viernes, 17 de mayo de 2013

Capuletos, Mostescos y Polichinelas



El país se dividió entre los que están a favor, los que están en contra y los que no tienen idea donde están, se armó un drama de Capuletos y Motescos, con la participación cómica e  innecesaria de varios Polichinelas. Ni Sheakesperare, ni Moliere pudieron imaginar semejante “melange”, los kirchneristas cual Capuletos no pueden ni ver a los anti K, cofradía Montesca integrada por parte del PJ, partidos de izquierda, corporaciones agrarias, periodísticas y judiciales, que retribuyen igual antipatía. La nota de color la dan quienes desde ambos espacios ensayan posturas grotescas, los Polichinelas, que atacando o defendiendo, solo causan risa a cualquier analista desapasionado.
Los Capuletos, perdón los kirchneristas, consideran que la legitimación electoral del ejercicio de la administración del poder ejecutivo, sumada a la mayoría parlamentaria también obtenida por vía del voto legitiman cualquier proyecto, esté o no previsto en el orden institucional vigente. Orden institucional que se altera por agrupar a dos poderes del estado, el ejecutivo y el legislativo, forzando a que el poder judicial cuya función es arbitrar entre ambos poderes para garantizar el orden constitucional. Este orden pensado para equilibrar las fuerzas progresistas que se encarnan en el poder ejecutivo con las fuerzas más conservadoras representadas en el poder legislativo, quedando el poder judicial como árbitro de esta confrontación. El sistema pensado para una representación parlamentaria diversa donde a lo sumo algún partido político acumulaba la primera minoría, esta minoría forzaba a la negociación de las iniciativas sobre algún proyecto, esto generalmente obligaba a la reformulación de partes del proyecto que debía cumplir el requisito final de constitucionalidad.
La oposición Montesca es un variopinto de partidos o agrupaciones políticas y grupos de poder que al no tener cabida en la discusión que debería canalizarse en un debate legislativo que conduzca a una regulación de las iniciativas de gobierno, recurre a debatir frente a la opinión pública e iniciar la vía judicial del reclamo.
Debemos establecer dos cosas frente a esto, la aspiración del kirchnerismo o de cualquier partido político, a ocupar todos los espacios que prevé la constitución por medios democráticos es lícita, como también el reclamo del resto de los partidos políticos a ejercer la regulación del poder del partido gobernante. Esta regulación permite que los grupos de poder estén representados por ciertos partidos políticos afines y ellos canalicen la regulación legislativa de las iniciativas de gobierno que afecte intereses sectoriales.
En este orden de cosas el actual desequilibrio de poderes tiene como causas la falta de representación de la dirigencia de muchos partidos políticos que no les permite obtener una representación parlamentaria significativa, con lo que los grupos de poder pierden la intermediación política y deben asumir la representación de sus intereses utilizando los medios a su alcance y confrontando fuera de las instituciones constitucionales.
El traslado de las pujas de poder entre estos grupos y el gobierno, genera distintos tipos de conflictos y lleva a que se traslade la disputa a los medios de comunicación, a sectores económicos, a disputas judiciales, etc. Como esta disputa cae fuera del ámbito legislativo, los partidos opositores son solo espectadores privilegiados, o peor aún el coro que apoya a alguno de los sectores en disputa.
El grave problema es que esta disputa no se encuentra enmarcada en los códigos de convivencia que poseen los órganos legislativos y así se generan pasiones que han divido al país en posiciones irreductibles, que incluso van más allá de toda racionalidad esperable. También debe establecerse la legitimidad de la disputa, solo que al no estar regulada, tampoco lo están los límites de las mismas. Existen razones en nuestra historia reciente que suprimió el debate como forma de construcción de los apoyos que requiere cualquier proyecto político.
Dentro de este escenario existen personas de ambos bandos que se extralimitan o trasgreden los límites éticos o legales en la disputa. La dinámica que finalmente adoptó la disputa proporciona apoyo a estas personas, que deberían ser juzgadas social o legalmente y recibir su correspondiente castigo. Estas personas gozan de una impunidad inaudita, solo justificable por el nivel alcanzado en el conflicto de las partes.
Pero en este indeseable escenario, la nota de color la ponen los desubicados, aquellos para los cuales el kirchnerismo es la quintaesencia del mal, la reencarnación del tercer Reich,  el “Faccio” italiano de Mussolini, la Cuba de Castro, la Venezuela de Chavez, etc. etc. no dudan en elaborar teorías más dignas de haber nacido fruto del ácido lisérgico que de una investigación o un análisis serio. En contraposición, cualquiera que no coincida o aún apoye a las iniciativas oficiales es un representante del mal, el enemigo público, el eje de todos los males. Este es los territorios de los Polichinelas, cómicos sin vocación, ridículos a uno y otro lado de las posiciones políticas, irreflexivos, inimputables y desubicados. La única lástima es que ya no dan ni risa ni pena, solo nos dejan una honda sensación de decepción.

No hay comentarios: