lunes, 24 de marzo de 2025

Crónica de un inundado, primera parte

El viernes 7 de marzo en Bahía Blanca no comenzó como un día cualquiera, el alerta meteorológica del SMN hizo que las autoridades municipales suspendieran las actividades, algo que a muchos les salvaría las vida. Como la mayoría de los bahienses acostumbrados a alertas incumplidas, pero ya escaldados por la “turbonada” del 2023 y una pedrada de dimensiones regulares (tirando a grandes), la mayoría reduje mis actividades y me dispuse a desayunar con mi esposa en medio de una lluvia muy intensa, 200 mm hasta ese momento. Como suele suceder con lluvias intensas empezaron a aparecer algunas goteras, nos obligó a interrumpir los mates y ocuparnos de correr algunos muebles y poner los infaltables “tachitos para que no se junte mucha agua”. La radio que escuchábamos en ese momento alertaba que el canal derivador Maldonado amenazaba con desbordar, el agua en la calle ya cubría la vereda. En la radio avisaban que se desbordaba el Maldonado y todo el sector vecino a él comenzaba a inundarse, en ese momento el agua la estaba cerca de del umbral de nuestra casa que está a 70 cm por sobre el nivel de la vereda. Ante la inminente entrada de agua, que suponíamos no superaría los 20 o 30 cm, intentamos cubrir las puertas con sabanas y toallas para minimizar la fuerza del agua y evitar la entrada de lodo. Pero en unos breves minutos el agua superó los 30 cm que preveíamos y tuvimos que irnos de la planta baja de la casa a la planta alta donde tenemos un  lugar de trabajo lo que nos evitó enfrentar los riesgos de exponernos al aumento del nivel del agua que en instantes alcanzó el metro de altura en el interior de la planta baja. Tuvimos suerte de tener un lugar seguro donde estar y con la carga de los celulares alcanzamos a comunicarnos antes de que estos dejaran de funcionar. Desde las ventanas de la planta alta veíamos el agua que arrastraba autos, muebles y todo tipo de objetos a partir del mediodía el agua comenzó a bajar lentamente y recién sobre las 19 pudimos ver que el agua se retiraba de nuestra casa. Desde ese momento hasta este momento donde escribo estas líneas, dos semanas después, todo fue limpiar, tirar muebles, ropa, electrodomésticos y comenzar con las tareas de hacer habitable la casa que nos cobijó por mas de 30 años, tarea que nos demandará no menos de dos meses.
Lo que nos pasó y que traté de describir en el párrafo anterior, no es nada frente a lo que sufrieron otras personas que no tenían un lugar seguro donde refugiarse y que vieron peligrar sus vidas al tratar de ponerse a salvo, de hecho hubo 16 victimas fatales que no fueron mas por el feriado que se decretó desde el municipio.
Tomando ese hecho como punto de partida hacia atrás y hacia adelante, podemos decir mucho sobre lo que se hizo, lo que no y lo que habría que hacer, pero antes que nada tengo que resaltar la solidaridad de las personas durante y después de la inundación, hubo quienes arriesgaron sus vidas para salvar a otras personas en riesgo, personas que salieron a socorrer y ayudar a otros con comida, colchones, ropa y ayuda para limpiar el barro de las viviendas. Pero también hubo falencias que son producto de políticas cortoplacistas, indolencia de funcionarios de segunda y tercera línea que ni están a la altura de los cargos que desempeñan.
Para esta primer crónica quiero dejar una idea que es la base sobre lo que debería hacerse, porque no hay una planificación territorial que maneje una catástrofe, suele haber una planificación de un sistema de emergencias basado en algunos riesgos potenciales evidentes. La principal diferencia entre catástrofe y emergencia, es que en esta última los recursos disponibles son suficientes o están en el orden de lo necesario para asistir y controlar un evento; pero una catástrofe supone que los recursos disponibles desde la autoridad a cargo no alcanzan para lo mínimo necesario. Esto supone que un sistema de control de una catástrofe debe utilizar todos los recursos que no pertenecen a la orbita de la autoridad territorial, tampoco alcanza crear organismos en esferas provinciales o nacionales, ya que los recursos necesarios para atender la urgencias que supone una catástrofe solo pueden surgir del territorio. Este sistema debe integrar los recursos disponibles del estado en todos los niveles, el municipal, provincial y nacional, debe coordinar las sociedades civiles, las empresas privadas que tengan capacidad de participar, los voluntarios que se ofrezcan y mantener un sistema de capacitación e información en la sociedad sobre como actuar en caso de catástrofes; en síntesis a una catástrofe solo se la puede enfrentar con un plan, coordinación y preparación. Si alguien dice que no es necesario que se retrotraiga a 2022 y vea lo que paso hasta hoy.     

                           

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