domingo, 16 de febrero de 2014

Los fantasmas que crea el gobierno



Como el Sr. Scrooge en el archiconocido “Un Cuento de Navidad”, el gobierno crea los fantasmas que amenazan su gestión de gobierno, reales o no, todos ellos son producto de sus propias acciones.Pareciera que el gobierno se empeña en repetir sus errores, y no me refiero a los recientes temas de devaluación, inflación y apoyo a funcionarios corruptos. En realidad no me hubiera puesto a anaizarlos sino fuera que se está perdiendo la oportunidad histórica de consolidar un proyecto nacional y progresista, en gran parte por encumbrar como alternativas alternativas a grupos liberales y conservadores (Massa y Scioli dentro del peronismo o Macri fuera de él) que son los fantasmas de la sucesión presidencial. Un repaso a algunos fantas mas que han creado son:

El fantasma de la falta de capacidad en la gestión: No se construye politica sin una ideología que la sustente, y menos una gestión política, donde se trata de realizar en la práctica propuestas que configuran la expresión política de una ideología. Cuando se trata de reemplazar la ideología por conocimiento, experiencia o confianza, el resultado son supuestos “funcionarios técnicos” cuyas medidas diferirán en el fondo del objetivo político buscado. Por ejemplo, un economista de formación liberal no maneja instrumentos de planificación económica, lo mismo que las medidas de un funcionario económico conservador diferirán de las que tome un funcionario progresista, la alineación ideológica de los funcionarios contribuye a algo que en la empresa privada se conoce como “empowerment”. Un funcionario de confianza no necesariamente contribuirá a menos que su pensamiento esté ideologicamente alineado con el resto, ni hablar si lo que se tiene es un rejunte.

El fantasma del autoritarismo. La construcción de propuestas políticas sin consensos mínimos entre propios y opositores, genera el aislamiento del gobierno aún en casos donde un consenso mínimo con sectores de la oposición permitiría que las propuestas tengan un horizonte temporal mucho mayor sobre todo si estos sectores se convierten en alternativas de gobierno. Lograr el 50% de algo que se pretende dándole a un proyecto una vida que supere la del propio gobierno, es un triunfo ideológico; lograr un 80% de lo mismo pero condenar el proyecto a su desaparición luego de un cambio de gobierno es una “victoria pirrica”.

El fantasma de los medios opositores: Cuando un gobierno utiliza un sector de los medios para apoyo de su gestión marginando de ellos a los sectores críticos y opositores, potencian a aquellos medios donde la oposición y grupos críticos pueden expresarse, esos medios se benefician del apoyo económico de sectores que se beneficiarían con las propuestas opositoras- El poder de los “medios opositores” se construye mediante la intransigencia de medios adictos que marginan toda expresión crítica, se convierten en voceros del gobierno y suman a los problemas que pueda tener la gestión de gobierno, una comunicación del proyecto político de mala calidad.

Es fantasma de la desestabilización. Cuando un gobierno se torna inflexible en los objetivos políticos, cuando estos objetivos no se concretan porque las medidas que se implementan para lograrlos generan reacciones que impiden su concreción; o porque no se lograron acuerdos mínimos con los actores o destinatarios del proyecto; o cuando la implementación esta mal hecha, se recurre a “forzar” la implementación de la medida o los resultados esperados. El efecto logrado es el fortalecimiento de las opiniones opositoras y la desconfianza de la gente en la medida, o peor aún el el proyecto político. Sobran ejemplos empezando por el INDEC. Sobre esto se montan los intereses que se oponen al proyecto, que potencian su accionar, no con fines políticos, sino mayoritariamente económicos.


En el cuento, Scrooge toma conciencia y corrige su actitud, esperemos que el gobierno también lo haga, todos nosotros estamos en el mismo barco, aunque algunos suponen que por estar distantes pueden mirar esto desde una lejana costa que lo salve del naufragio. La consolidación de un proyecto nacional y progresista que pueda alternarse entre distintos gobiernos es mas importante que la suerte de un grupo político, nuestros nietos van a vivir en un país fruto de las ideologías del presente, los gobiernos actuales formarán parte de sus libros de historia.

lunes, 13 de enero de 2014

Hobbes tenía razón







Ayer publique en este blog un artículo donde analicé las conductas de distintos grupos sociales durante los reclamos policiales que condijeron a saqueos y escenas de violencia entre distintos grupos sociales, hoy leo asombrado en un diario digital esta noticia: “México: Violentos enfrentamientos entre grupos de autodefensas y 'narcos'” , la nota pueden verla el el link: http://actualidad.rt.com/actualidad/view/116857-mexico-violentos-enfrentamientos-grupos-autodefensas .
Creo que esta es la expresión de mi miedo, grupos sociales ante la ausencia del estado crean sus propias instituciones, y necesariamente estas instituciones no suelen responder a fines nobles. La creación de grupos parapoliciales llamados en la nota “grupos de autodefensas” constituyen la prueba evidente de la teoría propuesta de generación de instituciones paraestatales. También se verifica que la propuesta de Hobbes sobre que el hombre cede su derecho a la violencia si el estado (Leviatan) es capaz de ejercerla para garantizar su seguridad, la ausencia del estado vuelve al hombre a su estado de naturales y se convierte en “el lobo del hombre”.
Esto tiene un problema: la generación de mas violencia; y aún en el escenario donde estos grupos triunfen ¿Quién garantiza que disolverán esos grupos armados y que no se conviertan en grupos “justicieros”  que impongan su propia ley y apliquen sus propias condenas? ¿Quien garantizará entonces el orden y la paz social?


  

domingo, 12 de enero de 2014

Regalo de Aniversario



Se cumplieron 30 años de democracia en Argentina, creo que es algo para celebrar, no sé si para festejar. Alfonsín dijo en 1983, que con la democracia se comía, se trabajaba y se educaba; 30 años después vemos que un tercio de la población tiene sus necesidades básicas insatisfechas, el trabajo real (el productivo en blanco) alcanza solo a un tercio de la PEA (población económicamente activa) y la educación dejó de ser el instrumento de movilidad social que generó la famosa frase “mi hijo del doctor”.
Como broche de oro del aniversario se produjo el reclamo salarial de la mayoría de las policías provinciales que reclamaban salarios acordes a los tiempos que corren. Pero el verdadero reclamo se centró en el aumento de los salarios básicos, más que en el salario de bolsillo que incluye, en muchos casos, gran cantidad de horas adicionales al horario normal de trabajo. Aquí hay un problema que excede el reclamo salarial, si bien es parte del mismo. Sucede que cuando un policía mata o hiere a un presunto delincuente se inicia un sumario que incluye la suspensión de tareas y el cobro de un 80% del salario básico (ese mismo salario que es actualmente entre un 20 y un 30% del salario de bolsillo), o sea que hasta que se termine la investigación el policía percibirá una cuarta parte de lo que cobraba y que apenas cubría sus necesidades; esto lleva  a que muchos policías no actúen como debieran ante el enfrentamiento con un delincuente y prefieran que este huya antes que terminar sumariado y cobrando un salario que no le alcanza para nada.
Otra faceta del reclamo policial fue el desorden social que se generó, que incluyó saqueos, desmanes y reacciones de defensa más acordes con actitudes de las películas del oeste americano del 1800. Esto requiere un análisis muy profundo porque debería ser un llamado de atención para el diseño de políticas de seguridad, ya que muchos supuestos de los fundamentos de las políticas de seguridad actuales no se cumplen.
El primer hecho que debe analizarse son los saqueos, en los cuales intervinieron no solo delincuentes sino ocasionales saqueadores que aprovecharon la falta de control policial. Esto indica que la falta de control hace que personas que no son delincuentes cometan hechos delictivos, así surge una categoría de ciudadanos que son honestos si se los vigila o controla, pero sin control no vacilan en cometer algún delito. Aceptado como hecho que el cumplimiento de la ley depende del control policial, la conducta delictiva no sería producto de un sistema de exclusión que condiciona a ciertas personas a incurrir en el mundo del delito, sino un sistema de falta de controles que facilita la comisión de delitos, al menos para un sector de la sociedad. Pero el hecho más preocupante que surge de este análisis es que hay una falla en ciertos sectores de la sociedad en donde el sistema educativo (que incluye a la familia) no formo personas con los valores necesarios para una convivencia civilizada.
El otro hecho relevante para el análisis, confirma mi hipótesis planteada en mi libro “La Seguridad desde la Óptica de las Instituciones”, cunado las personas sufren la carencia de instituciones del estado conforman instituciones paralelas que las sustituyen. Se vio, que la falta de vigilancia policial afectaba la seguridad de grupos de personas y estas formaron grupos de defensa y vigilancia (algunos con una sorprendente cantidad de armas) en reemplazo de la institución policial. La gente que asumió este rol, seguro que no volverá a ser la misma, tomó conciencia de su capacidad, sabe que puede garantizar su seguridad ejerciendo el uso de la fuerza que había delegado en el estado. Se rompió el pacto que planteara Hobbes en “El Leviatán”, el individuo recupera el uso de la violencia en su defensa y el hombre pasa a ser el lobo del hombre, comienza la desarticulación del estado como monopolizador del uso de la fuerza en pro del bien común.

En los 30 años de democracia, vimos cómo se deterioró la calidad de vida de la gente y aumentó la pobreza, vimos cómo se precarizó el trabajo y como se deterioró la educación, ahora como regalo de aniversario empezamos a ver la disgregación del estado.

lunes, 25 de noviembre de 2013

¿Qué quedó de las elecciones?


Parece que hubiera sido hace mucho tiempo y apenas pasó un mes, las elecciones parecieron cambiar algo que no cambió nada. El gobierno aprovechó el resultado para reajustar su gestión política que mantiene el mismo rumbo y la oposición agitó un resultado favorable, que más que favorable para ella era desfavorable para el gobierno. Así el escenario político se convirtió en algo parecido a una pelea de box, donde el campeón mantiene el centro del ring y el retador gira en torno a él haciendo fintas, pero sin acertar ningún golpe contundente.
¿Cuál fue la conclusión más importante de estas elecciones? ¿Qué ganó la oposición? ¿Que perdió el gobierno? ¿Qué resurgió la Izquierda, Carrió, Solanas o alguna fuerza provincial? En realidad los resultados numéricos pueden sintetizarse como una expresión del desgaste de algunas gestiones de gobierno, la reafirmación de otras gestiones o la irrupción de nuevas opciones que despertaron la adhesión de los votantes. Pero la conclusión más importante fue la consolidación de los poderes políticos territoriales (municipales o provinciales) frente a las estructuras y superestructuras políticas.
Veamos el detalle de esta conclusión, en la capital federal el PRO y UNEM representaron una clase media burguesa de centro derecha o liberal que soporta al PRO y una burguesía liberal progresista que apoyó a UNEM, los votos obtenidos por la izquierda y otras expresiones políticas minoritarias representan sectores con posiciones un poco más radicalizadas de las dos anteriores. La proporción de votantes del FPV estuvo soportada en un proletariado urbano minoritario.
En la provincia de Buenos Aires el proyecto del Frente Renovador se soportó en una alianza de intendentes que aportaron el caudal principal de votos, los votos del FPV también respondieron a los liderazgos territoriales de los intendentes que adhirieron. De las restantes fuerzas, el radicalismo exhibió la adhesión de una clase media urbana minoritaria, los partidos de izquierda captaron a sectores progresistas desilusionados de los partidos tradicionales, los partidos locales lograron una importante participación y otras expresiones no lograron más que sumar mínimas expresiones de descontento. Los resultados de otras provincias se encuadran en el mismo análisis que ratifica el carácter territorial del resultado electoral vinculado a fuerzas políticas locales.
La necesidad del FPV de encontrar a un referente para las próximas elecciones enfrenta a distintos representantes territoriales provinciales algunos con poder propio (los gobernadores del interior) y otros surgidos de la superestructura política (funcionarios o gobernadores sin poder territorial propio como Scioli). La lucha de poder se centra entonces entre la articulación de la representación territorial con representación propia y la superestructura política que subordine a los representantes territoriales. Hasta ahora se subordinó y/o condicionó a la representación territorial mediante la obra pública, los ATN, y medidas de apoyo social, pero el nuevo escenario colocó la balanza del poder en los territorios. El FPV había preferido no desarrollar con fuerza propia el poder territorial y hacerlo mediante cooptación de referentes territoriales, los cuales adherían al proyecto del gobierno. Así la transversalidad, entendida como la construcción de una alternativa de fuerzas políticas progresistas con independencia de su origen político, se convirtió en una cooptación de fuerzas políticas territoriales subordinadas a una superestructura política liderada por el gobierno.
Estas elecciones demostraron que la superestructura política no puede enfrentar a una estructura territorial coordinada, al cual necesita generar liderazgos que le permitan plantear una alternativa viable para 2015. Este último párrafo me genera un “deja vouz” de viejas discusiones de la década del setenta, donde curiosamente quienes dicen representar los cuestionamientos de aquella juventud peronista de izquierda han puesto en práctica lo que se criticaba como estructura “pejotista” y los barones del conurbano bonaerense se han agrupado presentando una alternativa territorial unificada que se aproxima más a las propuestas de la juventud setentista del peronismo.
Este enfrentamiento no solo plantea la disputa del poder entre los dos grupos sino también amenazas adicionales a cada grupo; la superestructura enfrenta el reclamo por la  participación en el poder por parte de los representantes territoriales y de la designación autónoma de representantes en las legislaturas provinciales y nacionales: las alianzas territoriales responden y son estimuladas por viejos representantes de la superestructura que no tienen representación territorial propia, pero que no pueden liderar un proceso eleccionario, requiriéndose el surgimiento de nuevos referentes para las próximas elecciones, construcción que dada la dimensión nacional de las elecciones plantea la duda sobre la posibilidad de compatibilizar grandes grupos de personas en una estructura más horizontal.
Quienes puedan resolver simultáneamente la confrontación externa y las internas, podrá presentar una alternativa viable en 2015.

domingo, 27 de octubre de 2013

Historia de dos relatos



Parafraseando a Dickens nuestra sociedad se ha dividido en dos relatos, uno proveniente de posiciones a favor del actual gobierno y otro provenientes de posiciones antagónicas, ambos construyen una realidad según sus propios intereses o visiones, ambos no describen la realidad la relatan. Una prueba más que evidente de esto puede verse en los párrafos iniciales de la Historia de dos Ciudades: “Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos, la edad de la sabiduría, y también de la locura; la época de las creencias y de la incredulidad; la era de la luz y de las tinieblas; la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación. Todo lo poseíamos, pero no teníamos nada; caminábamos en derechura al cielo y nos extraviábamos por el camino opuesto. En una palabra, aquella época era tan parecida a la actual, que nuestras más notables autoridades insisten en que, tanto en lo que se refiere al bien como al mal, sólo es aceptable la comparación en grado superlativo.”
No creo que alguien pueda expresarlo mejor, el maniqueísmo dialéctico del oficialismo y la oposición nos muestran dos mundos distintos, y no nos dan opción de vivir en otro. Esta construcción condiciona el surgimiento de propuestas alternativas que son rápidamente asimiladas a las posiciones dominantes perdiendo su identidad, lo que les resta posibilidades de adhesión popular.
Un hecho adicional lo genera la pugna electoral, que se ha adaptado a las teorías sociológicas del “justo medio” (tendencias de las mayorías a apartarse de posiciones radicalizadas) o como mejor o expresa Jorge Asís, la posición “aire y sol”. Vemos, como en función de esto, los relatos divergen en función de las adhesiones a uno u otra posición; y convergen cuando elaboran una propuesta electoral. Creo que esta es la causa principal de la falta de una presencia plural en la escena política, hecho al que se le suma la capacidad de ciertos dirigentes del partido justicialismo para presentarse como oposición a quienes gobiernan y son del propio partido.
Me surgen dudas: ¿Cuál es la causa de esto? ¿Por qué la realidad no es analizada tal cual es, sino en función de un relato? ¿Cómo puede sostenerse una dirigencia que cambia de oficialismo a oposición del mismo partido? ¿Por qué no se establece una opción opositora que no surja de las filas del peronismo (más bien de alguno de los “ismos” que se asocian la peronismo)?…. Y siguen las dudas.

                


domingo, 13 de octubre de 2013

Las mentiras que se dicen sobre la seguridad



Como dice el refrán “no hay verdades absolutas pero si mentiras evidentes”, lo cual puede verificarse con los dichos y los hechos de los últimos tiempos, exacerbados por la proximidad del acto eleccionario.
Empecemos por aquellos que proclaman tener un plan y solo dicen obviedades tales como aumentar los efectivos policiales. Primera mentira: la cantidad de policías no garantiza la seguridad, solo la mayor o menor cobertura zonas de vigilancia y la evidencia de su inefectividad es que los delincuentes buscarán siempre sectores con menor vigilancia para cometer sus delitos, sin considerar que existen sobradas evidencias sobre “zonas liberadas” por policías en connivencia con delincuentes.
Otra consigna que enarbolan los políticos en campaña es el endurecimiento de las penas por distinto tipo de delito, los cual incluso lleva  a algunos impresentables a proponer la pena de muerte. No hay mentira más evidente que esta, ya que distintos estudios de criminalística no han demostrado que aumentando las penas se disminuye la cantidad de delitos. Pero es interesante en este punto destacar que muchos creen que la seguridad se consigue castigando y no previniendo. Como postule en mi libro “La seguridad desde la óptica de las instituciones” el castigo de un delito supone que el delito se cometió y por lo tanto ya se produjo un daño. Se puede agregar que la tasa de esclarecimiento y condena de delitos no supera el 10%, así que prometer un castigo cuya probabilidad de aplicación es menor a 0.1, no tiene mayor impacto en la población de delincuentes. Además, en la sicología del delincuente debe considerarse que este supone que podrá delinquir sin ser descubierto y condenado (lo que las estadísticas demuestran) y por ello no es la pena lo que puede hacerlo desistir.            
También se habla de terminar con “la puerta giratoria” por la que muchos delincuentes son liberados luego de ser capturados. Es interesante que nadie apunte al análisis de por qué se produce la excarcelación de los delincuentes detenidos, si es por incumplimiento de los procedimientos legales o por inconsistencia de la prueba, esto nos remite a la preparación del personal policial y de la fiscalía, que tipo de formación y capacitación poseen los cuadros policiales, que formación específica poseen los fiscales, cuántos de ellos tienen estudios de criminalística. Hablar de jueces garantistas puede hacerse si se puede afirmar a ciencia cierta que la investigación y acusación de un delito se realizó por personal idóneo que cumplió con todos los requerimientos necesarios para que el presunto delincuente sea condenado (nuevamente la estadística pone esto en duda).
El problema de la imputabilidad de los menores pone en evidencia el desconocimiento de la realidad de quienes proponen políticas de prevención del delito (no las llamemos políticas de seguridad, porque no lo son, la seguridad tiene una dimensión mucho mayor). La delincuencia juvenil pone en evidencia un problema social de marginación, falta de educación, problemas sociales y económicos; por ello se busca proponer una solución fácil que conforma a la mentalidad pacata de muchos “preocupados” por la inseguridad, encarcelando al delincuente juvenil o proponer dejarlo libre dada su condición de menor: De lo poco que coincido con el Dr. Zaffaroni es que para condenar a un menor se lo debe juzgar antes con los mismo derechos que a un adulto, liberarlo o condenarlo sin juicio supone prejuzgamiento, suprimiendo así el derecho a la inocencia hasta que se demuestre lo contrario. Pero antes de optar por una de las propuestas se debería contar con instituciones que garanticen el cumplimiento de la condena y su reinserción, la asistencia a adicciones, la ayuda social a familias por problemas (no darle plata, sino educación, salud y condiciones de desarrollo). Hasta tanto un estado que no puede darle la contención a un menor para que este pueda desarrollarse como persona, no puede ponerlo preso.
Las cámaras de seguridad han solucionado varios problemas, el de los vendedores de cámaras en primer lugar, pero no el de la población, las cámaras por si mismas no garantizan nada, solo el registro de los hechos. Se han producido innumerables hechos de inseguridad con la presencia de las cámaras que no se han podido prevenir. Lo cierto es que un manejo inteligente de la tecnología sigue ausente de las propuestas políticas.
Podemos citar otras “perlitas”: un gobierno preocupado por la inseguridad que sub ejecuta el presupuesto de seguridad, señalar que existen cuatro mil delincuentes sin indicar como se obtuvo esa cifra (¿acaso le pidieron al INDEC que investigara?), utilizar gendarmes y prefectos para tareas de vigilancia en zonas donde supuestamente funcionan cámaras de seguridad, forzar la formación de policías en plazos mucho menores que los necesarios para una capacitación eficaz, preocuparse por policías con parte médico y no por el estado físico y la sobrecarga de horas “extras” que cumplen policías asignados a funciones operativas, y se podría seguir enumerando.
Como conclusión podemos verificar que existen “mentiras evidentes” en el tema de seguridad, la pregunta que surge es ¿hasta cuándo seguirán improvisando?

lunes, 23 de septiembre de 2013

Seguridad ¿Qué seguridad?


Parecería que hay algo que nunca cambia en las políticas de seguridad: que siempre cambian. El cambio en sí mismo no está mal, cuando responde a un cambio en las condiciones económicas, sociales, tecnológicas o culturales; pero cuando el cambio se debe a que no se sabe qué hacer se parece más a un descontrol que a una acción de respuesta.
En el caso de las medidas tomadas en la provincia de Buenos Aires, la alternancia entre políticas de seguridad garantistas y políticas represivas muestra descarnadamente la incapacidad de la dirigencia política para solucionar un problema que la misma clase política creó. Las condiciones económicas, sociales y culturales no se crearon espontáneamente fue el resultado de políticas mal formuladas y de políticas correctamente formuladas pero mal implementadas.
El principal problemas es creer que seguridad y prevención del delito es la misma cosa, cuando una es solo una parte de la otra, si existen políticas de seguridad bien formuladas e implementadas la prevención del delito se daría naturalmente, sin necesidad de personajes providenciales ni de recurrir al auxilio de instituciones cuyo fin no es la prevención del delito urbano.
La implementación de políticas de seguridad debe, necesariamente, incluir su dimensión o mejor dicho el ámbito de aplicación de la política formulada. Así si vemos que una formulación política de prevención del delito debe partir de un diagnóstico de la realidad, diagnóstico, que no puede realizarse sin considerar los siguientes factores: cantidad y características de la población de delincuentes, modalidades delictivas territoriales, recursos de prevención, recursos de represión, tecnologías disponibles, situación de las instituciones involucradas (policía, ministerio público, administración de justicia, sistema penitenciario, sistema de asistencia social y medios de difusión pública), la caracterización cultural de la población en los distintos territorios, situación social del territorio involucrado y situación ambiental.
Para muestra basten algunos botones, el primero es la información sobre cuantos delincuentes hay y en que modalidades se estructuran, la segunda es que tipo de vinculaciones establecen las distintas modalidades delictivas con el resto de la sociedad. Esto requiere una estructura de información que debe ser alimentada por servicios de información de prevención del delito y que no debe estar vinculada a las instituciones policiacas.
Otra característica que no se incluye comúnmente en el análisis es la dimensión territorial, la conformación urbana, las vías de comunicación, la circulación de la gente, la distribución de la población. Todo esto debe correlacionarse con el accionar delictivo, para analizar las modalidades territoriales del delito, a saber: inteligencia previa, acceso de los medios para cometer delito, acceso a lugar del hecho,  desarrollo del delito, escape del lugar del hecho, distribución y comercialización del botín. Este es el verdadero mapa del  delito y no una representación mapeada y superpuesta de delitos cometidos.
El diseño de una estrategia de prevención supone acciones que interrumpan el desarrollo de las actividades delictivas, detectar las fuentes de inteligencia de los delincuentes, impedirles obtener información, identificar a quienes pueden realizar inteligencia criminal y actuar en consecuencia, impedir el acceso a los medios necesarios para realizar el delito, vigilar y controlar las vías de acceso y escape de los delitos, dificultar la consumación de delitos con escaso riesgo para los delincuentes y disponer recurso para una detección rápida de cualquier delito que se cometa.  
De todos los que hablan de seguridad es muy probable que pocos incursionen en estos temas, prefieren culpar a quien gobierna, o a quienes critican, ya sea oficialismo u oposición el eje del discurso sobre la seguridad  es encontrar culpas, principalmente en el otro. Así se toman acciones reactivas, olvidándose que el delito es un fenómeno dinámico y  complejo, cuyos actores se encuentran inmersos en distintos estratos sociales, que han desarrollado una red de vínculos de tipo personal, económico, político y social; dando como resultado una “Hidra de mil cabezas”, que solo puede terminársela si se cortan de una vez todas ellas.

Mientras tanto cuando hablan de seguridad, o como debiera decirse, de prevención del delito me sigo preguntando ¿Qué seguridad?