lunes, 27 de diciembre de 2010

Seguridad: Otra vez sopa



Me repito y repito, el problema de la seguridad obedece a reintentar soluciones usando modelos obsoletos y fracasados. La seguridad se construye con medidas innovadoras basadas en funcionarios capaces y sin vinculación con las estructuras institucionales existentes. En ese sentido la medida tomada por la presidenta de designar a la Dra. Garré al frente del ministerio de seguridad ha constituido un doble acierto (convengamos que últimamente he coincidido poco con las medias tomadas por la presidenta para que no se me tilde de oficialista).

Es positivo que se asigne al tema seguridad una entidad institucional relevante y no una facultad delegada en otro funcionario y también es positivo que la máxima responsabilidad institucional sea ejercida por alguien que no tenga vinculación con las estructuras institucionales de seguridad ya establecidas. La única observación que puede hacerse es la inevitable asociación entre la anterior función de la ministra Garré frente al ministerio de defensa, que la vincula al manejo del máximo nivel de la fuerza que puede ejercer el estado (aunque también podría haberse hecho a propósito para conformar a algunos “derechosos” que reclama mandar los militares a la calle).

Hasta ahí mis coincidencias, pero a partir de estas veo que se cae en los mismos errores que han hecho fracasar anteriores políticas de seguridad. Para que no queden dudas de mi posición técnica, no política, hablaré de aquí en más como ingeniero y no como analista político. Parte de mis discrepancias se basan un trabajo presentado en el congreso mundial de ingeniería: “Ingeniería 2010”.

La primera discrepancia surge de la falta de definición política sobre el alcance de la seguridad pública, ya que si esta se restringe solamente al control del delito y la violencia social, caemos en la trampa ideológica de la derecha, pues la única solución posible cae en aspectos represivos o disuasivos por el uso o exhibición de fuerza. La posibilidad de combinar redes sociales con fuerzas de seguridad e instituciones de asistencia ante carencias extremas que puedan desembocar en conductas delictivas, impide actuar en profundidad sobre las causas del delito. La no coordinación de instituciones bajo una misma autoridad institucional provoca una actuación no coordinada de agentes públicos que deban concurrir ante emergencias de seguridad. Un ejemplo de ello podría ser la caída de un avión sobre un área poblada, un incidente meteorológico extremo (tornados, huracanes, incendios masivos, etc.), la toma de un penal (recordemos lo que pasó en Chile) y no necesariamente el accionar de okupas movilizados por agitadores sociales o delincuentes.

La segunda discrepancia, también política, es restringir el ámbito geográfico y jurisdiccional de las acciones de seguridad, las cuales deben ser de alcance nacional, subordinar a todos los agentes provinciales y municipales. Esto implica un gran riesgo político, pero sin peligro no hay gloria. Las políticas de descentralización permiten solo diluir la responsabilidad política, pero no son eficaces.

Mis otras discrepancias son estratégicas. La primera se refiere a la estructuración del modelo de acción de las medidas de seguridad, este modelo debe ser un modelo preventivo implementado a nivel táctico con la utilización de toda la tecnología disponible y la integración de la mayor cantidad de agentes públicos organizados en redes supervisadas por las instituciones del estado. La segunda discrepancia, es el mantenimiento de la estructura jerárquica de las fuerzas de seguridad, a nivel operativo, modelo que facilita la comisión de actos de corrupción o de convivencia con delincuentes. La tercera discrepancia es la no utilización del potencial tecnológico existente. el cual pareciera que solo se restringe a la utilización de cámaras de seguridad (lo cual es bueno para los vendedores de cámaras de seguridad).

Existen otras diferencias menores, pero creo que debe dar tiempo a las actuales autoridades para definir su rumbo de acción, el cual puede obtener algunos resultados, pero creo que difícilmente pueda obtener un éxito contundente en materia de seguridad pública.


 

lunes, 20 de diciembre de 2010

En defensa de Garré


No creo que la Dra Garré necesite de mi defensa, ni esta surge de mi plena coincidencia con ella o de la total aceptación de su gestión, pero el Grondona que escribe el artículo en la Nación es el que responde a las contradicciones ideológicas que se encuentra en las antípodas de mi pensamiento, y que es en realidad su verdadera ideología. Por ello, y como he tenido que reconocerle cierta honestidad intelectual en algunas de sus últimas notas, este artículo me reivindica con mi ideología, pues pocas veces se ve aflorar la intransigencia liberal de derecha como en este artículo.
El artículo arranca mostrando la hilacha de su autor, al establecer como decisivo que la sociedad se estructure entre quienes mandan y quienes obedecen, nada más antidemocrático que ese pensamiento. La afinidad de Grondona con la estructura militarista, no le ha permitido comprender la diferencia fundamental entre autoridad y autoritarismo, la primera se ejerce y se acepta, mientras que la restante se declama y se impone por la fuerza. El “hombre fuerte” que señala Grondona es un autoritario, pues su incapacidad para comprender los liderazgos de masas le hace confundir autoritarismo con autoridad. No es el primero ni el único que confunde estos conceptos, ya Sarmiento en su Facundo asimilaba la autoridad de los jefes montoneros al salvajismo y la barbarie. En esa línea de pensamiento toda autoridad emanada de la aceptación de las masas se convierte en autoritarismo y no en un consenso democrático de delegación de autoridad. Grondona, que cita a los griegos hasta el hartazgo, debería recordar que las circunstancias extraordinarias hacían que los griegos nombraran tiranos para superar épocas de crisis, como las que ocurrían en tiempos de guerra, pero la condición era que estos fueran aceptados por el pueblo. Los contractualitas como Hobbes, Locke y Rousseau, también muy citados por el autor, admitían que el hombre cedía su libertad a la autoridad del soberano, a cambio de que se le garantizara ciertos derechos. Como vemos, el primer párrafo del artículo ya identifica a su autor con la más rancia tradición antidemocrática y antipopular.
El artículo continúa planteando que la autoridad que ejercía Néstor Kirchner, no ha sido retomada por ningún funcionario, esta es una sutileza para tirar por elevación un palo a la presidenta, dejando entrever que los ministros ejercen su autoridad por “motus propio” y que la ausencia del ex presidente deja un gobierno sin autoridad.
Al plantear las características de la gestión de la Dra. Garré, indica que esta se equivoca al no definir a un “enemigo” en su gestión. Este concepto, propio de “la hora de la espada” desconoce que carecer de enemigo es una estrategia válida ya que la política de defensa se estructura en base a una política más general, y aunque Grondona prefiera que un general estructure la política, la política de defensa se acuerda con la política exterior. Si nuestro país plantea una integración regional y una solución pacífica al conflicto de Malvinas, no hay hipótesis de conflicto y por lo tanto no hay “enemigo”, y en esto coincido plenamente con la política de defensa. Plantear una hipótesis de conflicto, no solo llevaría a entorpecer la integración regional sino a destinar gastos en un equipamiento militar cuya utilidad sería nula. En ese contexto, el Dr. Grondona debería leer el plan nacional de defensa para ilustrarse, ya que existe un objetivo en la órbita de defensa que supone un rol distinto de las instituciones militares (coincida o no con él) que sustituye plenamente al planteo de una hipótesis de conflicto. La última y patética referencia de Grondona al equipamiento militar de Chile y Brasil, pretende agitar el fantasma de un hipotético conflicto que solo existe en mentes trasnochadas.
La crítica al no ascenso de ciertos oficiales a rangos superiores, es una potestad de la autoridad que Grondona le niega a la ministra, ya que es la autoridad quién designa a los subalternos que acompañan su gestión. Si bien no puede negársele el derecho a cualquiera a pretender ocupar determinado cargo, nadie se imagina como jefe de la policía al hijo del Gordo Valor, independientemente de la persona que este sea. Somos en parte obra de quienes nos precedieron, o si se prefiere para aquellos que gustan de asistir regularmente a misa: “pagarán los hijos las culpas de los padres”.
Veladamente Grondona propone, como todo derechoso, la fuerza como única solución al problema de la seguridad y cualquier planteo en contrario se descarta previamente como imposible. Supone entonces que la Dra. Garré fracasará al no poner a los delincuentes como “enemigos” y usar la fuerza de la policía instrumento de represión del delito. Ignoro si la Dra Garré fracasará o no, porque desconozco que medidas tomará. Algunas medidas que ha tomado me parecen acertadas y otras no, pero mis estudios sobre seguridad me permiten asegurar que la solución no pasa por utilizar un modelo represivo. No será entonces, el no utilizar la fuerza en la represión del delito la causa del fracaso de la gestión del ministerio de seguridad, aunque seguramente será el sonsonete de la derecha ante cada hecho delictivo.
La última perlita del artículo es disyuntiva que le plantea a la presidenta: “salvar la ideología a costa del buen gobierno, o rescatar el buen gobierno a costa de la ideología”, este pensamiento solo puede caber en las mentes de quienes, como decía Jauretche, ponen la nación al servicio de la ideología y no la ideología al servicio de la Nación. En definitiva este es el verdadero Grondona, un intelectual liberal de derecha, con alguna cierta honestidad intelectual, que a la hora de definirse en hechos cotidianos condiciona ciertas ideas liberales a sus naturales tendencias autoritarias de derecha. La Dra. Garré es una funcionaria con ideas de izquierda, que responde a las políticas delineadas por la presidente y mantiene cierta coherencia entre su ideología y su gestión, que para los tiempos que corren no es poco.

domingo, 19 de diciembre de 2010

Actualizando




Hace tiempo que otras ocupaciones más urgentes me alejaron de la obligación que me había impuesto de pensar y escribir sobre la política argentina. No dejé de leer e informarme de los hechos que fueron ocurriendo y así en una pausa de mis otras obligaciones trataré de actualizar mi opinión sobre los hechos que considero más importantes.
El primer hecho trascendente fue el de WikiLeaks: la fuga de información y su divulgación. Es innegable que el actual estado de los sistemas de comunicación impide guardar secretos, o aún más, impedir que estos se difundan. Si aceptamos esto, el hecho en sí no debería asombrarnos ya que en un volumen de información que circula por numerosos canales, la fuga es una realidad estadística, y lo que llama la atención sobre este caso, no es la fuga en sí, sino la reacción de los involucrados. La información divulgada no era desconocida por la mayoría de los actores de la política internacional, pero era “convenientemente olvidada”, de allí que su difusión pública resulte muy similar al caso del rey desnudo (aquel al que habían estafado diciendo que le harían un vestido magnífico al que los idiotas no podrían ver, todos los nobles enterados del caso alabaron al rey desnudo hasta que un niño gritó que el rey estaba desnudo). Así es que nadie se sorprendió con la difusión de los cables secretos, sino que se sorprendieron de que todo el mundo se entrara de los que ellos ya sabían y que no deseaban que nadie más supiera. Obviamente se castigó al mensajero, y el director de WikiLeaks fue acosado judicial y económicamente. Aquí se produce el hecho más llamativo, que fue la reacción de intelectuales y hackers. Los intelectuales se dividieron entre los que realmente son liberales y los que solo utilizan el liberalismo como argumento político. Los que realmente son liberales estuvieron a favor de lo hecho por WikiLeaks (merecería un capítulo aparte la nota de Mariano Grondona en La Nación, pero nobleza obliga a reconocer que reaccionó como un verdadero liberal y apoyó a Assange, cosa que no muchos de sus “colegas” hicieron) ya que los secretos sobre cuestiones de estado no integran el “corpus ideológico” del liberalismo. Lo más importante de todo esto, a mi criterio, fue la reacción de una cantidad importante de hackers nucleados en “Anonymous”, pues rompe la lógica personal de la mayoría de los hackers, que es ser un francotirador solitario equipado con un nivel de conocimientos superior a la media y una ideología anarco-tecno-individualista. La potencial capacidad de daño a las estructuras On-Line que podría tener este grupo, hace parecer a cualquier red terrorista como chicos de jardín de infantes.
El segundo hecho trascendente fue la toma de terrenos públicos, las protestas de los vecinos, la violencia que se desató y para variar los errores de los funcionarios públicos. Si empezamos por el principio debemos establecer que tanto el gobierno nacional como el gobierno porteño cometieron un error gruesísimo, desconocer la dinámica social de la exclusión o más precisamente desconocer que en la dimensión del fenómeno de la exclusión existen factores sociales, culturales y económicos que deben contemplarse para poder generar propuestas que permitan erradicar la exclusión. El hecho más importante que se ignoró es que dentro de la exclusión existe una economía de la marginalidad que hace que dentro de este ámbito de exclusión se produzcan estratificaciones sociales y económicas. Una categoría de esta estratificación lo da la posesión de viviendas en las villas de emergencia o asentamientos. El cambio que ha ocurrido dentro de la exclusión es la aparición de madres jefes de familia, que carecen de capacidad de ocupar y construir una “vivienda” en un asentamiento y recurren al “alquiler” como forma de solucionar su problema. Estas mujeres se sostienen mediante planes sociales, trabajos temporarios o prostitución, estos grupos familiares tienen cierta capacidad de pago, que es aprovechada por quienes tienen varias “viviendas” que alquilan. El otro factor concurrente es el agotamiento del espacio geográfico para construir nuevas “viviendas” o el costo de los materiales de construcción que requiere un núcleo habitable. Desconociendo esta realidad el gobierno porteño propuso estregar títulos de propiedad a los dueños de “viviendas” en esos asentamientos, pretendiendo que la dinámica del mercado inmobiliario eliminaría algunos asentamientos “poco Pro” como la villa 31, donde la valorización de los terrenos sumado a presiones de algunas mafias de la propia villa, terminaría convirtiéndola en otro Puerto Madero. Este error empujó a quienes no tenían posibilidad de disponer de una “vivienda” para ser legítimo propietario, a buscar un lugar que le permitiera acceder a la vivienda propia. A esto se sumó el interés de quienes hacían del “alquiler de viviendas” un “modus vivendi”, a ampliar su negocio y sumar más “propiedades” (familiares siempre hay para eso). Producido los hechos de apropiación, se produjo la reacción de los vecinos de esos espacios, que pertenecen a sectores donde la protesta con cacerolas no les va, sino mas bien los hechos directos. En el gobierno nacional alguien pensó que el lío que se estaba armando no tendría muchas consecuencias y que se llevaría puesto al gobierno porteño, también se equivocó y ese error costó vidas humanas. En síntesis la incapacidad de los funcionarios tanto los “pro”, como los “progre”, mostraron una vez más que sus errores los sufre el pueblo.
Como ven hay nuevos hechos, pero siempre sufren los mismos y son los mismos que se equivocan y se benefician.



domingo, 7 de noviembre de 2010

Voces extrañas

Como en el tango: “ahora vendrán voces extrañas”, todos hablan, opinan, se posicionan, tratan de ganar un espacio o ganar más espacio, lo cierto que una vez pasada la sorpresa por la muerte de Néstor Kirchner florecieron notas, entrevistas, opiniones y extraños malabares político-periodístico que nos muestra de cuerpo entero como una sociedad, o al menos una parte de ella, se posiciona ante un hecho tan inesperado como coyunturalmente trascendente.


Separemos de todo lo publicado, en primer lugar, la crónica de los hechos y las interpretaciones periodísticas. Independientemente de las interpretaciones a futuro y los posicionamientos ideológicos de muchos periodistas, la primera división de posiciones es ante el hecho mismo que se produce el velatorio de los restos de Kirchner. Algunos exageran la magnitud de la movilización popular y espontánea, otros le dan la trascendencia que se puede observar y otros la niegan. El espectro de periodistas oficialistas abundan en la trascendencia popular, institucional e internacional del hecho, más por interés de posicionamiento propio, que por el reconocimiento de las circunstancias que rodearon al infausto hecho. Sobre estos no quiero abundar en detalles ya que personalmente detesto la obsecuencia. Sobre los que reconocieron el hecho, se destaca a varios opositores a ultranza, por ejemplo: Mariano Grondona que ubica el hecho entre los tributos populares como los de Irigoyen, Evita, Perón y Alfonsín (a pesar de mis diferencias debo reconocer que tiene cierta honestidad intelectual que le permite, al menos, no negar la realidad). La categoría de quienes niegan el hecho se divide entre los miserables que niegan cualquier trascendencia a los hechos y quienes lo relativizan o minimizan, en estos está lo peor de la oposición que niega lo evidente subordinando una mínima honestidad intelectual a sus intereses o resentimientos (creo que la nota de Sebreli en La Nación es una claro ejemplo de ello).

La segunda división surge de cómo se plantea el escenario futuro y allí surgen tragicómicas expresiones, que van desde el disparate de Alberto Fernández, que en el colmo del despropósito calificó a Néstor Kirchner de semidiós, al vaticinio de la hecatombe política del espacio K. En este espacio de análisis lo que impresiona es la contradicción. Si Kirchner era de una dimensión tal que su figura es irremplazable, si desaparición lógicamente traerá los problemas lógicos de la falta de quien articulaba el espacio político y si su presencia solo traía enfrentamientos y crispaciones su ausencia, lejos de provocar problemas de conducción al espacio, favorecería acuerdos y mejoraría su ascenso en la preferencia de quienes se oponen a ese modo de hacer política.

El tercer elemento de estas “voces extrañas” son los consejos o predicciones sobre lo que pasará, donde el análisis se confunde con los prejuicios a favor o en contra, donde la ideología se infiltra en las predicciones y donde todos demuestran que a pesar de las fuentes “bien informadas” que citan, nadie sabe a ciencia cierta qué es lo que realmente pasará, donde las predicciones son deseos personales de los que debería pasar y la mayoría solo busca cumplir con quien paga sus opiniones o con sus propias convicciones.

Debe destacarse que existen honrosas excepciones de algunos periodistas independientes o poco conocidos, donde su lejanía de las cocinas donde se “arman” las usinas de opinión les permite conservar cierta opinión propia.

Creo que debemos un respetuoso silencio sobre nuestras opiniones, al menos como forma de garantizar el acomodamiento del gobierno a las nuevas circunstancias que debe sobrellevar y en respeto a la opinión popular que brindó su apoyo paraqué la presidenta pueda superar esta desgracia personal y continuar con su proyecto de gobierno, estemos o no de acuerdo con ella.

domingo, 31 de octubre de 2010

La vida sin Néstor


Creo que el futuro próximo de la política argentina podría llevar ese título, cualquiera sea nuestra posición ideológica o personal respecto al ex presidente, nadie puede negar el espacio que ocupaba en la vida política nacional.
No podría ser absolutamente sincero si negara que me no me sorprendió la respuesta de la gente ante la inesperada muerte de Néstor Kirtchner, y más que la cantidad de gente que asistió, la movilización no organizada. Es innegable que durante su vida política dentro del PJ, la gente que acudía a los actos donde participaba era movilizada por los aparatos de la burocracia partidaria; pero la mayoría de la gente que acudió a la Plaza de Mayo y que hizo largas colas para darle un último adiós llegó en forma espontánea y sin ser movilizada. De hecho la convocatoria de Moyano para el jueves al mediodía no alteró la fisonomía de los alrededores de la casa de gobierno.
Un análisis racional de lo ocurrido me obliga a ver que en la repentina muerte de Néstor confluyeron cuatro factores: el emocional, el político, el institucional y el mediático. En lo emocional lo inesperado de la muerte, la separación de una pareja de más de 30 años de convivencia y la interrupción del proyecto de vida compartido genera una empatía en una sociedad donde muchas parejas no pueden llevar adelante una vida en pareja, donde muchas mujeres llevan adelante los proyectos que alguna vez fueron compartidos, donde muchos hijos sufrieron la separación de su núcleo familiar y donde la solidaridad para quienes sufren pérdidas irreparables, afortunadamente, sigue siendo un valor que se conserva en medio de la pérdida de otros valores. Desde lo político, Néstor era el fundador de una línea política que no solo gobernaba el país, sino que presidía la organización política burocrática de mayor peso en el país: el PJ; su ausencia genera una vacío de poder, que para volverlo a llenar, puede generar pugnas violentas, como nos lo muestra nuestra historia reciente. El apoyo político que dieron los militantes peronistas garantiza la transferencia de ese poder a Cristina, como seguro de una sucesión no violenta y como apoyo a una línea de gobierno que aventaja en mucho a la actual oposición en la generación de propuestas nacionales, populares y progresistas. Desde lo institucional, Néstor era un ex presidente, cuyo mandato terminó con el suficiente apoyo popular, como para posicionar a Cristina como candidata y llevarla a la presidencia, era diputado nacional y secretario general del Unasur, la mayoría de los presidentes latinoamericanos acudieron a despedirlo, más que como gesto protocolar, como reconocimiento a quien impulsó su creación y como garantes de la continuidad institucional democrática del país, algo que forma parte del consenso logrado en el organismo y con lo que se han comprometido la mayoría de los gobiernos latinoamericanos. Por último, la cobertura mediática difundió el clima de apoyo no organizado que tenía la movilización espontánea de la gente; algo que debe haber influido para que quienes también deseaban expresar su adhesión o solidaridad concurrieran sin temor a compartir un espacio con “aparatos” movilizados, que no siempre tienen un comportamiento pacífico.
El análisis racional me explica muchas cosas, pero en el fondo soy peronista y donde está el pueblo está la causa, independientemente de las razones intelectuales, la componente emocional me propone otras conclusiones: el pueblo apoyó a un líder y el pueblo apoyó a Cristina como heredera de ese líder. Se demostró que el pueblo no necesita aparatos burocráticos, es más, cuando el pueblo se moviliza espontáneamente, los aparatos quedan eclipsados; la movilización de la CGT con Moyano a la cabeza fue un ejemplo más que palpable, en una plaza dominada por un sentimiento auténtico, la “aparateada” de Moyano se diluyó. El apoyo popular, político e institucional que se le brindó a Cristina, le otorga una seguridad y un poder que su gobierno no tuvo hasta ahora, lo que garantiza la continuidad del régimen político institucional e incluso le otorga un liderazgo político frente a una oposición, que salvo excepciones, es realmente mediocre y cuya reacción ante la muerte de Néstor lo confirmó.
La muerte de Néstor cerró su cuenta de debe y haber político, en vida, la proyección a futuro de sus actos dominaba ese balance. El apoyo popular a Cristina, nos obliga a quienes disentíamos con los resultados de su proyecto político a ser respetuosos de esa expresión popular. El balance de la vida política de Néstor, a criterio de la gente fue positivo y debemos respetarlo, al menos si nos decimos peronistas.
Se abre a futuro un abanico de posibilidades que no incluyen a un gobierno políticamente débil, ni a una presidenta incapaz de sobrellevar el peso de su cargo. Las posibilidades futuras estarán condicionadas a las alianzas que se conformen en este nuevo escenario político. De todos modos, el saco de Néstor le queda demasiado grande a muchos de los que pretenderán ponérselo, desde su propio entorno cercano y desde sectores no tan próximos a la agrupación que él lideró. Ellos no vacilarán en proponerse como continuadores de un proyecto político que por su enunciación genera más adhesiones que por sus resultados.
De ahora en más, tendremos que vivir sin Néstor, para quienes lo quisieron, para quienes se identificaron con él, para quienes tenemos una visión critica de su gestión y aún para quienes lo combatieron políticamente el escenario no será el mismo y eso demuestra la dimensión que tuvo y que la gran mayoría le negamos.
Néstor descansa en paz, su vida no fue en vano.


sábado, 23 de octubre de 2010

El límite es la vida

Confieso que esta frase, que recibí en un mail que empezó a circular después de los incidentes que costaron la vida de un joven de 23 años, me conmovió. Volvieron a mi cabeza rostros de compañeros de colegio, de profesores y de desconocidos cuya vida era arrancada por la violencia de una burocracia político-sindical. Corrían los primeros años de la década del 70 y “la violencia de arriba generaba violencia de abajo”, pero los muertos no eran los de arriba, eran jóvenes, eran los chicos los que recibían los disparos asesinos.

En esos años no me identificaba con el peronismo, creía como creo, en un movimiento nacional, popular y progresista, pero me distanciaba del peronismo la violencia, una violencia que se descontroló, y que se ejercía desde distintas posiciones del movimiento, una violencia que terminó invocando al peor de los demonios: la dictadura militar. En esos años estaba deslumbrado por la lectura de los documentos de la FORJA, autores como José María Rosa, Scalabrini Ortiz o Jauretche me acercaron al PI. Tuve la oportunidad de conocer personalmente al Dr. Alende por gestión del padre de un amigo mío; eso selló mi acercamiento al Partido Intransigente ya que la luchas internas del peronismo, por el que no sentía rechazo, me impedían acercarme a él. Ese distanciamiento del peronismo fue, en gran medida, por que los sectores con los que tenía más afinidad adherían a propuestas basadas en la violencia o directamente a las teorías del foco.

El comienzo del tercer gobierno de Perón dio origen a una lucha armada entre sectores de izquierda y derecha, la burocracia sindical se alineó con sectores de la derecha peronista y en Bahía Blanca todos recordamos patotas de sectores sindicales ligados al dirigente sindical Rodolfo Ponce. En esos días era común que aparecieran jóvenes dirigentes opositores baleados o muertos en las rutas. Recuerdo que alguien con mal gusto, puso un cartel en un sector donde solían aparecer estas victimas, diciendo: “Prohibido arrojar cadáveres”.
La violencia no disminuyó, sino que a la muerte de Perón, la triple A comenzó una escalada de violencia desde el propio gobierno que culminó con la peor violencia de todas, la que generó el terrorismo de estado, durante el llamado proceso de reorganización nacional. La barbarie de esta violencia opacó cualquier violencia anterior ocurrida en el periodo de gobiernos constitucionales e incluso en el anterior período del gobierno militar dictatorial, llamado revolución argentina.

Durante esos años, vi que la mayoría las victimas de esa violencia eran jóvenes que pertenecían al movimiento peronista, el aparato burocrático político-sindical sufrió solo detenciones simbólicas (si se las compara con las detenciones, torturas y desapariciones que sufrieron los jóvenes militantes).
Cunado terminó el horror, creí que habíamos aprendido la lección, que la violencia no sería mas un instrumento de la política y mucho menos que se ejercería por parte de la cúpula de la burocracia sindical. Alende me había decepcionado, su foto con los militares en Malvinas, avalando el desesperado intento de una cúpula militar en decadencia por mantener el poder me alejó del partido intransigente. Malvinas pudo ser un error admisible para los jóvenes que sentíamos la necesidad de una reivindicación histórica de nuestro derecho soberano, pero no para un hombre de la trayectoria de Don Oscar.

En esos años descubrí un Perón que no había conocido, heredé de mi abuelo (que lo había conocido en la Escuela Superior de Guerra) un montón de libros sobre el peronismo, libros que estuvieron prohibidos y que se salvaron en los baúles del sótano de su casa. Descubrí la dimensión del estadista, la pasión del hombre, descubrí a Evita, comprendí al movimiento y desde entonces me sentí parte del movimiento. Aprendí con la militancia la diferencia entre partido y movimiento, encontré la ética cívica en la acción política que reivindica la búsqueda del poder como medio para producir los cambios que necesita la patria y no como fin. Acepté que los cambios que se requieren no pueden llegar sin que los intereses que se van a perjudicar resistan y que la violencia puede ser inevitable, pero con un límite: LA VIDA.

Ayer ese mail, me hizo recordar todo ese proceso, pero por sobre todo mi límite para aceptar cierta violencia imprescindible cuando se alteran la relaciones de poder. Por eso fui a la plaza para reclamar por ese chico de 23 años, por eso hablé con mis alumnos de la universidad que tienen mas o menos la misma edad, por eso reafirmo mi convicción, puede existir violencia cuando se alteran la relacione de poder, pero EL LÍMITE ES LA VIDA.

JUICIO Y CASTIGO A LOS CULPABLES DEL ASESINATO DE MARIANO FEREIRA, CARCEL A LOS INSTIGADORES Y RESPONSABLES DIRECTOS Y CONDENA SOCIAL A LOS RESPONSABLES POLÍTICOS

domingo, 19 de septiembre de 2010

Política Alopática

Generalmente cuando no escribo en el blog, es porque decidí terminar cosas pendientes o urgentes y postergo la escritura de ideas que se van agolpando en mi cabeza. En particular, me surgió esta cuando leí un libro de medicina naturista donde se planteaba la contraposición entre la medicina alopática y la homeopática. No pretendo tomar partido (aunque mi aversión al sistema de medicina imperante me sugiere otra cosa) sobre estas formas de medicina, sino rescatar lo que se propone en ellas. La medicina alopática utiliza el síntoma como signo de la enfermedad y la trata en base a ese síntoma, la medicina homeopática considera el síntoma como la manifestación de un desequilibrio sobre el estado de salud y trata de recuperar ese estado de salud. Mientras trataba de comprender estas teorías médicas, me surgió la idea de que también existe una forma de hacer política alopática y una forma homeopática, que siguen estas líneas de pensamiento.

La política homeopática, consideraría que los síntomas de malestar social o comportamientos sociales anómalos, son la manifestación de problemas que afectan el correcto orden social, de allí que la protesta, el piquete, el corte de calles o la toma de edificios no se agota en sí misma ni en las causas directas que la motiva. Dicho en palabras más sencillas si se toma una calle para reclamar planes de asistencia social el problema no es la falta de planes, sino que no parte de la sociedad requiere una asistencia por falta de trabajo o por un fenómeno de exclusión social creciente. Si los alumnos toman una escuela, el problema no es una estructura edilicia deficiente sino que la educación ha dejado de ser una prioridad en las políticas públicas. Si un obrero toma una fábrica (y no tomas sindicalmente organizadas para reforzar la posición dominante de un gremio) no es por despidos injustos o la negativa a un aumento de salarios, sino por la falta de un equilibrio entre los poderes económicos y la representación obrera, o por la ausencia del estado como regulador de las relaciones de producción y distribución.
La política alopática se agota en la causa inmediata, esta forma política es madre de la represión, ya que al ver otra causa más allá de la inmediata la represión suprime la manifestación del problema y pareciera que se llegó a l solución del conflicto. Otra conducta de esta forma de acción política es la negación de la realidad, mediante la manipulación estadística, mediática o meramente dialéctica.
Lo curioso de ambas formas políticas es la transversalidad ideológica, ya que se manifiesta tanto en políticos progresistas, conservadores o totalitarios. Prueba de ello, es el uso simultáneo de la represión y la búsqueda de soluciones a las causas que provocan la protesta, como ocurre con el aumento de los hechos delictivos, por un lado se niega su importancia (mediante estadísticas que nadie cree ni convalida), por otro se orquesta medicas represivas (cámaras de vigilancia, mayor presencia policial y solicitud de penas más duras); por otra parte se reconoce la existencia de problemas sociales y se diseñan políticas asistencialistas (funcionen o no). En este tema también se indica que existen profundas causas socioeconómicas, pero todo queda en un mero ejercicio dialéctico sin realizar acción alguna y como medida alopática se señala estadísticas comparadas de países desarrollados que no son aplicables a nuestro caso.
La historia nos muestra que cuando se tomaron medidas de gobierno que atacaron las causas profundas de los problemas sociales, la sociedad cambió. Lo poco o mucho que se ha avanzado se deben a medidas políticas eficaces de tipo homeopático, la politiquería se queda en lo alopático: represión y negación de la realidad utilizando estadísticas o generando argumentos difundidos y repetidos mediáticamente.

Si alguien piensa que puede atribuir conductas de un tipo a un determinado partido político, se equivoca; todos los partidos se manifiestan mayoritariamente alopáticos: oficialistas y opositores, izquierda y derecha, liberales o nacionalistas; todos caen en esta forma de hacer política, más inmediata, menos comprometida, mas mediática y menos confrontable.