sábado, 12 de diciembre de 2009

Hablemos en serio de Seguridad




  • Sobre la seguridad hay dos posturas claras, la primera postura surge del pensamiento pseudo progresista, que considera a la delincuencia como producto de la exclusión social y que como responsables de ellos la sociedad debe cargar con la delincuencia como un estigma hasta que desaparezcan las desigualdades sociales y la delincuencia con ellas. La otra postura, surgida del conservadurismo burgués, supone que la delincuencia es producto de una decisión personal de un sector social marginal, que acuciados por la pobreza y la droga, y producto de la disgregación familiar y la “perdida de valores morales” cometen actos de delincuencia que al no ser debidamente castigados, incentivan el aumento de los hechos.
    Ambas posturas, y aquellas más o menos parecidas, tienen algo de verdad y algo de hipocresía. La primera ignora que el camino de la delincuencia y al droga, llevan a la persona a su autodestrucción y a una marginación cada ves mayor, pudiendo ser esta un fenómeno social de consideración si la dispersión actual de la mayoría de marginales que han incurrido en el delito y la drogadicción se convirtiera en concentración social, estaríamos en presencia del fenómeno de delincuencia y violencia extrema que ya se ha desarrollado en otros países centroamericanos. Para los que quieran ver a que podríamos enfrentarnos en un futuro, les recomiendo ver el documental “La Vida Loca”, donde se cuenta la historia de las pandillas centroamericanas conocidas como “Maras”.
    La segunda postura, ignora el hecho que no puede separarse a la condición social de exclusión, de la generación de delincuencia, no porque la relación sea directa, sino porque genera las condiciones sociales para la delincuencia, como es la desaparición de lazos familiares, la perdida del control parental de los hijos, la droga como medio individual de evasión y muchísimos otros factores que llevan a que una persona delinca. También ignora que la situación actual de la policía impide que esta desarrolle un accionar eficaz (ver mi nota anterior sobre la policía: http://opinionpoliticaargentina.blogspot.com/2009/11/maldita-policia.html), que se carece de un sistema carcelario con capacidad de prevenir la reincidencia en el delito y que se carece de una estructura judicial ágil, que resuelva rápidamente los casos llevados a juicio.
    Ambas posturas no profundizan en el abandono que ha hecho del estado de muchas de sus funciones, careciendo actualmente de políticas universales de promoción social, de garantía de la educación, de acceso a la salud (hay que recordar que tener agua potable influye en al salud mas que un hospital mas o menos), de prevención de la violencia familiar, de tratamiento de las adicciones, de garantías personales (integridad, propiedad, entre otras), acceso la trabajo digno y muchas otras que de estar vigentes, no se generarían las condiciones de exclusión y marginalidad que promueven la drogadicción y el delito. No se puede hablar de seguridad sin un plan integral que cuente con los medios de recuperar a aquellas personas en riesgo social, pues si esto no se soluciona, podríamos encarcelar hoy a todos los delincuentes y mañana surgirían nuevos creados por esas condiciones de marginación social, esto es quizás lo mas racional que puedo extraer de la primer postura.
    Más aún, si se pudiera solucionar la situación de marginalidad social (no cuesta nada imaginarlo), siempre existirá quien se convierte voluntariamente en delincuente, lo que surge de la crónica de países con un alto grado de integración social, que exhiben índices significativos de delincuencia. Por lo que no puede creerse que la delincuencia desaparecerá al solucionarse los problemas de marginalidad social y es a partir de este supuesto que debe construirse un plan de seguridad que garantice la respuesta del estado como garante de la integridad y los bienes de los ciudadanos.
    Este plan de seguridad debe acordarse en sus objetivos, mediante acuerdos políticos, lo mismo que las grandes estrategias, de modo que la alternancia de vida democrática, no altere el sistema de seguridad para los que deben brindarla y para el resto de la sociedad. El plan de seguridad una vez definido en sus objetivos y estrategias básicas, debe ejecutarse a nivel táctico por grupos de especialistas interdisciplinarios, sin participación de funcionarios policiales o judiciales, ya que los primeros pertenecen a un cuerpo subordinado cuya misión es cumplir las directivas emanadas del poder político para garantizar la seguridad y los segundos intervienen en una instancia distinta a la garantía de la seguridad, cuando se violan las leyes que la garantizan y de allí que no tengan competencia en la instrumentación de las estrategias específicas y las tácticas que garanticen la seguridad.
    Muchas de las fallas que se originan en la actualidad se deben a aspectos ya señalados en esta y otras notas del tema, las que reitero para mayor comprensión:
    - La seguridad no puede proveerse mediante la represión del delito, o peor aún desde el autoritarismo policial.
    - Los funcionarios que intervengan deben tener competencia profesional en las disciplinas que hacen a la seguridad (un funcionario judicial carece de formación en Recursos Humanos, Logística y Tecnología, componentes básicos de cualquier sistema de seguridad que quiera llevarse a cabo seriamente).
    - La policía debe reconvertirse, a partir de una reconversión de su estructura organizacional, con cambios que incluyan la no existencia de concentración de poder en personas individuales, la garantía de un salario digno y condiciones laborales acordes a la función que desempeñan, capacitación y entrenamiento continuo, redefinición de las distintas especialidades, etc.
    - Se requiere la instrumentación sistemática de metodologías de estudio y trabajo en seguridad pública.
    - Se requiere la implementación de redes sociales que intervengan en la problemática de la seguridad, coordinadas y dirigidas desde el estado.
    - Se requiere utilizar la tecnología como un auxiliar de los medios existentes para garantizar la seguridad y no como reemplazo de ellos.

    A partir de estas premisas se puede comenzar a trabajar en serio en seguridad, sino sumaremos remiendos a un saco al que no le caben más, y el riesgo de que los actuales problemas alcancen proporciones inimaginables está mas cercano de los que la mayoría cree, Dios nos ampare, porque nuestro estado no puede.

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