-abuelo nació antes de la guerra civil. Y yo sólo tengo cuarenta y pico. Claro, parece que la gente en mi familia se casa tarde, pero el hecho permanece: sólo estoy a dos generaciones de la época de la esclavitud. Eso, amigos míos, no es "hace mucho tiempo". En el vasto espacio de tiempo de la historia humana, fue ayer mismo. Hasta que nos demos cuenta de esto, y aceptemos que hoy tenemos la responsabilidad de corregir un acto inmoral que aún tiene repercusiones hoy en día, nunca eliminaremos la mancha más grande en el alma de nuestra nación.

lunes, 14 de septiembre de 2009

Soluciones eficaces, burocráticas o políticas


Las sociedades humanas, se organizan en base a regulaciones y solidaridad, esta visión se desprende del contractualismo, que propone la organización de la sociedad mediante un contrato que otorga al estado la potestad de regularla. La solidaridad surge de las acciones institucionalizadas de la misma sociedad que cubre la asistencia a quienes están en distintas situaciones de riesgo, como es el caso de bomberos voluntarios, grupos de asistencia social, sociedades de fomento, asociaciones vecinales, bibliotecas populares, etc.
Centraremos nuestro interés en las regulaciones de la sociedad, ya que el análisis de la solidaridad está regido por principios éticos y morales, que no serán objeto de nuestro análisis. Las regulaciones son (para nuestro caso que tenemos derecho positivo) en realidad principios normativos de tipo jerárquico, la regulación fundacional resulta la Constitución, le siguen las leyes y decretos nacionales y provinciales (nuestro caso, ya que somos un país federal, al menos en teoría), las ordenanzas municipales y las resoluciones y reglamentaciones de entes oficiales de distinta jerarquía.
Definido el cuerpo normativo, las regulaciones emanadas de él, tienen como objetivo esencial la solución de conflictos surgidos en el seno de la sociedad, ya que la evolución de la sociedad se produce por el constante surgimiento de conflictos y la solución de los mismos. Los conflictos y soluciones, tienen un marco temporal que define la duración del conflicto y su solución, así por ejemplo: los conflictos que plantea el uso de una nueva tecnología para la producción bienes específicos, plantea conflictos en relación al medio ambiente, la seguridad de los trabajadores y el impacto en el medio socio-económico, que puede resolverse en un caso en particular, o estudiarse una solución general que regule todo el uso de esa tecnología.
Siguiendo este ejemplo, una solución particular puede autorizar la producción, sin realizar ningún estudio en particular, también se puede estudiar el caso para sancionar una regulación general, o puede resolverse “ad referendum” de una regulación posterior. Cada solución plantea nuevos conflictos en un horizonte temporal diferente: a) corto plazo, la autorización podría ser revocada a posteriori o condicionado su funcionamiento con regulaciones que la hagan antieconómica, b) mediano plazo, la resolución “ad referendum”, plantea el conflicto de la demora sobre una situación de factibilidad económica, dada la incertidumbre que condiciona al proyecto, y c) largo plazo, la postergación generalmente trunca cualquier proyecto de inversión.
En síntesis, tenemos una sociedad organizada en base a regulaciones y solidaridad, cuya evolución se produce por sucesiones de conflictos y soluciones a dichos conflictos en distintos horizontes temporales. Si nos centramos en las soluciones de los conflictos, dentro del marco que hemos establecido, estas pueden suprimir el conflicto existente planteando nuevos conflictos o solucionarlo sin que surjan nuevos conflictos, independientemente del horizonte temporal. Así podemos definir a la solución eficaz de un conflicto como aquella que no plantea nuevos conflictos, ni en lo inmediato, ni en un futuro lejano (existe un límite a este horizonte temporal, dado por la dinámica evolutiva de la sociedad que torna obsoletas determinadas medidas o regulaciones).
Toda solución no eficaz, plantea un retardo de tiempo hasta la aparición del nuevo conflicto. Estas soluciones solo retrazan la solución eficaz o los nuevos conflictos. En el primer caso definimos a estas como soluciones burocráticas y en el segundo como soluciones políticas. La solución burocrática plantea nuevos conflictos por la demora, pero se encuadra dentro del marco regulatorio existente. La solución política solo busca alejar el conflicto del espacio temporal inmediato, aún a costa de plantear más conflictos a futuro o generar nuevos conflictos.
En toda gestión de gobierno se alternan estas soluciones, el éxito de ella dependerá de cuantas soluciones eficaces se logren en los temas que se hayan considerado prioritarios, cuantas soluciones burocráticas se hayan producido y a cuantas soluciones políticas se haya tenido que recurrir. Es común en muchos gobiernos, confundir solución burocrática con solución eficaz, cuando por ejemplo se propone como solución a un conflicto la sanción de una ley, la cual debe reglamentarse, ponérsela en vigencia y hacérsela cumplir, lo cual logrado muy pocas veces, ya que muchos gobiernos generan mas leyes de las que son capaces de hacer cumplir, generando esto: conflictos por incapacidad de cumplir el rol de regulador que tiene el estado. Esta situación se ha generalizado en países en vías de desarrollo, por la aplicación de políticas de reducción del estado, quedando este incapacitado para ejercer la regulación de la sociedad por aplicación de la normativa existente.
En el ámbito de la gestión, también suele confundirse la solución política, con la solución burocrática, ya que ante un reclamo de la sociedad (falta de servicio de cloacas, falta de asistencia sanitaria, etc.) se plantea una solución burocrática como ser: estudios o llamados a licitación, pero que, dada la característica del reclamo, el tiempo de la solución excede los requerimientos que plantea el conflicto y solo sirve para dar una respuesta que justifica la intervención del estado, dejando latente un conflicto irresuelto o que derive en mayores conflictos.
Sería un ejercicio interesante tomar 10 o 20 medidas de los últimos gobiernos, identificar el conflicto, clasificar la solución que se les ha dado y ver los resultados en el tiempo. Podemos asombrarnos de lo que encontremos, aunque conviene recordar las palabras del presidente Perón: “un gobierno puede considerarse exitoso si logra llevar a cabo el 50% de las medidas que pretende”, pero bueno, Perón era Perón.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Entrevista a Sartre



Esta entrevista fue emitida por un canal de cable y originalmente por la TV de Canadá. Este documento está dividido en 6 partes y creo que Sartre es imprescindible para entender el rol de un intelectual y de su compromiso político.

1/6
http://www.youtube.com/watch?v=Iz76Q6O51bI

2/6
http://www.youtube.com/watch?v=_7JOx5Yig1g

3/6
http://www.youtube.com/watch?v=kYBNHewJI5g

4/6
http://www.youtube.com/watch?v=bGkj8jExRIE

5/6
http://www.youtube.com/watch?v=GN9QNkB6SlY

6/6
http://www.youtube.com/watch?v=xBCTDThrQ9s

sábado, 5 de septiembre de 2009

El culpable es la víctima


Parecería por el título, que uno fuera a habar del sistema judicial, pero, aunque hay mucha lana en esa madeja, he observado que culpar a la víctima es parte de las conductas de esta sociedad y por carácter transitivo de su dirigencia.
Podemos observar que desde la famosa frase acunada en épocas de la dictadura “por algo será”, cambió en mucho la conducta social frente a las víctimas, y no hablo de víctimas del estado, dictatorial o democrático, sino que me refiero como víctima a cualquier persona o grupo de ellas (sin distinción de género, raza o condición) que sufre una lesión de su persona o de un derecho, en forma compulsiva.
Hagamos un breve racconto de algunos casos: si una mujer es violada, debe demostrar que no provocó a su agresor, si una persona es robada, debe demostrar que no hizo ostentación de sus bienes, si una persona es agredida, debe probar que no provocó en forma alguna a su agresor o si una persona es asesinada, debe probarse que no tuvo reacción alguna de defensa. En estos casos, no considero aspectos legales, sino la reacción de la gente frente a esos hechos, por ejemplo ante una violación la gente suele preguntar por las características de la víctima y no ante la brutalidad del hecho, nadie considera que es un derecho elemental de cualquier ser humano consentir una relación, y no hablemos de que considera la gente si la víctima es un varón (la mayoría suele preguntar si era homosexual) o un transexual (como si su condición le suprimiera el derecho a consentir la relación). Ante el mismo hecho, también hay otras maneras de “culpabilizar a la víctima”, si la víctima es una mujer mayor (la frase suele ser: “le hicieron un favor”), si es una trabajadora sexual (también se le suprime el derecho de consentir), también están los casos donde: la víctima pertenece a alguna minoría, tiene alguna discapacidad, tiene alguna enfermedad mental (puede pensarse como una incapacidad en el derecho a consentir). En síntesis, nadie prioriza el derecho de las personas a consentir una relación, consentimiento que puede negársele a la víctima mediante la violencia o mediante algún tipo de condicionamiento (un adicto en estado de abstinencia, una persona desfalleciente de hambre, amenazas sobre la estabilidad laboral, etc.).
De la misma manera que el disfrute de los bienes fruto del trabajo de una persona, su integridad física o su vida, son objeto de de una “revisión crítica” por parte de una sociedad, que ignora una escala de prioridades en los derechos de las personas. Esa supresión de la conciencia ciudadana sobre sus derechos ocasiona la falta de solidaridad ante las victimas y la condena social de los victimarios. Esto no significa la supresión de las garantías de los derechos del victimario, los cuales podrá ejercer en la instancia judicial utilizarlos para obtener una condena más benigna. Condenada una persona, preocupa la falta de condena social, ser victimario ya no es un estigma social, hasta suele ser reivindicado y resulta que el violador es un “macho imparable”, el ladrón es un “justiciero social”, los agresores son “emocionalmente hiperactivos” y los asesinos “defensores de su vida”.
Estos derechos a la integridad de la persona, al disfrute de sus bienes y a la vida, que se reconocen legítimos y prioritarios a nivel del individuo, no son reconocidos a nivel colectivo, lo cual es mucho más preocupante. Existen, en nuestro país un ordenamiento jurídico, donde la constitución y las leyes forman parte de la mayor jerarquía normativa, pero también existen resoluciones, ordenanzas o reglamentaciones que fijan la conducta de las personas. En estos componentes normativos encontramos también elementos de “culpabilización de víctimas”.
Tomemos un ejemplo, si una persona conduciendo un auto, es chocada por otro vehículo que cruzó un semáforo en rojo, debe: tener puesto el cinturón de seguridad, tener seguro contra accidentes al día, haber realizado la VTV de su automóvil y tener registro de conductor, como mínimo para obtener el derecho a ser indemnizado por el accidente del cual fue victima, do no ser así probablemente deba recurrir a una instancia judicial para que se le reconozca su derecho. También podemos poner como ejemplos: la mora administrativa de los organismos de control, los accidentes laborales, el cobro de seguros, etc. En resumen, las victimas no son tales, sino que se las presume “estafadoras” o “con reclamos excesivos”, sobre sus derechos de víctima.
Un último nivel de “culpabilización de víctimas”, produce cuando se niegan los derechos de protección y regulación sobre una sociedad que, indefensa, es la permanente víctima. La falta de programas universales que combatan la pobreza generada millones de excluidos que carecen de lo elemental, y que deben soportar que los traten como “mendigos” o “vagos” por no tener trabajo, cuando el estado no ha generado las condiciones de desarrollo económico par alogar pleno empleo. Las decenas de miles de victimas de accidentes de tránsito originados en malas regulaciones e infraestructura de las vías de comunicación, que son llamados “conductores irresponsables”, que son multados por nimiedades en rutas que no tienen capacidad para soportar la intensidad de transito a que son sometidas. Los millones de enfermos por falta de infraestructura sanitaria y medio ambiental, que no cumplen las disposiciones sanitarias, cuando ni siquiera tienen agua potable, o que enferman por la contaminación de empresas que publicitan en todos los medios su contribución a la economía país, mientras pequeños empresarios que apenas superan los niveles mínimos de contaminación son clausurados. Las decenas de victimas de la violencia que no son protegidos por un estado que tiene funcionarios incapaces de generar políticas de seguridad efectivas. Los millones de víctimas de las drogas que son tratados como delincuentes (no importa lo que diga la corte) en lugar de considerarlos enfermos y darles tratamiento.
Por último, esta sociedad está siendo victima de la falta de educación, ahogada en medio de encuestas, planes pedagógicos y leyes educativas, sin reconocer el rol del docente como actor imprescindible, sin respetar al alumno como eje y sujeto, con obligaciones y derechos vinculados. A esta sociedad se la está privando de ser constructora de su destino, por la falta de una educación que nos convierta en mejores personas y no en personas instruidas, quizás cuando logremos eso seremos solidarios con las víctimas y no las culparemos por lo que han sufrido.

lunes, 31 de agosto de 2009

Los medios y las necesidades


Casi todos los medios, hablan, opinan o discuten sobre la iniciativa de la nueva ley de medios audiovisuales que propone el gobierno. Si bien se puede reconocer que este proyecto de ley obedece a una disputa de poder entre el gobierno y algunos grupos empresariales que manejan los medios de comunicación, no se puede dejar de reconocer que el marco regulatorio de los medios de comunicación está regido por un decreto de la dictadura militar de los años setenta.

El actual marco regulatorio resulta entonces inadecuado por las siguientes razones: respondió a las necesidades de un gobierno de facto, no incorpora en su articulado la participación de las instituciones de la democracia, es tecnológicamente obsoleta y no incorpora como actores a las organizaciones de la sociedad. Si bien podemos estar de acuerdo o no con el proyecto presentado y las razones que lo motivaron, no podemos dejar de reconocer que es imposible carecer de un marco regulatorio que no incorpore a las nuevas tecnologías, ya que ello crea un vacío legal, tampoco que actores de la vida social e institucional no tengan participación.

Quizás no sea el momento mas oportuno para dar un debate sobre esta ley, pero una demora de casi 30 años en dar un nuevo marco normativo, habilita la creación de un espacio de debate. Es preferible una ley actual y obtenida en un marco institucional democrático, que un decreto obsoleto y fruto de los intereses de una dictadura. En última instancia, la vigencia de la vida democrática permite corregir, modificar o crear una nueva norma, si se está de acuerdo con la ley que se apruebe o si esta no cumple los objetivos propuestos.