domingo, 13 de octubre de 2013

Las mentiras que se dicen sobre la seguridad



Como dice el refrán “no hay verdades absolutas pero si mentiras evidentes”, lo cual puede verificarse con los dichos y los hechos de los últimos tiempos, exacerbados por la proximidad del acto eleccionario.
Empecemos por aquellos que proclaman tener un plan y solo dicen obviedades tales como aumentar los efectivos policiales. Primera mentira: la cantidad de policías no garantiza la seguridad, solo la mayor o menor cobertura zonas de vigilancia y la evidencia de su inefectividad es que los delincuentes buscarán siempre sectores con menor vigilancia para cometer sus delitos, sin considerar que existen sobradas evidencias sobre “zonas liberadas” por policías en connivencia con delincuentes.
Otra consigna que enarbolan los políticos en campaña es el endurecimiento de las penas por distinto tipo de delito, los cual incluso lleva  a algunos impresentables a proponer la pena de muerte. No hay mentira más evidente que esta, ya que distintos estudios de criminalística no han demostrado que aumentando las penas se disminuye la cantidad de delitos. Pero es interesante en este punto destacar que muchos creen que la seguridad se consigue castigando y no previniendo. Como postule en mi libro “La seguridad desde la óptica de las instituciones” el castigo de un delito supone que el delito se cometió y por lo tanto ya se produjo un daño. Se puede agregar que la tasa de esclarecimiento y condena de delitos no supera el 10%, así que prometer un castigo cuya probabilidad de aplicación es menor a 0.1, no tiene mayor impacto en la población de delincuentes. Además, en la sicología del delincuente debe considerarse que este supone que podrá delinquir sin ser descubierto y condenado (lo que las estadísticas demuestran) y por ello no es la pena lo que puede hacerlo desistir.            
También se habla de terminar con “la puerta giratoria” por la que muchos delincuentes son liberados luego de ser capturados. Es interesante que nadie apunte al análisis de por qué se produce la excarcelación de los delincuentes detenidos, si es por incumplimiento de los procedimientos legales o por inconsistencia de la prueba, esto nos remite a la preparación del personal policial y de la fiscalía, que tipo de formación y capacitación poseen los cuadros policiales, que formación específica poseen los fiscales, cuántos de ellos tienen estudios de criminalística. Hablar de jueces garantistas puede hacerse si se puede afirmar a ciencia cierta que la investigación y acusación de un delito se realizó por personal idóneo que cumplió con todos los requerimientos necesarios para que el presunto delincuente sea condenado (nuevamente la estadística pone esto en duda).
El problema de la imputabilidad de los menores pone en evidencia el desconocimiento de la realidad de quienes proponen políticas de prevención del delito (no las llamemos políticas de seguridad, porque no lo son, la seguridad tiene una dimensión mucho mayor). La delincuencia juvenil pone en evidencia un problema social de marginación, falta de educación, problemas sociales y económicos; por ello se busca proponer una solución fácil que conforma a la mentalidad pacata de muchos “preocupados” por la inseguridad, encarcelando al delincuente juvenil o proponer dejarlo libre dada su condición de menor: De lo poco que coincido con el Dr. Zaffaroni es que para condenar a un menor se lo debe juzgar antes con los mismo derechos que a un adulto, liberarlo o condenarlo sin juicio supone prejuzgamiento, suprimiendo así el derecho a la inocencia hasta que se demuestre lo contrario. Pero antes de optar por una de las propuestas se debería contar con instituciones que garanticen el cumplimiento de la condena y su reinserción, la asistencia a adicciones, la ayuda social a familias por problemas (no darle plata, sino educación, salud y condiciones de desarrollo). Hasta tanto un estado que no puede darle la contención a un menor para que este pueda desarrollarse como persona, no puede ponerlo preso.
Las cámaras de seguridad han solucionado varios problemas, el de los vendedores de cámaras en primer lugar, pero no el de la población, las cámaras por si mismas no garantizan nada, solo el registro de los hechos. Se han producido innumerables hechos de inseguridad con la presencia de las cámaras que no se han podido prevenir. Lo cierto es que un manejo inteligente de la tecnología sigue ausente de las propuestas políticas.
Podemos citar otras “perlitas”: un gobierno preocupado por la inseguridad que sub ejecuta el presupuesto de seguridad, señalar que existen cuatro mil delincuentes sin indicar como se obtuvo esa cifra (¿acaso le pidieron al INDEC que investigara?), utilizar gendarmes y prefectos para tareas de vigilancia en zonas donde supuestamente funcionan cámaras de seguridad, forzar la formación de policías en plazos mucho menores que los necesarios para una capacitación eficaz, preocuparse por policías con parte médico y no por el estado físico y la sobrecarga de horas “extras” que cumplen policías asignados a funciones operativas, y se podría seguir enumerando.
Como conclusión podemos verificar que existen “mentiras evidentes” en el tema de seguridad, la pregunta que surge es ¿hasta cuándo seguirán improvisando?

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